Madrigueras amaneció este sábado siendo un pueblo distinto al que era apenas unas horas antes. La luz del día permitió contemplar en toda su dimensión aquello que la oscuridad de la noche apenas había dejado entrever: calles cubiertas por una gruesa capa de barro, coches amontonados después de haber sido arrastrados por la corriente, viviendas y comercios completamente anegados, muebles y enseres desperdigados, edificios públicos afectados y construcciones incapaces de soportar la fuerza del agua. Donde el viernes por la tarde habían corrido auténticos ríos, este sábado quedaban las cicatrices de una riada que ha golpeado con una violencia extraordinaria a esta localidad de La Manchuela albaceteña.
Desde primera hora de la mañana, El Digital de Albacete ha recorrido las calles de Madrigueras y ha podido comprobar sobre el terreno una destrucción que resulta difícil abarcar de una sola mirada. Los vecinos abrían las puertas de sus casas para sacar barro, muebles, electrodomésticos y objetos destrozados; los comerciantes trataban de averiguar qué podían salvar después de ver sus negocios cubiertos de agua y lodo; los servicios de emergencia continuaban achicando garajes y bajos, retirando vehículos y despejando calles, mientras la maquinaria comenzaba a ocupar aquellos puntos en los que horas antes apenas era posible entrar.

Entre todos esos daños hay, sin embargo, uno que no admite reparación posible. La riada se cobró la vida de Laura, una mujer de 102 años que se encontraba en su vivienda, situada en una planta baja, cuando el agua alcanzó el inmueble. Su muerte es la consecuencia más grave de unas horas que Madrigueras difícilmente olvidará y que este sábado han dejado también una de las escenas que mejor explican hasta qué punto la tragedia ha atravesado al municipio.

El alcalde no pudo contener las lágrimas al recordar a su tía Laura
El alcalde de Madrigueras, Juan Carlos Talavera, comparecía ante los medios después de una noche prácticamente en vela y tras recorrer un municipio profundamente castigado. “Buenos días, lo primero, por decir algo”, comenzaba antes de intentar describir la magnitud de lo sucedido. El regidor reconocía que Madrigueras conoce históricamente el paso del agua por determinadas zonas, pero insistía en que nadie esperaba una situación de semejante dimensión. Después de contemplar los daños, su conclusión fue tan sencilla como rotunda: “Madrigueras está destrozado”.

Talavera agradeció el trabajo que desde la tarde anterior estaban realizando los vecinos, los servicios de emergencia y las diferentes administraciones, pero su intervención cambió por completo cuando tuvo que referirse a la víctima mortal. Laura no era solamente una vecina de Madrigueras de 102 años. Era también su tía. “Hay una fallecida, que es una tía mía, precisamente, y la verdad es que se me caen las lágrimas”, consiguió pronunciar antes de quebrarse ante los medios. “No puedo hablar más. Lo siento”, añadió cuando la emoción le impidió continuar.

Ese momento condensó buena parte de lo que vive Madrigueras desde la tarde del viernes. Detrás de las cifras de precipitación, de los balances de rescates, de los vehículos destrozados y de las toneladas de barro hay familias que han visto entrar el agua en sus casas en cuestión de minutos y vecinos que todavía intentan asimilar lo ocurrido. El propio alcalde tuvo que pasar, en apenas unas horas, de coordinar una emergencia en su municipio a afrontar una pérdida dentro de su propia familia.

Una tarde que pasó de la amenaza de tormenta a una riada devastadora
La secuencia de lo sucedido ayuda a comprender la velocidad con la que cambió la situación. La Agencia Estatal de Meteorología había situado inicialmente la zona bajo aviso amarillo por lluvias, con una precipitación prevista de 20 litros por metro cuadrado en una hora. Durante la jornada del viernes las previsiones fueron empeorando y AEMET elevó posteriormente el aviso a nivel naranja en La Mancha albaceteña, estableciendo un umbral de 30 litros por metro cuadrado en una hora.

Ese aviso naranja entró en vigor a las 17:00 horas y fue difundido por el Ayuntamiento de Madrigueras a las 17:43. Apenas media hora después, alrededor de las 18:15 horas, comenzó la fase más grave de un episodio meteorológico que terminaría dejando una acumulación de 142 litros por metro cuadrado y transformando en muy poco tiempo numerosas calles del municipio en auténticos cauces.

La diferencia entre las cantidades previstas inicialmente y lo que finalmente terminó ocurriendo fue enorme, aunque los umbrales de los avisos meteorológicos se refieren a cantidades acumuladas durante periodos concretos y no al total de todo el episodio. Aun así, el registro final permite comprender la excepcional cantidad de agua que recibió la zona y la rapidez con la que una tarde de tormentas terminó derivando en una emergencia de grandes proporciones.

Sin embargo, la explicación de lo ocurrido no está únicamente en el agua que cayó directamente sobre las calles de Madrigueras. La propia configuración del terreno agravó considerablemente la situación. El municipio se encuentra a menor cota que buena parte del territorio que lo rodea y, cuando la lluvia comenzó a acumularse en zonas más elevadas, enormes cantidades de agua buscaron salida a través de ramblas, cañadas y cauces naturales en dirección hacia el casco urbano.

De esta manera, el problema continuó incluso cuando la precipitación directa comenzó a perder intensidad. Mientras muchas calles, viviendas y comercios ya estaban afectados, nuevas aportaciones de agua procedentes del entorno fueron alcanzando Madrigueras y alimentando unas corrientes que atravesaron diferentes puntos de la localidad con una fuerza extraordinaria. Esa circunstancia explica que durante horas la situación continuara siendo peligrosa y que los servicios de emergencia mantuvieran la vigilancia incluso después de que pasara lo peor de la tormenta.

La calle Tarazona se convirtió en uno de los grandes corredores del agua
Uno de los lugares donde esa fuerza se manifestó con mayor crudeza fue la calle Tarazona. Durante la tarde del viernes, esta vía se convirtió prácticamente en un río por el que descendían enormes cantidades de agua hacia el centro de Madrigueras. La corriente alcanzó una velocidad y una profundidad capaces de desplazar vehículos, penetrar violentamente en los inmuebles y provocar importantes daños en las construcciones situadas a su paso.

Cuando El Digital de Albacete regresó a la zona este sábado por la mañana, el escenario era completamente diferente pero permitía reconstruir lo que había ocurrido. La calzada estaba cubierta de barro y restos, algunos vehículos permanecían desplazados de los lugares donde habían sido estacionados y una antigua bodega situada en esta calle había quedado derruida. Los desperfectos en las fachadas y plantas bajas muestran la violencia con la que el agua recorrió una de las zonas más castigadas de todo el municipio.

La fuerza de la corriente fue suficiente para mover coches como si fueran objetos mucho más ligeros. Durante las horas más críticas pudieron verse vehículos flotando o siendo arrastrados sin control, mientras que con la retirada del agua comenzaron a aparecer coches cruzados en las calles, golpeados contra otros vehículos o acumulados en los puntos hacia los que los llevó la riada. El alcalde explicaba este sábado que durante la madrugada ya habían sido retirados alrededor de medio centenar, aunque el número total de vehículos afectados es superior y todavía tendrá que determinarse el alcance económico de los daños.

Cerca de 90 personas tuvieron que ser rescatadas durante las horas más críticas
Mientras el agua avanzaba por las calles, la principal preocupación pasó inmediatamente a ser la seguridad de las personas. La rapidez con la que subió el nivel sorprendió a numerosos vecinos dentro de viviendas, establecimientos, garajes y otros inmuebles, obligando a desplegar durante la tarde y las primeras horas de la noche un importante dispositivo de emergencia. El balance global se aproxima a los 90 rescates, realizados en diferentes puntos de Madrigueras mientras continuaban llegando peticiones de ayuda.

Solo el Servicio Especial de Prevención y Extinción de Incendios de la Diputación de Albacete realizó durante el viernes 31 rescates y 54 achiques. El SEPEI llegó a desplegar a 25 efectivos pertenecientes a los parques de La Roda, Casas Ibáñez, Villarrobledo y Almansa, además de la Unidad de Rescate Acuático desplazada desde Hellín, un suboficial para reforzar la Central y el jefe del Servicio. En total se movilizaron tres camiones y cinco vehículos ligeros para responder a las numerosas emergencias que iban produciéndose prácticamente al mismo tiempo.

A este operativo se fueron incorporando Bomberos del Ayuntamiento de Albacete, Guardia Civil, Protección Civil, Policía Local, Cruz Roja, efectivos de GEACAM y recursos procedentes de diferentes municipios. Las agrupaciones y servicios llegados desde localidades del entorno permitieron reforzar unas tareas que durante buena parte de la tarde y de la noche estuvieron dirigidas fundamentalmente a localizar a personas en peligro, sacarlas de los inmuebles alcanzados por el agua y atender las numerosas incidencias que se multiplicaban por todo el casco urbano.

La gravedad de la situación llevó al Gobierno de Castilla-La Mancha a elevar el METEOCAM en la provincia de Albacete a Fase de Emergencia, Situación Operativa 1. También se constituyó un Puesto de Mando Avanzado a las afueras de Madrigueras para centralizar la información y coordinar a los numerosos recursos desplazados a la localidad.
La riada fue capaz incluso de arrastrar un camión de Bomberos
La intensidad de las corrientes no puso únicamente en peligro a quienes se encontraban en sus viviendas. Los propios equipos que trataban de llegar hasta Madrigueras tuvieron que enfrentarse a una situación extremadamente complicada. Uno de los episodios que mejor permite comprender la violencia del agua ocurrió con un camión del Servicio Contra Incendios del Ayuntamiento de Albacete desplazado hasta la zona para participar en las labores de emergencia.

El vehículo fue alcanzado y arrastrado por la corriente en las inmediaciones de una rambla. El caudal continuaba creciendo y durante las primeras horas resultó imposible acceder hasta el camión con seguridad, aunque los bomberos que viajaban en él no sufrieron daños personales. El incidente demostró hasta qué punto algunos cauces se habían convertido en zonas absolutamente intransitables incluso para vehículos de emergencia de grandes dimensiones.

La situación de las carreteras terminó agravando el aislamiento del municipio. Durante las horas más difíciles quedaron cortados al tráfico los accesos a Madrigueras por la CM-316, la CM-3222 y la AB-105, lo que impidió regresar a casa a numerosos vecinos que se encontraban fuera de la localidad cuando comenzó la riada y complicó todavía más el acceso de medios hasta determinadas zonas.

La solidaridad de los municipios vecinos apareció inmediatamente. En Motilleja, el Ayuntamiento abrió el salón de actos de la Casa de la Cultura para recibir a vecinos de Madrigueras que no podían regresar debido al corte de los accesos. Entre ellos había familias con menores que permanecieron allí resguardadas, recibiendo comida y bebida mientras esperaban que la situación permitiera volver a sus hogares.

Una ventana rota con la mano para escapar de una papelería inundada
Las grandes cifras de la emergencia se comprenden mejor cuando se entra en los negocios y las casas afectados. En la papelería y librería El Estudiante, El Digital de Albacete pudo comprobar este sábado hasta dónde llegó el agua y escuchar de sus propietarios cómo vivieron unos minutos en los que tuvieron que pasar de observar la riada desde detrás del escaparate a buscar desesperadamente una salida.

Abilio recuerda cómo durante la tarde del viernes veían pasar ante el negocio una enorme corriente que poco después comenzó a entrar en el establecimiento. El nivel del agua subió con rapidez, inundó el local y convirtió en peligrosa la salida habitual. Ante la imposibilidad de abandonar el establecimiento con normalidad, su mujer tuvo que romper una ventana con la mano para poder escapar y alcanzar un lugar seguro. Este sábado todavía conservaba las heridas sufridas durante aquella huida.

Al regresar por la mañana, el negocio mostraba las consecuencias de la inundación. Libros, material de papelería, mobiliario y numerosos enseres estaban empapados, cubiertos de barro o desplazados por la corriente, que también penetró en la vivienda anexa. En algunos puntos el agua superó el metro de altura y dejó en las paredes una línea perfectamente visible. Esa marca permite medir físicamente hasta dónde llegó la riada, aunque para quienes tuvieron que escapar del agua será mucho más difícil medir cuánto tardará en desaparecer el recuerdo de aquellos minutos.

Escenas semejantes se repiten por toda la localidad. Desde primera hora del sábado pueden verse muebles en las aceras, electrodomésticos cubiertos de barro y vecinos entrando y saliendo de bajos y garajes con palas, cubos, cepillos y mangueras. Muchos todavía no saben cuánto han perdido porque la prioridad continúa siendo sacar el agua y el lodo antes de poder detenerse a comprobar qué objetos o mercancías pueden recuperarse.

La iglesia de San Pedro y San Pablo soportó más de un metro de agua
La Iglesia Parroquial de San Pedro y San Pablo es otro de los lugares donde la riada ha dejado una huella especialmente visible. Su ubicación la situó directamente ante la enorme corriente que descendía desde la calle Tarazona y el edificio terminó ejerciendo prácticamente como un dique frente a la masa de agua que avanzaba hacia el centro de Madrigueras.

La presión fue tan elevada que una de las puertas del templo terminó arrancada y el agua entró violentamente en el interior. En algunos puntos superó el metro de altura, desplazó los bancos y extendió una gruesa capa de barro y restos por buena parte de la iglesia. Las paredes conservan este sábado las señales de hasta dónde llegó la inundación, que alcanzó también la zona del altar.

El párroco, Antonio Carrascosa, comprobaba durante la mañana el estado en el que ha quedado el edificio y los numerosos daños producidos por la entrada del agua. Todavía será necesario revisar con detenimiento las tallas y otros elementos de valor religioso y artístico existentes en el interior para determinar si también han resultado dañados y en qué medida.

El Centro de Salud de Madrigueras tampoco pudo escapar de la riada y quedó anegado, por lo que la asistencia sanitaria ha tenido que trasladarse temporalmente a las dependencias de Cruz Roja. Los daños alcanzaron igualmente otros edificios e instalaciones de la localidad y obligarán a realizar durante los próximos días una evaluación mucho más detallada de las consecuencias del temporal.

De la noche de los rescates a una mañana dedicada a recuperar el pueblo
La llegada del sábado permitió cambiar progresivamente las prioridades del operativo. Durante las horas más peligrosas todos los esfuerzos habían estado dirigidos a rescatar a quienes habían quedado atrapados y a responder a las situaciones que podían poner en riesgo vidas, pero con el descenso del agua el trabajo pasó poco a poco a concentrarse en los achiques, la retirada de vehículos, la limpieza del alcantarillado y la recuperación de las calles.

La Diputación de Albacete mantiene este sábado efectivos del SEPEI sobre el terreno, aunque el dispositivo se ha adaptado a esta nueva fase. Permanece la dotación de Casas Ibáñez junto al jefe del Servicio, con seis bomberos en total, mientras todavía se actúa en algunos garajes pendientes de achique. Paralelamente, se han incorporado personal y un camión para la limpieza del alcantarillado, una máquina mini excavadora y un camión de carga del Parque Móvil Provincial.

El trabajo tampoco se limita a lo que puede observarse desde las propias calles. La Guardia Civil está utilizando un dron para sobrevolar Madrigueras e identificar desde el aire los puntos en los que es necesario intervenir. Las imágenes llegan en tiempo real hasta el Puesto de Mando Avanzado, desde donde pueden observarse zonas de difícil acceso, comprobar el estado de calles y cauces y facilitar información a las unidades desplegadas sobre el terreno.

A la maquinaria y a los servicios públicos se ha sumado desde el primer momento la respuesta de los propios vecinos. Madrigueras se ha convertido este sábado en un enorme escenario de limpieza en el que particulares y profesionales trabajan prácticamente puerta con puerta. En muchas calles resulta difícil distinguir dónde termina la intervención de los servicios de emergencia y dónde comienza el esfuerzo de quienes simplemente han salido de sus casas para ayudar a familiares, amigos o vecinos.

La magnitud de los daños llevará a pedir la declaración de zona catastrófica
Con la fase más crítica de la emergencia superada, comienza también el recorrido administrativo para intentar afrontar el coste económico de la riada. El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, desplazado este sábado hasta Madrigueras, ha anunciado que el Gobierno regional tiene previsto solicitar el martes la declaración de zona catastrófica, en su actual denominación, con el objetivo de facilitar el acceso a fondos estatales destinados a resarcir los daños.

García-Page ha puesto el foco especialmente en las pérdidas sufridas por los particulares y en el elevado número de vehículos afectados por la corriente. El presidente regional ha defendido además la colaboración entre las distintas administraciones y ha señalado como prioridad inmediata acelerar los trabajos para recuperar cuanto antes los servicios e instalaciones de Madrigueras.

Entre los objetivos se encuentra también conseguir que la actividad educativa pueda desarrollarse con normalidad el lunes si las condiciones lo permiten. Para ello será necesario completar los trabajos de limpieza y recuperar los accesos a los centros, mientras en paralelo se mantiene provisionalmente la atención sanitaria en las dependencias de Cruz Roja debido a los daños sufridos por el Centro de Salud.
Sabrido defiende la actuación de AEMET pese a que la lluvia superó ampliamente lo previsto
La extraordinaria evolución meteorológica de la tarde del viernes ha situado también en el centro del debate los avisos emitidos antes de la riada. El delegado del Gobierno de España en Castilla-La Mancha, José Pablo Sabrido, ha defendido este sábado durante su visita a Madrigueras la actuación de la Agencia Estatal de Meteorología y ha rechazado que pueda hablarse de un fallo pese a la enorme diferencia entre las cantidades previstas inicialmente y el volumen final de precipitación.

“Yo creo que no ha fallado nada, sinceramente”, señaló Sabrido al ser preguntado expresamente por esta cuestión. El delegado del Gobierno recordó que “la meteorología no es una ciencia exacta” y sostuvo que AEMET fue actualizando la información conforme evolucionaba un episodio que terminó adquiriendo una magnitud muy superior a la inicialmente esperada.

Sabrido también defendió la coordinación entre las administraciones durante la emergencia y reconoció la impresión causada por los daños después de recorrer Madrigueras. El representante del Gobierno calificó los destrozos de “absolutamente tremendos” y destacó que el agua consiguió penetrar en diferentes edificios y derribar elementos de gran peso, además de expresar su solidaridad con la familia de la mujer fallecida y con el conjunto de afectados.
Madrigueras empieza ahora a medir todo lo que se llevó el agua
La mañana avanza y el municipio sigue transformándose. Allí donde unas horas antes resultaba imposible permanecer por la violencia de la corriente, ahora trabajan excavadoras, camiones, bomberos, agentes, operarios y vecinos. Los coches van siendo retirados, las alcantarillas comienzan a liberarse, el barro sale poco a poco de las plantas bajas y las puertas permanecen abiertas para facilitar una limpieza que llevará todavía muchas horas.

Será después cuando pueda empezar a calcularse realmente el coste de la riada. Habrá que revisar viviendas y construcciones, cuantificar los vehículos afectados, evaluar los daños en comercios y edificios públicos y determinar qué parte de todo lo que quedó cubierto por el agua puede recuperarse. La antigua bodega derruida de la calle Tarazona, la puerta arrancada de la iglesia, los coches amontonados y los establecimientos cubiertos de lodo son solo algunas de las señales más visibles de una destrucción mucho más extensa.

Pero Madrigueras no ha esperado a conocer esa cifra para comenzar a levantarse. Desde primera hora, sus calles están llenas de personas retirando barro y ayudándose unas a otras después de una noche en la que alrededor de 90 vecinos tuvieron que ser rescatados y en la que los servicios de emergencia trabajaron sin descanso mientras el agua continuaba llegando desde las zonas más elevadas del entorno.

En medio de esa recuperación permanece la pérdida que ninguna máquina podrá reparar. Laura tenía 102 años y murió en su vivienda cuando la riada alcanzó la planta baja en la que se encontraba. Este sábado, cuando el alcalde Juan Carlos Talavera intentó explicar ante los medios lo que había sucedido en su pueblo, pudo hablar de los daños, agradecer la ayuda recibida y describir un municipio “destrozado”, pero no consiguió terminar cuando llegó hasta ella. Las lágrimas de su sobrino resumieron entonces una tragedia que Madrigueras afronta ahora entre el barro, el cansancio y un enorme esfuerzo colectivo por recuperar todo aquello que el agua todavía permite recuperar.
FOTOS | El día que el agua arrasó Madrigueras: 300 imágenes de una tragedia para no olvidar
/Fotos: Pilar Felipe y Javier Romero/





































































































































































