Muere Mónica Márquez, la pintora y psicóloga albaceteña que convirtió su vida en una lección de arte y perseverancia

La pintora y psicóloga albaceteña ha fallecido este lunes dejando tras de sí una historia marcada por la perseverancia, la sensibilidad y una forma de afrontar la vida que inspiró a quienes tuvieron la oportunidad de conocerla

Albacete despide este lunes a Mónica Márquez, pintora y psicóloga cuya historia estuvo marcada por el arte, la perseverancia y una extraordinaria capacidad para transmitir a los demás una forma luminosa de entender la vida. Mónica ha fallecido durante la mañana de este lunes y sus restos mortales se encuentran en el tanatorio de Vara de Rey, donde familiares, amigos y personas que compartieron con ella diferentes etapas de su vida pueden darle su último adiós.

Su muerte deja una profunda tristeza entre quienes la conocieron y admiraron, pero también un legado que permanece en sus cuadros, en su trayectoria como psicóloga y, especialmente, en el ejemplo que ofreció durante toda su vida. Mónica nunca quiso que su historia estuviera definida únicamente por las dificultades que tuvo que afrontar y siempre reivindicó todo aquello que había conseguido gracias a su esfuerzo, su talento y su enorme constancia.

El Digital de Albacete tuvo la oportunidad de contar su historia en 2018, cuando abrió las puertas de su particular universo artístico y mostró cómo la pintura se había convertido desde muy pequeña en una parte esencial de su vida. Mónica padecía osteogénesis imperfecta, una circunstancia que condicionaba la movilidad de sus extremidades, pero que nunca consiguió apartarla de sus sueños. Aprendió a pintar con la boca y convirtió el pincel en una herramienta con la que expresar emociones, recuerdos, paisajes y sentimientos.

Una pasión por la pintura que nació siendo una niña

Su acercamiento al arte comenzó casi como un juego. Mónica recordaba que, cuando era pequeña, utilizaba una pajita y agua para mojar una servilleta y descubrir en aquellas manchas formas que su imaginación transformaba en casas, pájaros o paisajes. Durante uno de sus ingresos en el Hospital General de Albacete, los voluntarios percibieron aquella inquietud y comenzaron a acercarle témperas, acuarelas y pinceles, iniciándose así una relación con la pintura que terminaría acompañándola durante prácticamente toda su vida.

Nacida en Albacete en 1991, Mónica fue desarrollando con los años una técnica y una sensibilidad propias. Desde 2005 estuvo vinculada como becaria a la Asociación de Pintores con la Boca y el Pie y fue dando forma a una obra en la que aparecían con frecuencia la naturaleza, los paisajes, el mar y también numerosos rincones de su ciudad.

La Plaza del Altozano, la Puerta de Hierros o el Parque Abelardo Sánchez fueron algunos de los lugares de Albacete que pasaron por sus pinceles. La ciudad en la que nació y creció quedó así reflejada en una obra que fue mostrándose en exposiciones y certámenes y que le permitió obtener diferentes reconocimientos a lo largo de los años.

Mónica explicaba que para ella pintar era una forma de exteriorizar aquello que llevaba dentro. Sus cuadros no eran únicamente el resultado de una técnica singular, sino también una manera de expresarse y de trasladar al lienzo una personalidad caracterizada por la sensibilidad, el optimismo y la búsqueda constante de nuevos retos.

La Psicología, otro de sus grandes sueños cumplidos

La pintura, sin embargo, fue solamente una parte de su trayectoria. Mónica decidió también estudiar Psicología y en 2016 terminó el grado en la UNED de Albacete, un camino en el que contó con el acompañamiento de su profesora universitaria y amiga, Marisol López, culminando así otra etapa que había requerido años de esfuerzo y constancia. Posteriormente formó parte del Colegio Oficial de Psicología de Castilla-La Mancha y convirtió su formación en otra vía desde la que comprender, acompañar y ayudar a los demás.

Su recorrido académico tampoco estuvo exento de obstáculos. Durante diferentes etapas contó con atención educativa hospitalaria y domiciliaria, pero Mónica volvió a demostrar que las dificultades podían condicionar el camino sin tener por qué decidir el destino. El título de Psicología fue para ella mucho más que un logro académico, porque representaba otro de aquellos sueños que se había propuesto alcanzar y que terminó convirtiendo en realidad.

Aquella filosofía de vida quedó reflejada de una manera especialmente emocionante en 2019, cuando recibió un reconocimiento del Consejo Municipal de la Discapacidad y Asociaciones Sociosanitarias de Albacete. Ante un Teatro Circo lleno, Mónica dejó una de las frases que mejor resumen su forma de entender su propia historia al asegurar que «mi historia no es triste, es una historia de ilusión y perseverancia».

Aquellas palabras explicaban mejor que cualquier otra cosa quién era Mónica Márquez. Nunca quiso despertar compasión ni ser recordada únicamente por los obstáculos que había encontrado, sino por todo aquello que había construido a pesar de ellos. Su mensaje hablaba de ilusión, trabajo, perseverancia y de la capacidad de continuar persiguiendo los propios sueños incluso cuando el camino resulta mucho más difícil de lo esperado.

Una mujer que inspiró y ayudó a los demás

Quienes compartieron tiempo con Mónica destacan también su carácter cercano y su sonrisa. Su profesora de pintura, Inmaculada Escribano, explicaba años atrás que Mónica siempre tenía una sonrisa, una descripción sencilla que con el paso del tiempo terminó convirtiéndose en uno de los rasgos que mejor recuerdan quienes tuvieron la suerte de conocerla.

A lo largo de su vida consiguió ser pintora, psicóloga, exponer sus obras, recibir reconocimientos y alcanzar metas que durante años había perseguido con una enorme determinación. Sin embargo, el mayor legado de Mónica quizá se encuentre en las personas a las que inspiró, en quienes encontraron fuerza escuchando su historia y en aquellos a quienes pudo ayudar desde su formación y desde su propia experiencia vital.

Su fallecimiento este lunes deja a Albacete sin una mujer que convirtió el arte y la Psicología en dos maneras diferentes de acercarse a los demás. También deja una obra que seguirá hablando por ella y una historia que merece permanecer en la memoria de una ciudad que tuvo la oportunidad de verla crecer, estudiar, pintar y cumplir muchos de sus sueños.

Mónica dijo una vez que su historia no era triste y seguramente esa sea también la mejor manera de afrontar hoy su recuerdo. La tristeza por su pérdida resulta inevitable, pero junto a ella queda todo cuanto fue capaz de construir, el cariño de las personas que la rodearon y el ejemplo de una mujer que nunca permitió que las dificultades eclipsaran sus ganas de vivir.

Para su familia, sus amigos y quienes compartieron camino con ella, Mónica Márquez es desde este lunes otro ángel que cuidará de los suyos desde el cielo, mientras que para Albacete permanecerá el recuerdo de aquella niña que comenzó descubriendo formas con agua sobre una servilleta y terminó convirtiendo sus sentimientos, sus sueños y su propia vida en arte.

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Llanos Esmeralda Garcia

Periodista natural de Albacete. Licenciada en Periodismo en la Universidad de Murcia y Diplomada en Trabajo Social por la Universidad de Murcia. Más de 15 años de experiencia en medios de comunicación, como La Verdad, CNC y El Pueblo de Albacete.
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