Riópar frenará la ruina de una histórica central hidroeléctrica dañada por las lluvias

Riópar actuará de urgencia sobre uno de los vestigios de su pasado industrial. La antigua central hidroeléctrica del Gollizo, cuyo deterioro se agravó considerablemente después de las lluvias del pasado mes de febrero, será sometida a una intervención para detener el proceso de ruina, reconstruir los muros más dañados y devolver una cubierta al edificio antes de que nuevos episodios meteorológicos continúen acelerando su degradación.

Los trabajos comenzarán asegurando las partes que todavía permanecen en pie y retirando de manera controlada tejas, maderas y fragmentos de muro que presentan riesgo de desprendimiento. Después se limpiará el interior, se repararán las coronaciones de los muros, se reconstruirán las zonas desplomadas y se levantará una nueva estructura de cubierta de madera tratada, sobre la que volverán a colocarse tejas cerámicas, reutilizando las antiguas que todavía se encuentren en condiciones adecuadas.

La obra ya tiene empresa. El Ayuntamiento ha adjudicado los trabajos a Decocallejas Soluciones Constructivas S.L., compañía con domicilio en Hellín, por 57.740,50 euros sin IVA y 69.866 euros con impuestos. El contrato había salido por 57.840,50 euros antes de IVA y 69.987 euros con impuestos, por lo que la rebaja final se limita a 121 euros.

Las lluvias aceleraron un deterioro que ya venía de atrás

La central del Gollizo llevaba tiempo en mal estado. Antes de las lluvias de febrero ya arrastraba problemas derivados de su antigüedad, la falta de mantenimiento, las filtraciones en las cubiertas y la degradación de muros y revestimientos, aunque todavía conservaba buena parte de su volumen y algunos de sus elementos más reconocibles.

La situación cambió después de las intensas precipitaciones. La comparación realizada entre fotografías de agosto de 2025 y marzo de 2026 muestra nuevos colapsos, desprendimientos, pérdida de cubierta, caída de partes de los muros y acumulación de escombros, un deterioro que los técnicos relacionan directamente con la entrada de agua y la saturación de unas fábricas que ya estaban debilitadas.

La cubierta es una de las partes más afectadas. Hay faldones hundidos, tejas desaparecidas, elementos estructurales que han caído al interior y zonas en las que prácticamente ha dejado de existir protección alguna frente a la lluvia, mientras que otros restos permanecen en equilibrio precario y pueden desprenderse con nuevos episodios de viento o precipitaciones.

El problema se ha trasladado también a los muros. La caída de la cubierta ha arrastrado algunos paños y ha dejado grietas, coronaciones rotas, piezas sueltas y morteros lavados por el agua, con especial preocupación en las esquinas, encuentros entre distintas partes del edificio y huecos de fachada.

Una cubierta nueva para romper el ciclo de deterioro

La prioridad será volver a proteger el edificio del agua. Los técnicos describen un círculo que se repite cada vez que llueve: entra agua por la cubierta desaparecida, aumenta la humedad, pierden estabilidad los muros y se producen nuevos desprendimientos, que a su vez dejan todavía más expuesto el interior.

Una vez estabilizadas las paredes se colocará una nueva estructura adaptada a la geometría original de los tejados. Estará realizada en madera tratada contra la humedad, los hongos y los xilófagos e incluirá los elementos de reparto, pares, correas, cabios o cerchas que resulten necesarios, además de herrajes, anclajes y refuerzos para recuperar los diferentes faldones.

Sobre esa estructura se instalará un tablero o entablado y una lámina impermeable y transpirable, además de los rastreles necesarios para recibir las tejas. El objetivo será recuperar la estanqueidad sin renunciar a la ventilación de la cubierta y resolver correctamente cumbreras, aleros y encuentros entre los distintos planos del tejado.

La nueva cobertura mantendrá además la imagen tradicional del edificio. Se utilizará teja cerámica curva y se seleccionarán las piezas antiguas que todavía puedan recuperarse, limpiándolas para volver a utilizarlas y completándolas con otras de características similares cuando sea necesario.

Muros reconstruidos con piezas del propio edificio

Antes de cerrar nuevamente la central habrá que reconstruir las paredes que han terminado cayendo o han quedado seriamente dañadas. Los trabajos respetarán la geometría existente y, siempre que resulte posible, volverán a emplear materiales recuperados del propio inmueble.

La actuación incluye la recuperación de paños desplomados y esquinas, el cosido de grietas, la reposición de material perdido, el rejuntado de las fábricas y la consolidación de jambas y dinteles. Las coronaciones de los muros serán previamente saneadas retirando morteros deteriorados y piezas sin adherencia, utilizando después soluciones compatibles con la construcción antigua y evitando materiales excesivamente rígidos.

También se protegerán de forma provisional los huecos que han perdido ventanas o cerramientos. Podrán utilizarse soluciones de madera, celosías o protecciones metálicas discretas para evitar la entrada de lluvia, animales o personas y reducir el riesgo de vandalismo mientras el inmueble permanece sin uso.

De central hidroeléctrica a patrimonio industrial de Riópar

El inmueble tiene una superficie construida de 200,33 metros cuadrados, repartida entre una planta baja de 168,74 metros y un sótano de 31,59, dentro de una parcela de 8.466 metros cuadrados. Tiene más de medio siglo de antigüedad y combinó originalmente los usos de central hidroeléctrica, vivienda y almacenes, aunque actualmente permanece sin actividad.

Su importancia va más allá del edificio en sí. La central forma parte del Bien de Interés Cultural del conjunto histórico de las Fábricas de Metales de Riópar, ligado a uno de los capítulos más singulares de la industrialización de la provincia de Albacete. A partir de 1939 llegaron a funcionar seis minicentrales hidráulicas vinculadas a estas fábricas, que permanecieron electrificadas hasta 1980.

El Gollizo fue uno de aquellos seis saltos. Aprovechaba el desnivel existente entre el caz y el valle mediante una turbina Pelton diseñada por el propio director y construida en los talleres de la fábrica, con cazos de bronce fundido, mientras que desde la central partía una línea sobre postes de madera y cables de cobre que llevaba la electricidad hasta la dirección y la factoría de San Juan.

El edificio conserva todavía en el sótano las instalaciones vinculadas a su antiguo funcionamiento hidroeléctrico. Su configuración en forma de L acogía además almacenes, cuadras y otras dependencias auxiliares relacionadas con la actividad industrial.

Más de 44.000 euros se concentran en recuperar el tejado

La cubierta absorberá la mayor parte del presupuesto de las obras. Solo la nueva estructura de madera está valorada en 18.720 euros, aproximadamente un tercio de la inversión, mientras que el soporte de cubierta con tablero, impermeabilización y rastreles alcanza otros 16.224 euros. La reposición de la teja supone 9.360 euros adicionales.

Entre las tres partidas suman 44.304 euros, más de tres cuartas partes del coste de ejecución previsto. El resto se reparte entre la reconstrucción de muros, apeos y estabilización, saneado de las fábricas, retirada de elementos peligrosos, limpieza de escombros, protección de huecos y gestión de residuos.

Diputación aportará 54.000 euros

El presupuesto de la actuación se financia principalmente con fondos de la Diputación de Albacete. La institución provincial aportará 54.000 euros, el 71,16%, mientras que el Ayuntamiento de Riópar asumirá los 15.987 euros restantes, equivalentes al 28,84%.

Decocallejas fue la única empresa que presentó oferta y obtuvo los 100 puntos previstos en un concurso en el que el precio era el único criterio de adjudicación. Su propuesta se quedó en 57.740,50 euros sin IVA, apenas cien euros por debajo del presupuesto sin impuestos fijado inicialmente.

La empresa dispondrá de dos meses para ejecutar las obras, que tendrán posteriormente un año de garantía. La intervención se centrará exclusivamente en frenar el deterioro, estabilizar la construcción y protegerla frente a nuevas lluvias, sin abordar todavía una rehabilitación integral ni la recuperación de un nuevo uso para la antigua central.

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Llanos Esmeralda Garcia

Periodista natural de Albacete. Licenciada en Periodismo en la Universidad de Murcia y Diplomada en Trabajo Social por la Universidad de Murcia. Más de 15 años de experiencia en medios de comunicación, como La Verdad, CNC y El Pueblo de Albacete.
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