Una sartén antiadherente puede pasar de cocinar prácticamente sin que nada se pegue a convertirse, en relativamente poco tiempo, en una superficie donde los alimentos empiezan a quedarse adheridos. Muchas veces se culpa directamente a la calidad del producto, pero la forma de utilizarlo y guardarlo tiene mucho que ver con su duración.
Uno de los errores más frecuentes es apilar unas sartenes encima de otras sin colocar ninguna protección entre ellas. El roce entre las bases y las superficies antiadherentes puede provocar pequeños arañazos que, con el uso continuado, terminan deteriorando el recubrimiento.
El problema puede estar dentro del armario
Guardar las sartenes apiladas permite ahorrar mucho espacio y es una práctica habitual en cocinas pequeñas. El inconveniente aparece cuando la base metálica de una queda directamente apoyada sobre el interior de la que se encuentra debajo.
Cada vez que se sacan o se vuelven a colocar, ambas superficies pueden rozarse. Quizá no aparezca una marca visible inmediatamente, pero la repetición constante acaba castigando el revestimiento.
Una solución sencilla consiste en colocar entre ellas un protector específico o, simplemente, algún elemento suave que evite el contacto directo. También pueden almacenarse verticalmente si se dispone de espacio suficiente.
Los utensilios también importan
Otro enemigo habitual de las sartenes antiadherentes son los utensilios metálicos. Tenedores, cuchillos, espátulas o cucharas de metal pueden rayar la superficie si entran en contacto con ella durante la preparación de los alimentos.
Los utensilios de madera, silicona u otros materiales compatibles con este tipo de recipientes resultan generalmente menos agresivos. En cualquier caso, conviene seguir siempre las recomendaciones indicadas por el fabricante de cada sartén.
Cortar directamente un alimento dentro de una sartén antiadherente con un cuchillo es una de las prácticas que más fácilmente puede dejar marcas permanentes.
Poner el fuego al máximo no siempre es buena idea
Calentar una sartén vacía durante demasiado tiempo y a una potencia muy elevada también puede perjudicarla. Los revestimientos antiadherentes están diseñados para cocinar dentro de determinadas condiciones de temperatura, y someterlos repetidamente a un calentamiento excesivo puede acelerar su degradación.
Para muchas preparaciones no es necesario utilizar siempre la máxima potencia del fuego. Un calentamiento progresivo y ajustado al alimento suele ser suficiente.
También conviene evitar dejar una sartén vacía sobre una placa encendida mientras se preparan otros ingredientes, una situación bastante habitual cuando se cocina con prisas.
El cambio brusco de temperatura tampoco ayuda
Terminar de cocinar y colocar inmediatamente una sartén muy caliente bajo un chorro de agua fría puede parecer la manera más rápida de empezar a limpiarla. Sin embargo, ese contraste térmico puede provocar deformaciones en algunos recipientes y perjudicar progresivamente sus materiales.
Esperar a que pierda buena parte de su temperatura antes de lavarla es una precaución sencilla. Además, facilita una limpieza menos agresiva.
No hace falta dejarla durante horas en el fregadero, pero sí evitar un cambio extremo entre una superficie recién retirada del fuego y agua muy fría.
Cuidado con los estropajos
Cuando queda algún resto de comida adherido, utilizar la parte más abrasiva del estropajo puede parecer la solución más rápida. En una superficie antiadherente, sin embargo, frotar con materiales demasiado agresivos puede acabar dañando precisamente el recubrimiento que se intenta conservar.
Agua, un producto de limpieza adecuado y una esponja suave suelen ser suficientes para el mantenimiento habitual. Si existe suciedad difícil de eliminar, es preferible dejar que se ablande antes que intentar arrancarla rascando con fuerza.
También es recomendable comprobar si el fabricante indica que la sartén puede introducirse en el lavavajillas, ya que no todos los productos requieren exactamente los mismos cuidados.
Cuando el recubrimiento empieza a deteriorarse
Con el paso del tiempo, todas las sartenes sufren desgaste. Si la superficie presenta daños importantes, desconchados o un deterioro evidente, conviene valorar su sustitución siguiendo las indicaciones del fabricante.
Pero una buena parte de ese desgaste puede retrasarse evitando algunos hábitos cotidianos. No utilizar objetos metálicos, controlar las temperaturas extremas y limpiar sin productos abrasivos son medidas sencillas.
Y hay una especialmente fácil de olvidar: antes de volver a amontonar todas las sartenes en el armario, conviene impedir que unas rocen directamente contra otras. Ese pequeño gesto puede ayudar a que el revestimiento permanezca en mejores condiciones durante más tiempo.


