El error que hace que tu casa huela a cerrado aunque limpies todos los días

Un detalle que suele pasar desapercibido puede estar detrás de ese olor que reaparece una y otra vez

Hay viviendas que están perfectamente limpias y, aun así, desprenden ese característico olor a cerrado al entrar después de varias horas fuera. No siempre tiene que ver con la falta de limpieza ni se soluciona utilizando más ambientador. En muchas ocasiones, el problema está en una ventilación insuficiente o mal aprovechada, especialmente durante los meses de verano.

Con las altas temperaturas es habitual mantener durante buena parte del día ventanas, persianas y puertas cerradas para impedir que entre el calor. La estrategia ayuda a conservar una temperatura más agradable, pero también puede provocar que determinados olores permanezcan atrapados durante horas en habitaciones, armarios y textiles.

El dormitorio suele ser uno de los puntos críticos

Durante la noche se acumulan humedad, calor y olores en el dormitorio. Si por la mañana se hace la cama inmediatamente y se cierra la habitación sin ventilar, todo ese ambiente puede permanecer durante buena parte del día.

Abrir las ventanas durante unos minutos cuando la temperatura exterior todavía es agradable permite renovar el aire sin necesidad de mantenerlas abiertas durante horas. En verano, hacerlo temprano puede resultar especialmente útil antes de volver a cerrar la vivienda para protegerla del calor.

También conviene dejar durante un tiempo la cama sin cubrir completamente después de levantarse. Sábanas, almohadas y colchones acumulan humedad durante la noche y necesitan airearse.

Las toallas pueden ser las culpables

El cuarto de baño es otro lugar donde puede aparecer fácilmente ese olor. Una toalla húmeda mal extendida, una alfombrilla que tarda demasiado en secarse o una cortina de ducha que permanece mojada durante horas pueden acabar transmitiendo olor al resto de la estancia.

El problema aumenta cuando el baño tiene poca ventilación. Aunque aparentemente todo esté limpio, la humedad retenida en tejidos y rincones puede hacer que el olor reaparezca poco después de haber limpiado.

Extender correctamente las toallas y facilitar que el baño pierda humedad después de cada ducha puede resultar mucho más efectivo que recurrir continuamente a ambientadores.

El cubo de la basura no siempre está realmente limpio

Vaciar la bolsa no significa necesariamente haber eliminado el origen del olor. Pequeñas pérdidas de líquidos o restos de alimentos pueden quedar en el fondo, en la tapa o alrededor del recipiente.

En verano, las temperaturas elevadas hacen que estos olores se intensifiquen con rapidez. Limpiar periódicamente el propio cubo, y no solamente cambiar la bolsa, evita uno de los focos más frecuentes de malos olores en la cocina.

Algo parecido ocurre con los recipientes destinados al reciclaje, especialmente aquellos en los que se depositan envases que han contenido leche, conservas, carne o pescado.

Atención a fregaderos y desagües

Cuando una vivienda permanece cerrada durante muchas horas, algunos olores pueden proceder también de fregaderos, lavabos o desagües. Los restos de alimentos y materia orgánica que quedan acumulados pueden convertirse en una fuente de olor difícil de identificar a primera vista.

Por eso, cuando el problema parece concentrarse en la cocina o el baño, merece la pena comprobar estos puntos antes de llenar la estancia de productos perfumados.

El ambientador puede ocultar temporalmente el olor, pero no elimina su causa.

Los textiles guardan más olores de los que parece

Sofás, cortinas, alfombras, cojines y ropa de cama tienen una enorme capacidad para retener olores. En viviendas donde se cocina con frecuencia, existen mascotas o se fuma, estos tejidos pueden mantenerlos durante mucho tiempo incluso aunque el suelo y los muebles estén recién limpiados.

Ventilarlos y mantener una limpieza periódica de los textiles suele tener más efecto sobre el olor general de la casa que utilizar grandes cantidades de perfume ambiental.

Los armarios tampoco deberían olvidarse. Mantenerlos permanentemente cerrados, especialmente si se guarda alguna prenda con algo de humedad, puede generar ese olor característico que después se transmite a toda la ropa.

El ambientador puede estar escondiendo el problema

Cuando aparece un mal olor, la respuesta más inmediata suele ser utilizar un espray, una vela aromática o un difusor. Puede mejorar momentáneamente la sensación al entrar en una habitación, pero si existe humedad, un textil mojado, basura acumulada o falta de renovación del aire, el olor volverá.

La solución suele estar en algo mucho más sencillo: ventilar en el momento adecuado, permitir que los tejidos se sequen completamente y revisar aquellos rincones donde la humedad y los restos orgánicos pueden pasar inadvertidos.

Porque una casa puede estar limpia y seguir oliendo a cerrado. Y, muchas veces, el problema no está en cuánto se limpia, sino en lo poco que dejamos respirar la vivienda.

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Llanos Esmeralda Garcia

Periodista natural de Albacete. Licenciada en Periodismo en la Universidad de Murcia y Diplomada en Trabajo Social por la Universidad de Murcia. Más de 15 años de experiencia en medios de comunicación, como La Verdad, CNC y El Pueblo de Albacete.
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