Pocas imágenes resultan tan veraniegas como una sandía recién cortada esperando en la cocina o un melón abierto después de la comida. Son dos de las frutas que más apetecen cuando aprieta el calor, pero también protagonizan un error doméstico especialmente frecuente: dejarlas durante demasiado tiempo fuera del frigorífico una vez que se han abierto.
Mientras la pieza permanece entera, la situación es muy diferente. El problema aparece después de pasar el cuchillo. La piel actúa como una protección natural y, al cortar la fruta, cualquier microorganismo presente en el exterior, en las manos, en el cuchillo o en la tabla puede alcanzar la pulpa que después se va a consumir.
Y ahí aparece un segundo ingrediente especialmente habitual en agosto: la temperatura.
Una sandía cortada ya no debe tratarse como una sandía entera
Una vez troceada o abierta, la recomendación es conservar la fruta refrigerada. No basta con cubrirla y dejarla sobre la encimera hasta la cena si van a pasar varias horas.
Bacterias como Salmonella, Listeria o determinadas cepas de Escherichia coli pueden contaminar frutas y verduras. Cuando una fruta se corta, estos microorganismos pueden llegar hasta la parte comestible y, si permanece a temperatura ambiente, encontrar condiciones favorables para multiplicarse.
Existe además un detalle que puede engañar al consumidor: una fruta contaminada no tiene necesariamente que oler mal, cambiar de color o presentar un aspecto extraño. De hecho, las autoridades sanitarias recuerdan que se ha observado crecimiento de Salmonella en melón cortado conservado a temperatura ambiente sin que necesariamente exista un deterioro visible que sirva de advertencia.
¿Y por qué hay medias sandías fuera de la nevera en algunas tiendas?
Es probablemente la pregunta que surge inmediatamente. Si hay que refrigerarla después de cortarla, ¿por qué es posible encontrar medios melones o medias sandías expuestos sin frío en algunos establecimientos?
La explicación está en las condiciones concretas permitidas para estas frutas de gran tamaño. Melones, sandías, papayas y piñas pueden mantenerse cortados por la mitad o en cuartos fuera de refrigeración durante un máximo de tres horas y siempre que la temperatura no supere los 25 grados. Después deben pasar a refrigeración.
La excepción, por tanto, no significa que una media sandía pueda permanecer toda una tarde sobre la mesa de casa. Al contrario. Una vez adquirida, la recomendación para el consumidor es llevarla al frigorífico.
El lavado que muchos se saltan
Hay otra costumbre que conviene revisar: cortar el melón o la sandía directamente porque la piel no se va a comer.
Precisamente el paso del cuchillo desde el exterior hacia la pulpa puede trasladar microorganismos. Por eso se aconseja lavar previamente la fruta aunque después vaya a pelarse o únicamente se vaya a consumir su interior. También deben estar limpias las manos, la tabla y el cuchillo utilizados.
Utilizar la misma tabla o los mismos utensilios que acaban de emplearse para manipular carne o pescado crudos aumenta además el riesgo de contaminación cruzada.
Cómo guardarla correctamente
Una vez abierta, lo más sencillo es también lo más efectivo: al frigorífico.
La fruta puede protegerse con film alimentario o introducirse en un recipiente cerrado. Además, conviene mantenerla separada de carnes, pescados y otros alimentos crudos y evitar que quede expuesta a posibles contaminaciones dentro de la propia nevera.
Lo mismo sirve para esos recipientes con sandía o melón ya troceados que se preparan por la mañana para tener fruta fresca durante todo el día. Hasta el momento de comerlos, deben permanecer refrigerados.
Un gesto aparentemente insignificante que cobra especial importancia en verano. Porque esa sandía fría que espera en la nevera no solo suele resultar bastante más apetecible cuando el termómetro aprieta: también está conservada de la forma adecuada.


