El error que muchos cometen al abrir las ventanas en verano y que puede convertir la casa en un horno

Con el calor apretando de nuevo en Albacete, ventilar a la hora equivocada puede tener justo el efecto contrario al que buscamos

Abrir las ventanas parece la reacción más lógica cuando el termómetro empieza a subir dentro de casa. En cuanto aparece esa sensación de habitación cargada, muchas personas levantan las persianas, abren de par en par y esperan que entre algo de aire. El problema es que, en pleno verano, ese gesto puede conseguir exactamente lo contrario: meter dentro de la vivienda el calor que hasta ese momento estaba fuera.

La cuestión cobra especial importancia estos días en Albacete. Este sábado 15 de agosto vuelve a estar marcado por las altas temperaturas, con una máxima prevista en torno a los 34 grados en la capital y registros todavía superiores en algunos puntos de la provincia. Y aunque las casas terminan calentándose después de varios días de temperaturas elevadas, hay una diferencia considerable entre dejar que el calor entre durante todo el día y utilizar las horas más frescas para intentar expulsarlo.

La regla más sencilla es también la que más veces se incumple: si fuera hace más calor que dentro, abrir las ventanas no refresca la vivienda. Durante las horas centrales del día, mantenerlas abiertas permite la entrada continua de aire caliente y hace más difícil conservar los grados ganados durante la noche.

El mejor momento para abrir las ventanas

En Albacete existe además una ventaja respecto a otros lugares de España: la diferencia entre las temperaturas diurnas y nocturnas suele permitir aprovechar determinadas horas para refrescar la vivienda. El momento más interesante llega durante la noche, la madrugada y las primeras horas de la mañana, especialmente cuando la temperatura exterior ya ha caído claramente por debajo de la que hay dentro de casa.

Es entonces cuando conviene abrir varias ventanas y, siempre que la distribución de la vivienda lo permita, crear una corriente de aire entre fachadas o habitaciones opuestas. Esa ventilación cruzada ayuda a sustituir el aire caliente acumulado durante el día por otro más fresco. No hace falta mantener la casa abierta hasta el mediodía: cuando la temperatura exterior comienza de nuevo a subir, llega el momento de hacer justamente lo contrario.

Cerrar ventanas, bajar persianas y desplegar toldos en las fachadas sobre las que incide directamente el sol puede parecer una forma extraña de combatir el verano, porque la vivienda queda más oscura, pero evita que una parte importante de la radiación termine calentando cristales, muebles, paredes y suelos. Una habitación expuesta durante horas al sol puede seguir desprendiendo calor incluso bastante después de que haya anochecido.

Persianas bajadas, pero no necesariamente a oscuras

Tampoco es necesario convertir toda la casa en una cueva desde primera hora de la mañana. La estrategia depende de la orientación. Una habitación que recibe sol directo necesita mucha más protección que otra situada en una fachada en sombra, por lo que puede resultar más eficaz ir cerrando las estancias conforme el sol va alcanzándolas.

Los ventiladores también pueden ayudar, aunque existe una confusión frecuente sobre su funcionamiento. Un ventilador no enfría realmente una habitación de la misma manera que un aparato de aire acondicionado; lo que hace es mover el aire y favorecer la sensación de frescor sobre la piel. Por eso tiene poco sentido dejarlo funcionando durante horas en una habitación vacía esperando encontrarla fría al regresar.

Cuando existe aire acondicionado, tampoco es necesario transformar el salón en pleno agosto en una estancia de invierno. Mantener una temperatura moderada y estable resulta mucho más razonable que seleccionar valores extremadamente bajos con la idea de enfriar antes. Además, cerrar puertas y ventanas mientras funciona evita obligar al aparato a combatir constantemente contra el calor que entra desde el exterior.

Hay otro detalle sencillo que muchas veces pasa desapercibido: todo lo que genera calor dentro de casa también cuenta. Horno, vitrocerámica, secadora, determinados ordenadores o incluso varias luces encendidas durante horas añaden temperatura a una vivienda que ya parte de una situación complicada. Desplazar determinadas tareas hacia las primeras horas de la mañana o la noche puede ayudar a que la casa resulte algo más soportable.

Así, cuando llegue otra tarde de agosto y la primera tentación sea abrir todas las ventanas porque “corre algo de aire”, merece la pena comprobar antes qué está ocurriendo fuera. Si ese aire llega a más de 35 grados, posiblemente sea mejor dejarlo donde está, mantener persianas y ventanas cerradas y esperar a que caiga el sol. En verano, ventilar más no siempre significa ventilar mejor; hacerlo en el momento adecuado puede marcar varios grados de diferencia en cómo se siente una vivienda.

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Llanos Esmeralda Garcia

Periodista natural de Albacete. Licenciada en Periodismo en la Universidad de Murcia y Diplomada en Trabajo Social por la Universidad de Murcia. Más de 15 años de experiencia en medios de comunicación, como La Verdad, CNC y El Pueblo de Albacete.
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