Mientras muchos ven la etapa universitaria como algo ligado a la juventud, Andrés Martínez y Ramón Peyró, a sus 56 y 74 años respectivamente, han demostrado que no existe una edad para estudiar. El pasado viernes, 19 de junio, ambos pusieron el broche de oro al Grado de Humanidades con su graduación tras cuatro años entre libros y exámenes.
Andrés y Ramón compartieron escenario, toga y una misma emoción al recoger su título, demostrando que la ilusión y las ganas de aprender no caducan. Con trayectorias vitales diferentes, los dos llegaron a la universidad por una misma convicción, y es que nunca es tarde para perseguir aquello que nos apasiona.

Durante estos 4 años, ambos han sido ejemplo de esfuerzo y constancia en un aula donde convivían generaciones diferentes, pero que han encajado a la perfección. Así, su historia no solo habla de títulos académicos, sino de valentía, de segundas oportunidades y de la capacidad de reinventarse cuando muchos creen que ya está todo hecho.
Ramón Peyró, una vida dedicada a la Medicina: a los 74 años vuelve a graduarse
Ramón y Andrés han recorrido caminos muy diferentes antes de volver a las aulas. Ramón Peyró, médico de profesión y referente en el ámbito sanitario en Albacete, decidió tras toda una vida dedicada a la Medicina reencontrarse con una inquietud que nunca le abandonó: las letras, la filosofía y la historia. A sus 74 años, tras décadas como Jefe del Servicio de Anestesia del Hospital de Albacete, ha culminado su segunda graduación universitaria, esta vez en Humanidades, demostrando que la jubilación puede ser también el inicio de una nueva aventura.

Su historia es la de alguien que nunca dejó de hacerse preguntas. “Hay que seguir estudiando”, ha defendido en más de una ocasión, convencido de que la curiosidad no se apaga con el paso del tiempo, sino que se transforma. En las aulas ha compartido experiencia, reflexión y vida con estudiantes mucho más jóvenes, en un intercambio que, según él mismo confesaba a El Digital de Albacete, ha sido enriquecedor.
La universidad como segunda oportunidad: Andrés Martínez se gradúa con 56 años
Muy distinta, pero igualmente inspiradora, es la historia de Andrés Martínez. Con 56 años, su paso por la universidad ha estado marcado por la constancia absoluta. Tras incorporarse al mundo laboral siendo apenas un adolescente, decidió regresar a las aulas para cumplir un sueño pendiente tras un revés vital. Su compromiso ha sido tan firme que, durante su etapa universitaria, no ha faltado ni un solo día a clase, como aseguraba a El Digital de Albacete, convirtiéndose en todo un ejemplo de esfuerzo silencioso y perseverancia.
En su caso, la universidad no ha sido un paréntesis tardío, sino una conquista personal construida a base de disciplina y voluntad. Su graduación en Humanidades no solo simboliza un logro académico, sino también una victoria frente al tiempo, las rutinas y las dificultades que a menudo separan los sueños de la realidad.

Dos trayectorias distintas, pero una misma conclusión compartida: aprender no es una etapa. Tanto Andrés como Ramón han demostrado que la universidad no solo forma profesionales, sino que también acompaña vidas, reescribe historias y ofrece segundas oportunidades. Así, en un aula donde han convivido generaciones, sus historias se cruzan como un recordatorio sencillo y poderoso: nunca es tarde para empezar, ni demasiado pronto para volver a empezar otra vez.





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