A sus 70 años, Manolo García sigue demostrando que la creatividad y la pasión por la música permanecen intactas. El cantante barcelonés, una de las voces más emblemáticas del pop español y exlíder de El Último de la Fila, continúa recorriendo los escenarios del país con una nueva gira.
Aunque su trayectoria artística está estrechamente ligada a Barcelona, existe una parte fundamental de su identidad que mira hacia Castilla-La Mancha. Concretamente hacia Férez, un pequeño municipio de la Sierra del Segura, en la provincia de Albacete, donde se encuentran sus raíces familiares y donde pasó largas temporadas durante su infancia y juventud.
El artista ha recordado en numerosas ocasiones la influencia que tuvo este pueblo en su forma de entender la vida. Entre huertos, acequias y jornadas de trabajo junto a su abuelo, aprendió valores que, según ha explicado, le ayudaron a mantener siempre los pies en la tierra. De aquellos veranos conserva recuerdos imborrables, como las noches de riego descalzo o el contacto directo con una naturaleza que sigue considerando una fuente de inspiración.
Una estrecha vinculación
Su estrecha vinculación con esta tierra recibió un reconocimiento institucional en 2019, cuando el Gobierno regional le concedió la Medalla de Oro de Castilla-La Mancha durante los actos del Día de la Región celebrados en Albacete. Durante su intervención, García reivindicó con emoción su doble pertenencia cultural. «No tengo el corazón partido, lo tengo doble. Soy catalán a mucha honra y orgullo, y albaceteño a muchísima honra y orgullo», afirmó ante los asistentes.
El músico agradeció una distinción que consideró inmerecida, pero que aseguró recibir con honor. En su discurso evocó la figura de sus abuelos y la profunda huella que dejaron en su infancia, marcada por los veranos en la Sierra del Segura.
Ese vínculo permanece vigente. Más allá de la música, Manolo García también ha dejado una impronta artística en Férez a través de un mural diseñado por él mismo, reflejo de su faceta como pintor. Además, no ha ocultado en diversas entrevistas su deseo de instalarse algún día en el municipio, atraído por la tranquilidad y el ritmo pausado de la vida rural.
Un rincón con historia
Situado en el extremo sur de la provincia de Albacete, Férez cuenta con poco más de 600 habitantes y conserva el carácter de los pueblos serranos tradicionales. Rodeado de montañas, olivares y campos de cultivo, forma parte de uno de los entornos naturales más atractivos de Castilla-La Mancha.
La historia de la localidad se remonta a la Edad Media. Tras la conquista cristiana durante el reinado de Fernando III, pasó a formar parte de la Orden de Santiago dentro de la Encomienda de Socovos. En 1488 obtuvo el título de villa y, desde la división territorial de 1833, pertenece a la provincia de Albacete.
Además de su patrimonio histórico, Férez destaca por su riqueza paisajística. El entorno del río Segura y la proximidad del pantano del Cenajo ofrecen numerosas posibilidades para el senderismo, la observación de fauna y las actividades al aire libre. Espacios como El Rincón del Río, La Mina, Hijar o Molino Viejo permiten descubrir algunos de los parajes más singulares de la comarca.
El municipio también forma parte de la memoria cinematográfica española. Algunas escenas de la película ‘Amanece, que no es poco’, dirigida por José Luis Cuerda, fueron rodadas en sus calles, contribuyendo a proyectar la imagen de este enclave serrano más allá de la provincia.
Hoy, Férez representa la esencia de la vida tranquila y el arraigo a la tierra. Un lugar que sigue ocupando un espacio privilegiado en la memoria y el corazón de Manolo García, convertido con el paso de los años en uno de sus refugios personales y emocionales.

