Hay amenazas que avanzan en silencio, sin hacer ruido, pero con un impacto capaz de transformar paisajes enteros y poner en jaque economías locales. En la provincia de Albacete, donde el campo no es solo tradición sino sustento, la preocupación y el miedo crece entre técnicos, agricultores e investigadores. Todo apunta a un enemigo microscópico que ya ha encendido las alarmas en Europa y que ahora vuelve a situarse en el centro del debate científico: la bacteria Xylella fastidiosa, un ser microscópico capaz de arrasar cultivos como el olivo, la vid o el almendro, y a la que los agricultores de Albacete le tienen auténtico temor. De enorme potencial patogénico, esta bacteria es capaz de provocar enfermedades severas en especies agrícolas y flora silvestre y forestal.
La amenaza de Xylella fastidiosa pone en alerta a los cultivos de Albacete
La bacteria Xylella fastidiosa se consolida como una de las mayores amenazas emergentes para la agricultura en Europa, especialmente en territorios como Albacete, donde cultivos como el olivo, la vid y el almendro son pilares económicos. Según explica la investigadora Blanca B. Landa, del Instituto de Agricultura Sostenible (IAS-CSIC), esta bacteria tiene un enorme potencial patogénico, capaz de provocar enfermedades severas en especies agrícolas clave y también en flora silvestre y forestal.
Un proyecto europeo busca frenar el avance de la bacteria
El proyecto BeXyl, liderado por el IAS-CSIC junto a Botanic Gardens Conservation International, trabaja en el desarrollo de herramientas innovadoras para prevenir y controlar la expansión de esta bacteria. La iniciativa, que encara su fase final, está diseñando un marco de manejo integrado que combina vigilancia avanzada, detección temprana y estrategias sostenibles para contener posibles brotes.

Nuevos recursos y estrategias para proteger el campo
El próximo 12 de mayo, coincidiendo con el Día Internacional de la Sanidad Vegetal, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) presentará en el Real Jardín Botánico de Madrid nuevos materiales divulgativos sobre la Xylella fastidiosa. Estos recursos buscan reforzar la concienciación y la formación en bioseguridad, especialmente en espacios como jardines botánicos, clave en la educación ambiental y científica.
Tecnología, prevención y sostenibilidad: claves contra Xylella
El enfoque del proyecto BeXyl integra modelos epidemiológicos, diagnóstico a escala europea y el uso de material vegetal tolerante. También contempla estrategias como el control biológico de insectos vectores, técnicas de termoterapia y prácticas agrícolas sostenibles. Todo ello con el objetivo de ofrecer soluciones viables para agricultores, administraciones y viveros, sin comprometer la sostenibilidad del territorio.
Europa se prepara ante futuros brotes con impacto en Albacete
Los resultados del proyecto se presentarán en la V Conferencia Internacional sobre Xylella, organizada junto a la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) en Bari (Italia) en junio. El objetivo es disponer de estrategias listas para su aplicación que permitan reducir el riesgo de nuevas introducciones y mejorar la respuesta ante posibles brotes, una cuestión especialmente relevante para provincias agrícolas como Albacete.

Qué es la Xylella fastidiosa y cómo se propaga
Xylella fastidiosa (Wells et al.) es una bacteria fitopatógena de cuarentena que tiene un rango de plantas hospedantes muy amplio (más de 300 especies vegetales), pudiendo producir daños graves a cultivos muy importantes como el almendro, la viña, el olivo, los cítricos o la higuera, además de afectar a numerosas especies ornamentales como romero, lavanda, polígala y acacia, entre otras.
Esta bacteria vive y se multiplica en el xilema de los vegetales y en la parte anterior del canal alimentario de determinados insectos. En las plantas, se localiza tanto en las raíces como en las partes aéreas, formando biopelículas en los vasos, lo que provoca su obstrucción e impide el flujo normal de savia.
Se trata de una bacteria termófila con una elevada capacidad de recombinación homóloga, lo que puede dar lugar a nuevas subespecies capaces de afectar a nuevos hospedantes. Actualmente se han descrito seis subespecies: fastidiosa, multiplex, pauca, sandyi, morus y taskhe, con numerosos perfiles genéticos conocidos como “sequence type”.
La transmisión de la bacteria se produce a través de insectos vectores que se alimentan principalmente del xilema y que poseen un aparato bucal picador-chupador. Estos insectos pertenecen a las familias Cercopidae, Cicadidae, Aphrophoridae y Cicadellinae del orden Hemiptera. En muchos territorios, uno de los principales vectores es Philaenus spumarius.
En general, la transmisión se produce entre hospedantes silvestres y cultivados, aunque también puede darse entre plantas infectadas y sanas dentro de los cultivos. No se ha descrito transmisión mecánica a través de herramientas de poda o injerto. Los vectores suelen actuar a corta distancia, con una capacidad de vuelo limitada a unos 100 metros, aunque pueden desplazarse a mayores distancias ayudados por el viento. Por ello, la principal vía de propagación a larga distancia es el comercio de plantas contaminadas.
El adulto de Philaenus spumarius mide aproximadamente 5 mm y presenta una coloración que varía entre tonos negros y marrón claro. Es una especie muy polífaga que afecta a numerosas plantas. Pasa el invierno en estado de huevo, que eclosiona normalmente a principios de marzo. Las ninfas segregan una espuma o mucílago en la que viven, lo que les permite aislarse de cambios de temperatura, evitar la desecación y protegerse de depredadores. Durante esta fase se alimentan de especies herbáceas.
Los adultos aparecen en mayo y permanecen activos durante todo el verano hasta septiembre. En esta etapa migran a plantas leñosas, como cultivos agrícolas, donde encuentran refugio y alimento, contribuyendo a la dispersión de la bacteria entre plantas. La puesta de huevos tiene lugar en otoño, generalmente sobre plantas herbáceas o restos vegetales.
Las ninfas pueden transmitir la bacteria, aunque pierden esta capacidad tras la muda, pudiendo volver a adquirirla posteriormente. En cambio, los adultos, una vez infectados, mantienen su capacidad de transmisión durante toda su vida. Estudios han demostrado que el periodo mínimo necesario para adquirir e inocular la bacteria es de una hora, sin periodo de latencia, lo que permite una transmisión inmediata. No existe transmisión transovarial, es decir, la bacteria no se transmite a la descendencia.

