Enfermos, sin medicinas y en «una guerra que continúa»: la petición urgente que hace este gazatí desde Albacete

El desgarrador testimonio de Muayad Zaid, un gazatí afincado en Albacete que pide ayuda para salvar a su familia

Desde Albacete, donde vive desde 2020, este palestino gazatí de 37 años repasa cada noche la misma imagen: su familia, diseminada en un campo de desplazados cerca de la frontera con Egipto, bajo lonas y mantas, expuesta al frío y la lluvia, sin casa a la que volver y con enfermos sin acceso a medicamentos. “No puedo dormir y apenas puedo comer”, confiesa.

Una vida nueva en Albacete

Zaid llegó a España con una decisión íntima y rotunda: que su hija naciera “en un país libre del hambre y la guerra”. Su esposa es española y, con ella, empezó una vida en Albacete mientras en Gaza quedaban atrás su padre, su madre y el resto de los suyos. Hoy, dice, esa distancia es una herida abierta: tras la ofensiva israelí en la Franja iniciada en 2025, su familia terminó atrapada en un campamento. Y, según relata, su situación no ha mejorado pese al “supuesto cese” de la campaña militar, que oficialmente concluyó el 10 de octubre.

“La guerra continúa, el genocidio sigue”, sostiene, con un tono que mezcla rabia y agotamiento. Durante meses, asegura, no pudo contactar con los suyos por el aislamiento provocado por el avance israelí. “No podía creer que pasó todo esto en mi país. No podía hablar con ellos y no sabía si vivían, si estaban bien, si tenían comida o hambre”, recuerda.

Cuando por fin retomó la comunicación —ya en un campo de desplazados cerca de Egipto—, dice que el reencuentro llegó cargado de golpes: “Todo eran malas noticias: tu amigo murió, tu padre murió, tu tío murió, tu vecino murió. Era muy duro”. Zaid cuenta que perdió a su cuñado y a su padre. Ahora, afirma, aún le quedan 21 familiares vivos, pero en condiciones límite.

Según explica, su familia es del norte de Gaza y su vivienda ha quedado en una zona a la que se refiere como “línea amarilla”, una delimitación impuesta por Israel tras la operación militar y que, sostiene, abarca más de la mitad de la Franja y sigue bajo control israelí. “Ahora no tenemos casa”, resume. El resultado, describe, es una supervivencia a la intemperie: tiendas de campaña, frío y precariedad extrema.

El relato se vuelve más personal cuando enumera los nombres invisibles de la emergencia: “Mi madre está enferma del riñón, no puede ni andar bien. Tengo una sobrina con una enfermedad del corazón y otra sobrina con una enfermedad de la piel sin acceso a medicamentos ni hospitales, que viven ahora bajo la lluvia y el frío y no lo pueden aguantar”.

Una campaña desde Albacete para sacar a los suyos de Gaza

Lejos de resignarse, Zaid ha convertido su oficio en una herramienta de resistencia. Periodista de formación y con años de trabajo en Gaza, dice que hoy usa su español para contar lo que ocurre y para movilizar apoyos. “Comparto todas las noticias usando mi español para comunicar lo que pasa en Palestina al mundo hispano”, explica, además de editar vídeos y traducir contenidos en su labor como activista.

También ha impulsado campañas de donaciones con el apoyo de la asociación Albacete con Palestina. Pero su objetivo principal, insiste, es sacar a su familia de Gaza. Para ello, afirma haber llamado “a todas las puertas”: “Hablé con la embajada española en Jerusalén, en Jordania y en Egipto”, enumera, sin haber obtenido —según su versión— una vía efectiva de solución. Ese bloqueo le llevó a iniciar una recogida de firmas online.

“Tenemos más de 1.200 firmas. Como mínimo necesito unas 20.000 para hacer algo. Voy a conseguir más”, asegura. Su petición, en el fondo, es sencilla y desesperada: convertir el ruido digital en una salida real para los suyos.

Críticas desde Albacete a la inacción internacional

Zaid no oculta su frustración con la respuesta política global. “La gente salió en manifestaciones, pero los Gobiernos no han actuado”, lamenta. A su juicio, “como mínimo deberían cortar toda relación con el Estado de Israel”. En ese panorama, hace una excepción con España: “El mejor de todos los Gobiernos europeos ha sido España y me siento orgulloso de estar aquí. La gente de Gaza lo sabe y está feliz con eso”.

También carga contra el enfoque mediático internacional. “Muestran esto como una guerra, pero una guerra son soldados contra soldados. Esto es un ejército matando niños”, afirma, y añade cifras de víctimas que atribuye al desarrollo del conflicto. Su conclusión es sombría: “El destino de mi pueblo es un túnel oscuro y al final no hay luz”.

Mientras tanto, en Albacete, la vida cotidiana sigue —trabajo, calle, horarios—, pero para Zaid el tiempo está en otro lugar: en una tienda de campaña al borde de Gaza, al otro lado del teléfono, esperando que una firma más acerque un rescate que no llega.

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