Las pseudoterapias contra el cáncer siguen encontrando víctimas en toda España. Disfrazadas de tratamientos «naturales», «energéticos» o «alternativos», prometen curaciones imposibles a personas que atraviesan uno de los momentos más vulnerables de su vida. El profesor de Radiología y Medicina Física de la Facultad de Medicina de Albacete (UCLM), Alberto Nájera, lo tiene claro: «Se aprovechan de la desesperación de la gente cuando no tiene nada a lo que agarrarse».
En una entrevista concedida a El Digital de Albacete, Nájera analiza cómo operan estos supuestos sanadores, qué hay realmente detrás de los dispositivos que venden y por qué siguen proliferando pese a los avances de la medicina.

Dispositivos manipulados
Recientemente, el profesor ha analizado varios aparatos comercializados como herramientas capaces de curar el cáncer mediante «frecuencias», «agua destilada» o «equilibrio energético», y su conclusión es rotunda. No solo no tienen base científica, sino que muchos son dispositivos comunes manipulados para aparentar algo que no son.
Uno de ellos es, en realidad, un altavoz portátil de uso turístico, disponible en internet por menos de 20 euros. Ha sido modificado con unos conectores que simulan electrodos y se vende por más de 1.000 euros como máquina de “sanación por frecuencias”.
«Cuando lo abrimos, lo único que había eran archivos de música en formato MP3. Tonos, sonidos y hasta canciones con nombres como ‘cáncer’ o ‘mal de ojo’. Los supuestos electrodos estaban conectados al altavoz. No había nada más», explica.
Otro de los productos que se venden como supuesta cura para esta enfermedad es un destilador de agua acompañado de un aparato que, según el vendedor, transforma el agua (H2O) en «H3O», una molécula especial con propiedades terapéuticas. «Eso no existe. Químicamente es imposible tal y como lo describen», afirma Nájera.
El tercer elemento son unas tablas de madera que deben colocarse bajo la cama para «modificar frecuencias». Tras examinarlas, comprobó que eran simples tableros de cartón prensado. «No tenían ningún mecanismo oculto. Solo pintura y una pegatina», asegura. Una persona que adquirió estos productos llegó a pagar más de 6.000 euros por ellos.
El daño real es abandonar el tratamiento
Para el profesor de la UCLM, el problema no es solo el fraude económico. El verdadero peligro es que estas prácticas pueden llevar a los pacientes a retrasar o incluso abandonar tratamientos médicos eficaces.
«El riesgo no es que no funcionen -que no funcionan-, sino que alguien deje la quimioterapia o la radioterapia porque le han convencido de que no tiene cáncer o de que puede curarse con pensamiento positivo», advierte.
Según explica, muchos de estos discursos beben de corrientes que atribuyen la enfermedad a conflictos emocionales o a la actitud del paciente. «Les dicen que es culpa suya, que si cambian su forma de pensar se curarán. Eso es cruel y profundamente injusto», añade.

¿Por qué siguen cayendo personas?
A pesar de los avances en investigación oncológica y de la mejora constante en los tratamientos, las pseudoterapias siguen creciendo. Para Nájera, la clave está en la desesperación. «Cuando estás en una situación límite y te dicen que hay una alternativa sin efectos secundarios, que es natural y que te va a curar, quieres creerlo», señala.
Además, apunta a otro factor, y es la falta de denuncias. «Muchas familias sienten vergüenza por haber sido engañadas y no denuncian. Eso hace que estos casos no trasciendan y que el negocio siga siendo rentable», señala.
También alerta de que algunos pseudoterapeutas intentan aislar al paciente de su entorno. «Les recomiendan que no hablen con su familia porque ‘no les entienden’ o ‘no creen en el método’. Eso es una señal clarísima de alarma. En algunos casos, el funcionamiento se parece mucho al de una secta», explica.
«Lo que funciona se llama medicina»
Como docente en una facultad donde se forman futuros médicos, Nájera reivindica el valor del conocimiento científico y los años de estudio que hay detrás de cada tratamiento aprobado. «La medicina que funciona se llama medicina. No tiene apellidos. No es alternativa, ni energética, ni milagrosa. Funciona porque ha demostrado científicamente que funciona», afirma.
Su recomendación es clara. Ante cualquier diagnóstico de cáncer, seguir siempre las indicaciones del equipo médico y acudir a fuentes fiables como la Asociación Española Contra el Cáncer. «Si la medicina no puede curarte, nadie más va a poder hacerlo. Lo único que pueden hacer es sacarte el dinero», asegúrate.
Con una mezcla de pena y rabia, el profesor insiste en que la mejor herramienta para combatir estas prácticas es la información. «Es muy difícil hacer más que informar, pero hay que hacerlo, porque detrás de cada engaño hay personas vulnerables y familias que, además del dolor, pueden quedarse con deudas y con la sensación de que alguien se aprovechó del peor momento de sus vidas», concluye.

