Un testimonio y el ADN marcan en Albacete una sesión clave del juicio por el crimen de Montemayor

En la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Albacete

La sesión de este viernes del juicio con tribunal del jurado, que se está celebrando en la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Albacete, por el crimen de Montemayor (Córdoba), por el que la Fiscalía pide 25 años de prisión para el acusado de asesinar a su pareja en mayo de 2022, dejó dos focos principales: el testimonio de la persona que le dijo al acusado que su mujer mantenía una relación con su sobrino y una prueba pericial de ADN que coloca el vehículo del acusado en el centro del caso.

Tras más de cuatro horas la declaración de dicho testigo se convirtió en un continuo ir y venir de versiones. Admitió que ahora quería “decir la verdad”, alegando motivos de “solidaridad” con el acusado, al que dijo comprender por haber pasado por prisión. La Fiscalía puso el acento desde el inicio en la fiabilidad del relato: el testigo reconoció que el día que declaró ante la Guardia Civil estaba bebido y que en aquella época consumía medicación por depresión. La fiscal le confrontó con declaraciones previas, con vídeos incorporados a la causa y con contradicciones sobre aspectos básicos de su testimonio.

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En su declaración este testigo explicó que había vivido con el acusado y la víctima en Barrax, en Aranda de Duero y en Córdoba y manifestó que cuando estaban en Aranda dormía con el hermano de su pareja y sobrino del acusado y que allí lo encontró en la cama con la mujer del acusado: “Estaban en la cama como abrazados. Todo el tiempo se quedaban los dos solos en casa”. También contó que su pareja le dijo que los había pillado juntos en la cama desnudos, pero que no se lo dijo al acusado. 

La declaración

Este testigo apuntó a su expareja,—hermana del sobrino del acusado— como origen de parte de lo que declaró en sede policial. Según dijo, ella le presionó para incriminar al acusado, le «amenazó con romper la relación».

Uno de los choques más llamativos se produjo al hablar del traductor: primero negó que hubiera intérprete oficial y después sostuvo que hubo una traducción telefónica. También aseguró que declaró “junto a su ahora expareja”, extremo cuestionado durante el cruce de preguntas. El testigo justificó sus cambios de versión en el “miedo”, aunque su explicación fue variando: primero lo vinculó al acusado y su familia, y después lo amplió a la familia de la víctima. En sala se mencionó que el hermano del acusado contactó con él para advertirle de que debía acudir a declarar, aunque el testigo negó haber recibido consignas sobre qué decir. 

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El vídeo de la fuente

En paralelo, dicho testigo relató sospechas de una supuesta relación entre el sobrino del acusado —menor de edad— y la víctima, y describió escenas de cercanía y “planes de fuga” a Rumanía. Incluso afirmó haber visto a la víctima dar al acusado “pastillas para dormir más”.

El testigo manifestó que se enteró de que el sobrino del acusado y la víctima tenían una relación porque vio mensajes en los teléfonos: “en Aranda dormía” con el menor y vio que se enviaban mensajes con “corazones y de amor” y él hizo capturas de pantalla, pero éste le rompió el teléfono al reprochárselo.

Al abordar un episodio en una fuente y las grabaciones, el testigo empezó diciendo que lo supo por “otra persona” y terminó afirmando que él mismo fue a la fuente y grabó un vídeo para “tener pruebas” y enseñárselas al acusado, porque —según sostuvo— el acusado no le creía cuando le advertía de la infidelidad. Durante el visionado, la fiscal subrayó que las imágenes no encajaban con el escenario de “abrazos continuos” descrito por el testigo. Como no le creía, decidió grabar un vídeo junto con otro sobrino del acusado, horas antes de que se produjera el crimen. 

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Feria de Córdoba

El testigo situó un punto de inflexión en la feria de Córdoba: aseguró que allí se mostró el vídeo y que el acusado reaccionó golpeando una mesa y marchándose.

Este dijo que al regresar de la feria de Córdoba encontró a la víctima herida ya en el suelo y que le comentaron que el acusado pidió que llamaran a una ambulancia. Añadió que intentó auxiliarla, pero que otras mujeres se lo impidieron por temor a “verse implicadas”.

La prueba pericial

Frente al testimonio, la sesión también estuvo marcada por la ratificación de informes de la Guardia Civil sobre el vehículo del acusado, un Seat Altea. Dos agentes desplazados desde el equipo central de Madrid explicaron que realizaron la inspección ocular en el cuartel de San Clemente, revisando exterior e interior y recogiendo indicios biológicos y lofoscópicos en múltiples zonas: puertas, volante, asientos, suelo, cambio de marchas, freno de mano y maletero. Declararon que se apreciaban manchas compatibles con sangre. La distribución era amplia, pero la “gran concentración” se situaba en el asiento trasero izquierdo (detrás del conductor) y el suelo de esa zona.

Los peritos de biología ratificaron que el perfil genético de la víctima apareció de forma destacada en el asiento trasero izquierdo, el suelo, elementos del maletero (incluido el porta-triángulos), una alfombrilla recogida en el exterior y en distintas partes de puertas y cristales. También detallaron localizaciones del ADN del acusado (como volante, freno de mano o maneta del portón) y la existencia de mezclas genéticas: una mezcla víctima–acusado en puntos como el volante, cambio de marchas y freno de mano; y otra mezcla víctima–“varón 2”, un perfil masculino no identificado, en zonas del respaldo del conductor y del acompañante.

Según los agentes, en las uñas de la mano izquierda del acusado apareció una mezcla compatible con su ADN y el de la víctima. Subrayaron que ese hallazgo confirma un contacto físico entre ambos, pero “no permite determinar cuándo ocurrió ni en qué contexto: ni agresión, ni auxilio, ni contacto previo o posterior”.

Cuarta sesión del juicio / Foto. TSJCLM

Análisis de muestras de tierra 

Otros dos agentes ratificaron un informe de cotejo de suelos realizado sobre dos muestras tomadas en el lugar de los hechos: una con una mancha rojiza y otra sin ella. Ambas aseguraron presentaban una composición química y mineralógica muy similar, lo que indica que procedían del mismo entorno, aunque la primera estaba alterada por la presencia de sangre.

El próximo lunes, 26 de enero, continuará la prueba pericial, con los médicos forenses. 

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Llanos Esmeralda Garcia

Periodista natural de Albacete. Licenciada en Periodismo en la Universidad de Murcia y Diplomada en Trabajo Social por la Universidad de Murcia. Más de 15 años de experiencia en medios de comunicación, como La Verdad, CNC y El Pueblo de Albacete.
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