Hay pueblos que enamoran por sus paisajes, otros por su historia y algunos por su gastronomía. Pero existe un rincón de la provincia de Albacete capaz de reunirlo todo en un mismo destino. Hablamos de Alcalá del Júcar, considerado desde hace años uno de los pueblos más bonitos de España y también uno de los grandes referentes gastronómicos de Castilla-La Mancha.
Hace unos meses, la revista National Geographic incluyó a Alcalá del Júcar entre los siete pueblos de Albacete donde mejor se come. Un reconocimiento que pone en valor no solo Ela belleza de este enclave bañado por el río Júcar, sino también una cocina tradicional capaz de conquistar a cualquier visitante.
«Serpentea el Júcar aquí, puliendo rocas milenarias», destacaba la publicación, que también señalaba a restaurantes emblemáticos como Fogones El Chato o Los Robles como algunos de los grandes culpables del prestigio culinario de la localidad.
El templo de la carne a la brasa
Si hay un lugar imprescindible para los amantes de la buena mesa en Alcalá del Júcar, ese es Fogones El Chato. Este restaurante ha conseguido hacerse un nombre gracias a una propuesta gastronómica donde la carne a la brasa es la auténtica protagonista.
El establecimiento nació, según explican desde su propia página web, de «la pasión por la gastronomía» y del legado de una familia humilde y trabajadora. Todo ello bajo la inspiración del abuelo conocido como «el Chato», referente familiar y símbolo de los valores que hoy siguen marcando la esencia del negocio.
En su carta brillan especialidades capaces de abrir el apetito con solo leerlas. Desde las cocochas de cerdo a la brasa con cebolla caramelizada y sal de escamas hasta la oreja de cerdo adobada a la brasa, pasando por el abanico de cerdo ibérico de bellota o el espectacular chuletón de lomo alto de vaca madurada.
Tampoco faltan clásicos manchegos como las chuletas de cordero recental manchego o propuestas irresistibles como el chuletón de cerdo campeado alimentado con castañas. Una auténtica fiesta gastronómica para quienes disfrutan del sabor auténtico de la brasa.
Mucho más que carne
La oferta gastronómica de Fogones El Chato no termina ahí. El restaurante también cuenta con una variada selección de raciones y platos que mezclan tradición y creatividad. Entre los más destacados aparecen el queso fresco frito acompañado de mermelada de higos, el lomo de orza de la abuela con alioli, el croquetón casero de jamón ibérico o los huevos camperos rotos sobre patatas a lo pobre con rulo de cabra y foie de pato.
Los amantes del mar también encuentran propuestas como el pulpito crujiente, las zamburiñas del Pacífico o el solomillo de atún a la plancha.
Y para poner el broche final, llegan los famosos postres caseros «de la tía Mari», donde triunfan elaboraciones como el pan de Calatrava al Baileys, la tarta de queso al horno con sirope de frutos rojos o el brazo de gitano de merengue y crema de naranja.
Un pueblo de postal
Pero visitar Alcalá del Júcar es mucho más que sentarse a la mesa. La localidad ofrece una imagen espectacular desde el primer momento. El meandro dibujado por las aguas verdes y cristalinas del río Júcar, el puente romano, las casas blancas escalando la montaña y el castillo coronando la cima convierten el paisaje en una auténtica postal.
Declarado Conjunto Histórico-Artístico, el municipio sorprende por sus empinadas callejuelas, sus famosas casas cueva excavadas en la roca y monumentos como la iglesia de San Andrés o su impresionante castillo almohade del siglo XII.
Uno de los lugares más curiosos es su plaza de toros, considerada una de las más antiguas de España y excavada parcialmente sobre la propia roca.
Además, el entorno natural de la Hoz del Júcar convierte a Alcalá del Júcar en un destino perfecto para quienes buscan naturaleza y aventura. Senderismo, bicicleta de montaña, barranquismo o simplemente disfrutar de las vistas desde sus miradores forman parte de una experiencia difícil de olvidar.
Historia, naturaleza, tradición y una gastronomía que conquista desde el primer bocado convierten a Alcalá del Júcar en una escapada imprescindible dentro de la provincia de Albacete. Un lugar donde la brasa sabe mejor y donde cada rincón invita a quedarse un poco más.

