Son las paradojas de la vida. Hace unos días –en concreto, el pasado miércoles– en Albacete, en la Base Aérea de los Llanos, Felipe VI (Su Majestad El Rey) inauguraba las jornadas BACSI (Base Aérea Sostenible e Inteligente). Un gran evento, sin duda, que pone en valor la importancia aeronáutica de la ciudad, refuerza su posicionamiento estratégico y ratifica el esfuerzo político realizado años atrás para que exista esa realidad. No es un hecho circunstancial ni fruto de la casualidad: se hicieron los deberes y ahora se recogen los frutos.
Sin demagogia, y sin aprovechar que “el Pisuerga pasa por Valladolid”, conviene destacar la relevancia de ese acto, en el que autoridades civiles y militares, junto a la sociedad, escenificaron una cooperación público-privada cada vez más necesaria.
Sin embargo, esa misma mañana, y a escasa distancia de ese escenario institucional, tuve ocasión de comprobar una realidad bien distinta. A pocos centenares metros del lugar donde se desarrollaba el evento, con la presencia de autoridades nacionales, regionales y locales, persistía el submundo de los asentamientos: personas malviviendo entre suciedad, chabolas y condiciones indignas. Muy cerca de helicópteros, del Eurofighter surcando el cielo –con estelas que evocan a la Patrulla Águila–, de coches oficiales y de militares cumpliendo con rigor su labor, se alzaba ese contraste incómodo.
En un espacio preparado con esmero, como ocurre en los grandes acontecimientos, chocaba frontalmente la existencia de un núcleo de infraviviendas, probablemente rodeado de suciedad, plagas y abandono. Y uno no puede evitar preguntarse –quizá con ingenuidad– qué habría ocurrido si se hubiese invitado a Su Majestad el Rey a recorrer, aunque fuera brevemente, esa otra realidad. Nadie mejor que el jefe del Estado para propiciar el encuentro entre administraciones y estimular la búsqueda de soluciones. El alcalde podría haber explicado las actuaciones en marcha; el subdelegado y el delegado del Gobierno, las competencias estatales; la Junta, sus iniciativas; y las organizaciones sociales, su trabajo sobre el terreno. Ante un problema complejo, tal vez se habría dado un primer paso conjunto.
No resulta admisible que las soluciones avancen con la lentitud que percibe la ciudadanía. Albacete no quiere que estos espacios de degradación se perpetúen. No se trata necesariamente de grandes inversiones: con voluntad política, coordinación institucional y medidas realistas, podrían impulsarse avances significativos. No todo debe compararse con el coste de un avión de combate, pero sí cabe exigir prioridades más equilibradas.
La Base Aérea y el Parque Aeronáutico seguirán creciendo –y es motivo de satisfacción–. Tampoco conviene olvidar a quienes hicieron posible este desarrollo con decisiones valientes. Pero ha llegado el momento de afrontar con determinación esta otra cara de la ciudad. La convivencia entre la excelencia y la miseria no es aceptable: ni es humana ni es justa.
Se echa en falta una mayor implicación sindical y empresarial, más decisión política –en todos los niveles– y, sobre todo, una voluntad real de avanzar. Las soluciones no serán inmediatas, pero deben comenzar cuanto antes. En pleno siglo XXI, en Albacete o en cualquier lugar, nadie debería verse obligado a vivir entre basura, a la intemperie y en condiciones indignas.
No es un problema irresoluble. De vez en cuando surge la crítica, se recuerda la situación, se anuncian actuaciones –muchas veces discretas– desde el Ayuntamiento de Albacete, pero la sensación general es que sigue siendo insuficiente. Hay que hacer más.
Quizá faltó el Rey en ese submundo. Porque las instituciones también están para eso: para lo grande, sí, pero también para lo incómodo, lo invisible y lo que no admite demora.
Ahí está el verdadero desconchón de la ciudad, y no es una fachada deteriorada por el paso del tiempo o un ladrillo ausente. Ese deterioro, además, no es material: es inhumano, denigrante y afecta directamente a personas.
Es en esos espacios, invisibles para muchos, donde debería centrarse la atención pública. Lo demás –lo estético, lo superficial– puede esperar o quedar en manos de quien tenga la capacidad de abordarlo.
Todos los partidos políticos tienen margen de actuación; es, en esencia, una responsabilidad compartida. Pero tampoco conviene olvidar quién ostenta el gobierno de España.
El día que algunos dejen de entretenerse con charcos y alcorques y dirijan, por fin, la mirada hacia las personas, empezarán a merecer espacio político; hasta entonces, su discurso no pasará de ser una broma de escaso recorrido.
En este punto y aparte iban a figurar varios fragmentos dedicados a un sabio del fútbol, a un profesor –y lo digo con pleno conocimiento–: Ginés Meléndez. Según parece, andaba algo quejoso con unos y con otros por cuestiones más bien menores; al parecer, también conmigo. En cualquier caso, nada reseñable.
Sin acritud, conservo lo que finalmente he decidido eliminar, también para no alargar en exceso el texto. En esos pasajes subrayaba, en el fondo, lo que lleva implícito este oficio. Hace unos días, a un periodista deportivo tan cualificado como Jesús Álvarez le preguntaban por la existencia de la libertad de prensa, y respondía que esta es directamente proporcional a la subvención que se recibe. Bajo esa premisa, y dado que no percibo ninguna, puede imaginarse por dónde iba mi razonamiento.
Quede claro, en todo caso, mi respeto hacia Ginés. Aunque, cuando coincido o he conversado con él, no puedo evitar hacer un ejercicio de abstracción para no evocar a Ángel María Villar, cuya trayectoria pasó por la detención y en chirona. Conviene, no obstante, no caer en generalizaciones: no todo el fútbol es lo mismo, ni mucho menos. Aun así, la asociación aparece y obliga a separar, una vez más, las churras de las merinas.
Quizá en otro momento, con más espacio y calma, merezca la pena abordarlo. Y, si no, siempre quedará pendiente.
La actuación de Samuel Navalón en la Plaza de Valencia nos llena de alegría porque un torero hecho aquí, aunque con raíces valencianas inicia una temporada que puede ser decisiva en su carrera de matador de toros.
Tuve ocasión de comentarle en Valencia, al día siguiente de su éxito, que no debería preocuparse por la legítima “apropiación” de su origen. El alcalde de Albacete, Manuel Serrano, que acompañó al torero al día siguiente del triunfo junto al presidente de la Diputación valenciana Vicente Mompó, escenificó –por decirlo así– un pequeño armisticio en el coso de la calle Xátiva. Y en ese camino, no hay conflicto posible. Cuando actúe en Valencia, será el torero valenciano al que tanto aprecian; cuando lo haga en Albacete, será uno de los nuestros. Ayora (Valencia) y Almansa (Albacete) pueden sentirse orgullosas de Samuel Navalón, quien con suerte llegará muy lejos. El toreo, al fin y al cabo, también sirve para tender puentes entre ciudades y territorios. Serrano y Mompó trasladaron a Samuel ese doble orgullo compartido, una conexión que, de algún modo, también forma parte de la identidad de Albacete. Siempre hubo cercanía con Valencia; ahora, si cabe, aún más.
Añadiré también que el presidente de la Diputación de Valencia, Vicente Mompó, no es un político al uso. Rompe moldes por su valencianismo y empatía; es buen gestor y se sitúa a distancia de otros dirigentes de ambos partidos (PSOE Y PP) cuya trayectoria ha sido más cuestionada, algunos de ellos de infausto recuerdo para los valencianos. Mompó muestra, además, una notable proyección en la política valenciana.
Al cierre de este artículo me salta la noticia de los premios concedidos por la Diputación Provincial de Valencia y resulta que Samuel Navalón se los lleva todos, referentes a faenas y triunfador absoluto de Fallas 2026.
Nunca había estado tan de actualidad el Parque Científico y Tecnológico de Castilla-La Mancha, dirigido por Agustín Moreno. Se ha anunciado su ampliación, en un acto al que asistió el presidente Page, quien además adelantó nuevas iniciativas vinculadas a la creación de empleo y a un futuro prometedor para la implantación industrial en Albacete, con el consiguiente impacto en la generación de riqueza.
La visita de responsables políticos a la ciudad, cuando responde a compromisos concretos y no a meros actos protocolarios, siempre resulta positiva. Las inversiones previstas, de carácter millonario, invitan también a una reflexión adicional: la vigencia de algunos perfiles veteranos dentro del PSOE. Así lo demuestra quien ha sido durante años una figura clave del socialismo albaceteño. Algunos políticos más veteranos del PSOE tienen cuerda para rato. A las pruebas me remito con quien siempre fue un mullidor de un partido potente. Hoy, por otras cuestiones, de todo tipo, las perspectivas no son las mejores –lo perderían todo o casi todo– pero, en cualquier caso, proceder a jubilarlos tan pronto –en algunos casos– es un error estratégico. Se llama “relevo generacional”, pero a veces es solo cambiar memoria por ensayo y error.
Ángel Calamardo
X: @AFCalamardo

