Cerca de 10.000 kilómetros separan Albacete de la Playa de Máncora, al norte de Perú, muy cerca de la frontera con Ecuador. Y exactamente esos son los kilómetros que recorrió el albaceteño Israel Borrell hace más de tres décadas, cuando tenía apenas 21 años, y que se ha convertido en su hogar, donde ha montado su propio hotel a pie de playa. Una aventura que lo ha llevado hasta a correr el Rally Dakar.
En Perú, Borrell disfruta de un ritmo de vida diferente y un clima envidiable, donde prácticamente siempre es verano. Estos días, Israel ha regresado a Albacete, una vuelta a sus raíces, que le ha hecho recordar el frío de la ciudad. Así, confiesa a El Digital de Albacete que cuando vuelve tiene que acostumbrarse de nuevo al frío.

La aventura comenzó cuando Borrell tenía cerca de 21 años en 1996. “Trabajaba en un taller muy conocido en Albacete, y por cambiar un poco, me fui con mi padre, que ya residía en Perú, a trabajar”, explica, y detalla que “en esos años nos dedicábamos al cultivo del langostino”. Así, lo que en principio iba a ser un viaje y vivir allí unos meses para “cambiar de aires” se han convertido en 30 años en el que Perú se ha convertido en el hogar de este albaceteño.
Del cultivo de langostinos a montar su propio hotel: la aventura de Israel en Perú
“Me enganchó el trabajo”, recuerda Israel Borrell, que manifiesta que “el cultivo del langostino es muy demandante”. Con el paso del tiempo, y fruto de aquel trabajo, el de Albacete pudo comprar un hotel, que dirige actualmente, al norte de Perú, en la frontera con Ecuador. “Empecé a vivir más tranquilo”, comparte, y señala que “es un hotel pequeñito, rústico. En la zona se hace surf, se pueden ver ballenas, y tiene una buena temperatura todo el año”.
“Es un paraíso”, asegura el albaceteño afincado en Perú, aunque detalla que “el país está un poco descuidado”. Eso sí, a pesar de su pequeño oasis particular, Borrell no olvida sus raíces albaceteñas. “Me encanta venir, comer y estar con la familia, aunque me muero de frío los primeros días”, confiesa.
Lo cierto es que cuando uno se aleja más de 10.000 kilómetros de casa hay diferencias y choques culturales. En este caso, esta aventura, que ha sido el viaje de su vida para Israel, le ha hecho ver y tomarse la vida de una forma diferente. “Me fui siendo un chiquillo, con 21 años, estaba en toda la locura, me costó adaptarme y llegué a currar”, manifiesta, y explica que “al principio echaba mucho de menos el cambio de estación, así como ahora no aguanto el frío, cuando llegué no aguantaba el calor”. “Te vas acostumbrando, pero echaba de menos sacar la ropa de invierno”, sostiene.

Israel, el albaceteño que lleva 3 décadas en Perú y un Rally Dakar: “No me lo hubiera perdonado en la vida si hubiera dejado pasar esa oportunidad”
Y no solo eso. Israel destaca que “en Perú se vive más intenso, para mí, mucho más real”, y confiesa que “de momento, no volvería a España”. Del mismo modo señala, que “aquí todo es mucho más salvaje, en España todo es más regulado, siento que se vive más libre aquí, trabajas para ti, no para el gobierno”.
“No soy millonario, tengo un bonito negocio que me permite manejar mi tiempo y estar con mi hijo”, señala, algo que también le permite continuar con una de sus grandes pasiones: las motos. Y es que Israel Borell fue le primer albaceteño en surcar las curvas del Rally Dakar, y a día de hoy, este modo de vida le sigue permitiendo disfrutar de su pasión por las motos. “De pequeño me compraba las revistas de las motos y trabajé durante años en Perú. Por diferentes problemas, trasladaron el Dakar de África a Latioamérica, y llegaron a Perú”, y es que parece que fue el propio reto el que buscó al motorista.

“Empezamos a preguntar y a movernos, vimos que la gente que participaba no eran extraterrestres, eran de carne y hueso como nosotros”, explica, y manifiesta que “vimos que en 2013 salía de Lima”. “No me lo hubiera perdonado en la vida si hubiera dejado pasar esa oportunidad”, recuerda. Un hito que también marcó un antes y un después en Albacete, cuyo legado ha recogido Juan Carlos Torres, quien también ha conseguido recientemente participar en el Rally Dakar. “Moví cielo y tierra”, recuerda sobre su participación en el Dakar. Y es que a veces, llegar a la línea de salir, ya es todo un triunfo en este exigente reto deportivo.

Y así, casi sin darse cuenta, el viaje que empezó como una escapada de unos meses, terminó convirtiéndose en la gran aventura de la vida de Israel Borrell. Más de 10.000 kilómetros separan hoy a Israel de la ciudad que lo vio nacer, pero Albacete sigue siendo ese lugar al que volver para abrazar a los suyos, saborear la comida de siempre y recordar de dónde salió aquel joven de 21 años que un día decidió cruzar el océano. Tres décadas después, entre el sonido del mar de Máncora, las motas y un pequeño hotel que mira al Pacífico, Israel ha construido su propio camino.

