“Su manto de terciopelo, bordado por Carmelitas, es un pedazo de cielo…Y sus tiernas manecitas, miman al desamparado, al triste, al incomprendido y al que está necesitado”, son palabras extraídas de un poema que Valeriano Belmonte dedicó a la Macarena durante su tradicional visita al Cotolengo. Poemas y ripios que esta Semana Santa resonarán en Albacete abrazados por el silencio que ha dejado la pérdida de este querido albaceteño.
La Semana Santa de Albacete se vivirá este año con el corazón encogido por dos ausencias que han dejado un silencio difícil de llenar. En mayo de 2025 la ciudad despedía a dos figuras esenciales, Valeriano Belmonte y Juan José Sánchez Romero, nombres que forman parte inseparable de la historia reciente de esta celebración. Su entrega, su compromiso y su amor por las tradiciones cofrades contribuyeron a engrandecer una Semana Santa que hoy es referente y orgullo colectivo.

Un homenaje nacido del agradecimiento
Precisamente a modo de homenaje, tal como trasladaba el presidente de la Junta de Cofradías y Hermandades de la Semana Santa de Albacete, Antonio Martín, “hemos impulsado la creación del primer Encuentro Poético Musical-Juan José Sánchez Romero, ‘Palabras de encuentro’”, que se celebrará el 3 de marzo. Este albaceteño era conocido cariñosamente entre los cofrades como ‘Juanjo del Nazareno’, quien trabajó de forma constante por cuidar la fe, el patrimonio y a las personas que hacen posible la Semana Santa albaceteña.

Juan José Sánchez Romero era una de esas figuras imprescindibles que sostienen la historia desde el compromiso sereno y el trabajo constante. Desde la presidencia de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y, más tarde al frente de la Junta de Cofradías, impulsó una etapa decisiva de consolidación y apertura para la Semana Santa de Albacete. Supo conjugar una mirada moderna, adaptada a los nuevos tiempos, pero sin perder la esencia de esta importante cita para la ciudad; muestra de ello fue su labor investigadora, que contribuyó a preservar la memoria y a poner en valor la riqueza histórica y devocional de la ciudad. Y es que Juan José Sánchez Romero “era una enciclopedia de la Semana Santa”, reconocía Antonio Martín sobre la gran fuente de sabiduría que era este albaceteño.
Pero más allá de los cargos y los logros visibles, el legado de este albaceteño en nuestra Semana Santa se miden en los pequeños gestos. Juan José Sánchez Romero llevaba por bandera el trabajo constate y discreto, la generosidad y su compromiso por el bien común. La ausencia de este cofrade albaceteño deja un hueco profundo, pero también una enseñanza imborrable: que la Semana Santa de Albacete se engrandece cuando se vive desde la entrega sincera.

La voz que puso palabras al sentimiento cofrade en Albacete
Otro ejemplo de devoción que también echará en falta la Semana Santa de Albacete es Valeriano Belmonte. Este querido y emblemático vecino de Albacete ponía voz al sentimiento de toda una ciudad al mirar frente a frente a las imágenes mientras procesionaban, instante en el que no dudaba en alzar la voz para dedicarles unos ripios de su puño y letra. Valeriano Belmonte supo poner palabras y color como nadie al sentimiento cofrade de toda la ciudad de Albacete.
Fue la voz poética de la Semana Santa de Albacete. Sus textos, cargados de sensibilidad, recogían el silencio solemne de las procesiones, la emoción de los albaceteños y la profunda espiritualidad que envuelve cada paso. Poemas y ripios en los que la fe, la memoria y la identidad de la ciudad encontraban una expresión serena y sincera.

A través de sus aportaciones, Valeriano Belmonte contribuyó a fortalecer el sentimiento de pertenencia y transmitir, desde la sencillez, el valor humano y espiritual de la Semana Santa. Destacaba sobre la figura de este albaceteño el presidente de la Junta de Cofradías que su presencia era “cercana, constante y profundamente comprometida”, manifestando Antonio Martín que “Valeriano era de Semana Santa para afuera”.
Confesaba Antonio Martín sobre las ausencias de Juan José Sánchez Romero y Valeriano Belmonte que “se les va a echar de menos”, sin embargo, ponía en valor que “nos queda el legado que nos dejan para aprender de todo lo que han aportado a nuestra Semana Santa”. “Eran dos personas que querían mucho la Semana Santa de Albacete y nos han dejado un importante legado del que tenemos que seguir empapándonos”, subrayaba.

Aunque ya no estén físicamente, su huella permanecerá viva en cada procesión, en cada paso que avance por las calles de Albacete y en cada detalle que ayudaron a construir. Y es que, hay personas que trascienden el tiempo y cuya memoria se convierte, para siempre, en esencia y alma de la Semana Santa de Albacete.

