Las ‘ayudas externas’ a las que recurrió el Albacete en la jornada del pasado sábado no se quedaron sólo sobre el césped del Carlos Belmonte. Mientras el equipo se preparaba para medirse al Sabadell, en el interior del estadio también hubo espacio para una práctica vinculada a la superstición: la quema de palo santo, acompañada de un mensaje que pedía dejar atrás la mala suerte y que terminaba con una consigna inequívoca: «¡A GANAR!».
El Digital de Albacete ya informó de la presencia de varios ajos sobre el terreno de juego durante aquella jornada. Ahora, otra imagen permite conocer un nuevo detalle de ese recurso a los símbolos y los rituales en torno al encuentro: tres fragmentos de madera con sus extremos quemados, dispuestos alrededor de un pequeño plato azul y junto a una hoja con un texto impreso.

Palo santo en la zona de las oficinas del Albacete
La quema de palo santo se produjo en las entrañas del Carlos Belmonte, en la zona de la sala de prensa y su estancia contigua. En este espacio se encuentran actualmente las oficinas del club, trasladadas al estadio debido a las obras que se están realizando en la Ciudad Deportiva Andrés Iniesta.
Fue allí donde se recurrió a esta práctica, cuyo sentido en aquella jornada quedaba reflejado en el escrito que acompañaba a la madera. El mensaje mezclaba referencias a la eliminación de la mala suerte con apelaciones a la unión del equipo, el esfuerzo y el respaldo a los compañeros.
La fotografía muestra los tres trozos de palo santo con marcas de combustión en sus extremos y el documento colocado junto a ellos. El texto aludía expresamente a los partidos anteriores, los lamentos y las dudas, antes de invocar la fortuna para el encuentro.
«Que el humo de este leño sagrado rompa cualquier maldición»
El mensaje que acompañaba al palo santo decía íntegramente: «Que el humo de este leño sagrado rompa cualquier maldición, bloqueo o mala racha que intente frenarnos. Borramos los fantasmas de los partidos jugados, los lamentos y las dudas. A partir de este instante, queda purificado el aire que respiramos y el suelo que pisamos. Invocamos la puntería, la garra y la fortuna en cada pase. Que la pelota sea nuestra aliada y el campo nuestro amigo. Nadie nos va a quitar lo que merecemos por derecho y por sudor. Nos blindamos como familia, como equipo, respaldamos a los compañeros y defendemos esta camiseta a muerte. QUE HOY QUEDE ATRÁS LA MALA SUERTE Y NOS ACOMPAÑE LA FORTUNA ¡A GANAR!».

En qué consiste la quema de palo santo
El palo santo es una madera aromática utilizada como sahumerio, es decir, para producir humo con el que se perfuma un espacio. La práctica consiste en prender uno de sus extremos y apagar después la llama, de modo que la madera continúe desprendiendo humo durante un tiempo, de forma similar al incienso.
Además de ese uso aromático, su quema está vinculada a tradiciones y rituales que le atribuyen un significado de limpieza espiritual o simbólica. En ese contexto, se emplea con la intención de alejar las malas energías o atraer la buena fortuna. Estas atribuciones forman parte de las creencias asociadas a la práctica.
En el caso del Carlos Belmonte, el propio escrito concretaba esa intención mediante referencias a romper una «maldición, bloqueo o mala racha» y a que la fortuna acompañara al equipo. También incorporaba un componente de arenga deportiva, con alusiones a la camiseta, el compromiso colectivo y la confianza entre compañeros.

De los ajos en el césped al ritual en el interior del estadio
Los ajos sobre el terreno de juego y el palo santo en la zona de las oficinas fueron dos detalles de una misma jornada, la del encuentro del sábado 31 de octubre ante el Sabadell. Ambos situaron la superstición entre las escenas que dejó el partido, tanto a la vista de quienes estaban en el campo como en dependencias interiores del Carlos Belmonte.

El Albacete terminó aquella noche con una victoria por 2-1, la segunda consecutiva. Al margen del resultado deportivo, la imagen del palo santo y el mensaje que lo acompañaba añaden otra escena a lo que se vivió en el estadio durante aquella cita. Y es que, además de la garra que reclama Joseba Etxeberría, el Albacete recurrió a los ajos y al palo santo; y a su fiel afición, que llevó en volandas a los blancos desde el pitido inicial y convirtió el Carlos Belmonte en una olla a presión.

