Juan Carlos Guijarro, el farmacéutico albaceteño que deja huella en este pueblo de Cuenca: «Dejo aquí media vida»

Juan Carlos Guijarro, natural de Minaya (Albacete), regresa a su pueblo tras media vida en la farmacia de Cañada Juncosa (Cuenca)

Cañada Juncosa (Cuenca) dice adiós a una figura que ha formado parte de su vida cotidiana durante más de tres décadas. Juan Carlos Guijarro, natural de Minaya (Albacete), pone fin a su etapa al frente de la farmacia del municipio, que abrió una nueva página en su vida en 1995. Tras toda una vida dedicada a la atención de sus vecinos, regresa ahora a su pueblo natal con la satisfacción del trabajo realizado, el recuerdo de tantas historias compartidas y la tristeza de no haber encontrado, por el momento, a alguien que tome el relevo.

La decisión deja en el aire una cuestión fundamental para el futuro de Cañada Juncosa: la continuidad de un servicio sanitario esencial en una localidad de poco más de 200 habitantes. Si no aparece un nuevo farmacéutico interesado en hacerse cargo del establecimiento, el municipio podría quedarse sin farmacia, con las dificultades que eso supondría, especialmente para las personas mayores y quienes tienen más problemas para desplazarse.

De Albacete a Cuenca: una oportunidad que cambió su vida

La trayectoria de Juan Carlos comenzó mucho antes de llegar a Cuenca. Nacido en Minaya, cursó el bachillerato en San Clemente (Cuenca) y se trasladó después a Valencia para estudiar Farmacia. Una vez terminada la carrera, regresó a Albacete, donde pasó dos años buscando trabajo antes de comenzar a realizar sustituciones y trabajar como farmacéutico adjunto en distintos establecimientos.

Durante dos años y medio estuvo trabajando en una farmacia de Albacete, pero, cuando terminó su contrato, la situación se complicó. Ya estaba casado y tenía dos hijos, y enlazar periodos en distintas farmacias no era una opción fácil para su familia. Su deseo era disponer de su propia farmacia, aunque los precios de los establecimientos que encontraba estaban “desorbitados, imposibles”, tal y como comparte con El Digital de Albacete.

Foto: Cedida
Foto: Cedida

Y entonces apareció la oportunidad de Cañada Juncosa. Juan Carlos decidió dar el paso y hacerse cargo de la farmacia en 1995, cuando tenía 35 años. El comienzo, sin embargo, no fue sencillo: durante aquella primera etapa recorría unos “200 kilómetros diarios desde Albacete”, donde residía. Además de atender Cañada Juncosa, también prestaba servicio a los municipios de El Cañavate y Atalaya del Cañavate, lo que aumentaba los desplazamientos y la responsabilidad diaria.

A pesar de las dificultades, la ilusión compensaba el esfuerzo. «El día que salimos de la notaría, sentí una alegría inmensa”, recuerda Juan Carlos sobre el momento en que formalizó la compra. Para él, hacerse con su propia farmacia era cumplir “un sueño” profesional, una emoción que compara con la vivida con el nacimiento de sus hijos.

Más que una farmacia, un lugar de confianza

Con los años, el establecimiento fue mucho más que un lugar donde recoger medicamentos. La relación con los vecinos se convirtió en una parte fundamental de su trabajo y de su vida.

Juan Carlos ha acompañado a generaciones de habitantes de Cañada Juncosa, compartiendo con ellos conversaciones, preocupaciones y momentos difíciles. En un pueblo pequeño, la farmacia es también un espacio de confianza, donde el trato personal adquiere una importancia especial y donde el profesional termina conociendo de cerca las circunstancias de quienes acuden a su puerta.

“Son más que familia”, explica al recordar a sus clientes. Para él, el día a día ha estado marcado por esa cercanía, por las personas que se acercaban a contarle sus problemas y por los vínculos que se construyen después de tantos años de convivencia.

Por eso, la despedida no se limita al cierre de un negocio. Supone dejar atrás una comunidad a la que ha dedicado buena parte de su vida. “Más de la mitad de la vida la dejo entregada aquí al pueblo y al servicio”, reconoce, consciente de que una parte importante de su historia personal permanecerá ligada a Cañada Juncosa.

De las cajas de medicamentos al trabajo digital

La experiencia de Juan Carlos también permite observar cómo ha cambiado la profesión farmacéutica en las últimas décadas. Su recuerdo más antiguo de la distribución de medicamentos se remonta a su infancia en Minaya, cuando el autobús realizaba dos servicios diarios y dejaba en el pueblo las cajas destinadas a la farmacia.

“Cuando no bajaba el farmacéutico a recogerlas, las subíamos los niños y nos daba 23 pesetas”, señala. Unos años que recuerda con enorme cariño, como una escena de una infancia que transcurrió entre la escuela, los juegos y las calles de su pueblo.

Desde entonces, el sector ha experimentado una profunda transformación. La gestión de recetas, las comunicaciones con la Administración sanitaria y buena parte de los procedimientos cotidianos dependen ahora de herramientas informáticas y de una conexión a internet que, en los pueblos pequeños, no siempre funciona correctamente, como indica el farmacéutico.

Juan Carlos señala que la adaptación tecnológica se ha convertido en una exigencia importante para quienes desean hacerse cargo de una farmacia. “Tienes que ponerte a nivel de informática, tienes que estar bastante preparado, si no es que es imposible”, advierte. Los problemas de conexión, añade, han provocado jornadas especialmente complicadas en localidades rurales.

Juan Carlos Guijarro / Foto: Cedida

A esta transformación se suma la necesidad de encontrar profesionales dispuestos a desarrollar su carrera en municipios pequeños. “Ahora lo que se necesita es gente joven”, afirma, preocupado por la dificultad de garantizar el relevo generacional.

El futuro de la farmacia, una preocupación para el pueblo

La salida de Juan Carlos plantea un desafío que va más allá de su situación personal. Cañada Juncosa cuenta con poco más de 200 habitantes y, como sucede en otras localidades rurales, mantener los servicios básicos resulta esencial para que sus vecinos puedan continuar viviendo en el municipio con garantías.

La farmacia desempeña un papel especialmente importante para quienes necesitan medicamentos de manera habitual o tienen dificultades para trasladarse a otras localidades. Por eso, la posibilidad de que el establecimiento cierre definitivamente si no aparece un comprador o un nuevo profesional genera incertidumbre.

El propio Juan Carlos lamenta no haber encontrado hasta ahora a alguien que continúe con la actividad, pese a su disposición a ofrecer mejores condiciones de las que él tuvo cuando comenzó. “Ahora tengo la tristeza de no poder dar mejores condiciones que me dieron a mí”, explica.

Su deseo es que la farmacia pueda seguir abierta y que otra persona recoja el testigo. Después de tantos años, encontrar un relevo significaría dar continuidad a un servicio imprescindible y evitar que el pueblo pierda uno de los puntos de atención más cercanos para sus vecinos.

“Me merezco un descanso, me lo he ganado”

Aunque inicialmente tenía previsto permanecer al frente de la farmacia, las circunstancias personales terminaron influyendo en su decisión. “Me merezco un descanso, me lo he ganado”, asegura. No se trata de una despedida sin sentimientos encontrados: junto a la ilusión por iniciar una nueva etapa, aparece la tristeza de abandonar a las personas con las que ha compartido tantos años.

Ahora quiere viajar con más tranquilidad, dedicar tiempo al campo, “que es mi otra debilidad”, y disfrutar de una vida menos condicionada por los horarios y las obligaciones de la farmacia. Y sobre todo, “viajar”, sostiene Juan Carlos.

El regreso a Minaya, el pueblo que nunca olvidó

El destino de esta nueva etapa no podía ser otro que Minaya (Albacete). Juan Carlos habla de su infancia con un cariño especial. Vivió allí hasta los diez años, cuando se marchó interno a San Clemente, y conserva el recuerdo de una niñez feliz, marcada por la escuela, los juegos y el descubrimiento de cada rincón del municipio.

“La infancia de Minaya la recuerdo con mucho cariño porque he disfrutado un montón, por eso me gusta tanto el pueblo”, manifiesta. Incluso confiesa que, durante sus primeros años fuera, lloraba por perderse la feria. Con el tiempo se acostumbró a la distancia, pero el vínculo con sus raíces nunca desapareció. “Hace callo al final, pero los primeros años lloraba”, confiesa.

Eso sí, Guijarro es un minayero orgulloso de su pueblo: “He hecho gala de Minaya donde he ido”, asegura, orgulloso de su origen y de la tierra a la que ahora regresa.

Su marcha cierra un capítulo de más de treinta años en Cañada Juncosa, pero deja también el recuerdo de una profesión ejercida desde la cercanía y el compromiso con el medio rural. Juan Carlos Guijarro se despide con la tranquilidad de haber dedicado buena parte de su vida a sus vecinos y con la esperanza de que alguien continúe la labor.

Mientras tanto, Cañada Juncosa queda pendiente de una respuesta que será decisiva para su futuro: que la farmacia encuentre un nuevo titular y que el servicio siga acompañando a quienes, durante tantos años, han tenido en Juan Carlos no solo a su farmacéutico, sino también a una persona de confianza. Y mientras ese candidato llega, Juan Carlos regresa a casa para disfrutar de sus pasiones tras toda una vida detrás del mostrador de su farmacia en Cañada Juncosa.

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Noelia López

Natural de Albacete, Graduada en Periodismo por la Universidad Miguel Hernández. Experiencia en medios de comunicación como VIsión6, Es Radio y Telemadrid
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