En Albacete hay quienes llegaron a esta práctica deportiva por curiosidad y hoy cuentan los días para volver a la pista. Jóvenes que buscaban desconectar, adultos que empezaron desde cero y familias que han encontrado una afición compartida están dando impulso a un deporte que gana adeptos por su facilidad para empezar a disfrutarlo. «Te diviertes desde el primer día», aseguran quienes lo practican. Una pala ligera, una pelota perforada y unas reglas sencillas son la puerta de entrada al pickleball.

El pickleball gana terreno en la capital y en toda la provincia de Albacete con una fórmula que reúne a distintas generaciones: aprender pronto, disfrutar jugando y encontrar una comunidad. El Club Pickleball Albacete, respaldado por Globalcaja, y ‘La Fábrica’, en Almansa, cuentan a El Digital de Albacete cómo crece una afición que ya tendrá su primer circuito provincial.

Inma juega con su marido y, a veces, también con su hijo. Fabio empezó buscando un lugar donde desconectar después de dejar el fútbol y ha terminado subiendo a un podio en Barcelona. Nuria llegó por recomendación de su madre y encontró mucho más que una actividad deportiva. Tres caminos distintos hacia una misma pista. Tres formas de explicar por qué el pickleball está conquistando un hueco en Albacete.

«Te diviertes desde el primer día, es fácil engancharse», cuenta Nuria Gómez, integrante del Club Pickleball Albacete. Desde Almansa, donde practica en las instalaciones de La Fábrica, Fabio Coloma lo expresa con una experiencia personal: «He hecho amigos y es un sitio muy acogedor. Me hace feliz y, sobre todo, hago deporte».

Entre ambas frases aparece buena parte de la explicación de su auge. Una pala ligera, una pelota de plástico perforada, una pista pequeña y unas reglas que se asimilan pronto permiten empezar sin una larga experiencia deportiva. Después llegan la técnica, la estrategia y, para quien lo desea, la competición. Pero antes suele llegar algo más sencillo: las ganas de volver.

En la capital, ese crecimiento tiene uno de sus motores en el Club Pickleball Albacete, que ronda los 60 socios y cuenta con Globalcaja como patrocinador principal. En Almansa, el futbolista y empresario Alberto Martínez Oca impulsa junto a Mateo Torres ‘La Fábrica’, un centro privado con cuatro pistas cubiertas cuya escuela ha duplicado su alumnado respecto al curso anterior. Son proyectos diferentes que muestran cómo este deporte va encontrando su espacio en la provincia.

El siguiente paso ya tiene nombre: Pickleball Tour Diputación de Albacete, un primer circuito provincial que llevará esta disciplina a seis municipios entre noviembre de 2026 y abril de 2027.

Una mezcla familiar, con personalidad propia
Para quien todavía no haya visto un partido, Julián Cabrera, presidente del Club Pickleball Albacete, propone una primera aproximación: «Es un deporte de pala que combina distintas cuestiones de deportes de raqueta, de tenis, de pádel, de bádminton e incluso de ping-pong». El pickleball nació en Estados Unidos hace unos 60 años, según recuerda Julián Cabrera, que describe unos comienzos con palas de madera y una red cuya altura se fue adaptando para dar forma al juego. Sobre su peculiar nombre, el presidente del Club Pickleball Albacete comparte una de las historias que circulan acerca de su origen: «La leyenda dice que los creadores de este deporte tenían un perro que se llamaba Picky y que iba detrás de las bolas». De esa asociación entre el animal y la pelota habría surgido la denominación, una explicación que Cabrera relata como una anécdota, sin presentarla como una certeza histórica. Volviendo a lo que es este deporte en sí, se disputa en individuales, con una persona a cada lado de la red, o en dobles, con dos parejas. La pala es rígida, sin cuerdas, y la pelota es de plástico y tiene agujeros. La pista mide 13,41 metros de largo por 6,10 de ancho, las mismas dimensiones que una de bádminton para dobles. A diferencia del pádel, las paredes no forman parte del juego: la pelota debe pasar sobre la red y caer dentro del campo contrario.

El objetivo resulta familiar: devolverla antes de que dé dos botes y conseguir que el rival no pueda responder correctamente. Si se queda en la red, sale fuera o bota dos veces antes de ser golpeada, termina la jugada. La facilidad para empezar a intercambiar golpes es, para Cabrera, una de sus grandes virtudes. «No genera frustración en el inicio del jugador, porque rápidamente empiezas a pasar bola de un lado al otro del campo», explica. Y recurre a una imagen reconocible: «Todos hemos jugado en la playa con las palas; de inicio puede ser así». Esa primera sensación no significa que se domine enseguida. Significa que la diversión puede aparecer antes de dominarlo.

Dos botes y una «cocina»: las reglas que le dan su carácter
El saque se dirige en diagonal al recuadro contrario, superando la zona próxima a la red. En su modalidad habitual, se golpea por abajo. A partir de ahí entra en juego una de las reglas esenciales: la del doble bote. Quien recibe debe dejar que la pelota bote antes de devolver el saque. Después, quien ha sacado también debe dejar botar esa devolución antes de golpear. Es decir, la pelota tiene que botar una vez en cada campo durante esos dos primeros intercambios. Cumplido ese requisito, ya se puede jugar al bote o de volea, golpeándola en el aire, con una limitación fundamental.

Esa limitación es la «cocina»: una franja de 2,13 metros a cada lado de la red en la que no se puede volear pisando su interior ni la línea que la delimita. Tampoco vale golpear desde fuera y caer dentro por el impulso de esa volea. Sí se puede entrar para devolver una pelota que haya botado previamente. «Facilita que los puntos duren más», explica Cabrera. Evita que un jugador se instale pegado a la red para rematarlo todo y obliga a elegir cuándo avanzar, cuándo esperar y dónde colocar la pelota.

En el sistema tradicional de puntuación solo suma el jugador o la pareja que está sacando, y los juegos suelen disputarse a 11 puntos, con dos de diferencia. Si quien recibe gana el intercambio, obtiene una ventaja en el turno de servicio, pero no añade un punto a su marcador. En dobles, normalmente ambos compañeros disponen de turno de saque antes de que este pase a los rivales, con la excepción del primer turno del partido.

Con esas bases ya se puede entender un encuentro. El resto se descubre jugando: un golpe suave cerca de la red, una pelota que obliga a retroceder, un espacio libre entre los dos contrarios. La potencia tiene su lugar, pero también lo tienen la paciencia y la precisión.

El Club Pickleball Albacete: probar sin tener que comprar
En la capital, el Club Pickleball Albacete organiza sus encuentros los martes y los jueves en las instalaciones de MEDAC. Según su presidente, las plazas disponibles suelen completarse y la entidad continúa sumando socios de forma gradual. «Lo importante es que vamos creciendo», afirma Cabrera, que sitúa en torno a 60 el número actual de integrantes. Su invitación a quienes sienten curiosidad es concreta: «Tienen derecho a dos días de prueba gratuita, sin ningún compromiso. Les dejamos el material».

No hace falta comprar una pala antes de saber si gusta ni acudir con experiencia. El club proporciona una primera oportunidad de conocer las reglas, pasar pelotas y compartir pista. También hay opciones al aire libre. Cabrera destaca que el Ayuntamiento ha facilitado el marcaje de pistas en espacios como La Pulgosa, la Fiesta del Árbol y una pista deportiva situada frente a los nuevos juzgados. Para utilizarlas hay que disponer de una red portátil, un recurso que permite adaptar espacios existentes a esta práctica.

La accesibilidad está también en las personas que pueden encontrarse al otro lado de la red. «Podrían estar jugando el nieto, el padre y el abuelo», resume el presidente. En los niveles de iniciación y de práctica recreativa, las dimensiones de la pista y la ligereza del material facilitan que coincidan generaciones y condiciones físicas distintas. Cabrera introduce, no obstante, un matiz: «Un jugador profesional es exigente técnicamente y es exigente físicamente, por supuesto». El pickleball permite empezar de forma asequible y aumentar la dificultad a medida que crece el nivel.

Globalcaja, un respaldo para seguir sumando
Detrás de las quedadas, de la difusión y del esfuerzo por incorporar nuevos jugadores también está el apoyo de quienes acompañan al club. Cabrera subraya especialmente el papel de Globalcaja. «El respaldo de Globalcaja es muy importante. Es el patrocinador principal de nuestro club, todos los años apuesta por nosotros y nos ayuda», señala.

La entidad financiera extiende además ese compromiso al nuevo circuito provincial, del que también es patrocinador principal. Para el presidente, supone una apuesta por una disciplina que está creciendo y que necesita apoyos para llegar a más gente: «Una vez más, Globalcaja apuesta por el deporte provincial». Ese acompañamiento sostiene el trabajo de una comunidad que quiere crecer desde la base. «Hay que cuidar más al jugador amateur para que la base de la pirámide sea fuerte», defiende Cabrera, que también reclama atención para los más pequeños y oportunidades para que se incorporen al deporte.

«Esto es una red social»
Nuria Gómez empezó por una recomendación familiar. «Jugaba mi madre, que era profesora de Educación Física, y me dijo que era muy divertido. Y es verdad», recuerda. Con el tiempo, la pista se convirtió también en un lugar de encuentro. «Esto es una red social. Tenemos un interés común, nos gusta hacer deporte y luego es muy fácil que haya una relación personal con la gente, porque llegas aquí, te diviertes y generas conexiones».

Incluso cuando ha participado en torneos, la experiencia ha ido más allá del resultado: «El objetivo no era ganar, sino ir con un grupo de amigos a pasar un fin de semana fuera y hacer una actividad distinta». Nuria quiere que esa comunidad siga ampliándose, especialmente con más mujeres. «Faltan chicas que se animen a practicar este deporte. Cada vez hay más, pero faltan chicas», afirma. Y deja una invitación: «Que se animen, que es una forma de divertirse».

Juani Prieto Martínez, una de las veteranas, recoge el mensaje con humor: «Estamos pocas, pero somos muy guerreras». Juegan con ellos, contra ellos y sin miedo al marcador. «¿Qué puede pasar? Pues perdemos y ya está». Aunque añade enseguida: «Alguna vez también ganamos». Juani recuerda los primeros pasos junto a Paco Flores y el esfuerzo compartido para dar continuidad al proyecto: «Poquito a poco, despacio, pero seguro, vamos consiguiendo que la gente lo conozca cada vez más».

José Antonio Palacios Martínez, socio fundador del Club Pickleball Albacete, representa otra puerta de entrada: la de quien viene de otros deportes y encuentra una actividad que encaja mejor con su momento vital. «Vi este y me gustó bastante. Era muy inclusivo y se coge un cierto nivel con poquito», explica. Después descubrió que también había mucho que aprender: «Es muy táctico, mucho posicionamiento». Ahora pide que lleguen nuevos compañeros: «Falta juventud para que vaya tirando para arriba y nos vaya renovando».

La Fábrica de Almansa: del proyecto empresarial a una comunidad
En Almansa, otra de las expresiones de este crecimiento está en La Fábrica. Sus usuarios y su escuela forman parte de un centro privado impulsado por Mateo Torres y su socio Alberto Martínez Oca, futbolista que ahora está sin equipo y que ha dado también el salto al emprendimiento alrededor del pickleball.

«La Fábrica es un espacio indoor con cuatro pistas de pickleball. Llevamos alrededor de un año y medio en funcionamiento», explica Oca. El centro combina enseñanza y alquiler: «Tenemos una parte de escuela enfocada a niños y adultos de todas las edades y todos los niveles, y luego una parte de alquiler y social donde cada persona puede entrar desde una aplicación y reservar su partido».

La evolución de la escuela permite poner cifras a ese interés. «El año pasado empezamos con alrededor de 50 personas y este año hemos doblado el número», cuenta Martínez Oca. «Estamos muy contentos. Quiere decir que se están haciendo las cosas bien, que es un deporte que gusta y que engancha». La franja de edades también es amplia: «En la escuela cogemos niños a partir de seis años y los usuarios más mayores superan los 60». La intención, explica, es que cada uno encuentre su lugar: «Queremos que todo usuario que venga se sienta bien recibido y tenga su espacio».

Para Martínez Oca, el primer contacto vuelve a ser decisivo. «La media para que un adulto empiece a divertirse son tres o cuatro partidos: se lo está pasando genial, aprendiéndose las reglas y disfrutando de un deporte nuevo». A partir de ahí, la instalación busca mantener vivo ese interés con propuestas femeninas, encuentros por niveles, actividades entre niños y adultos y una liga local. También abre sus pistas a iniciativas de otros colectivos, como el torneo de la comparsa Mosqueteros, que combina deporte y convivencia. «Se está creando una comunidad», resume.

Aprender desde cero a los 56 años
Inma Calatayud, profesora de danza y recepcionista de hotel, tiene 56 años y juega dos veces por semana en La Fábrica. Su historia empieza sin conocimientos previos y con una invitación: «Lo descubrí por un familiar que nos propuso probar y me gustó mucho». «Empecé desde cero y poco a poco he ido evolucionando y entendiendo las reglas», cuenta. En su experiencia, el acompañamiento ha sido importante: «Los profesores son muy atentos y acogedores para que te sientas cómoda y aprendas con facilidad». El pickleball se ha incorporado a su vida familiar. «Voy a clases con mi marido y a veces juego con mi hijo y con amigos». La misma pista sirve para aprender, hacer ejercicio y compartir tiempo.

Enrique Tomás, también usuario de La Fábrica, llegó desde un recorrido diferente. Había practicado tenis y pádel desde pequeño y encontró en este deporte una ilusión renovada. «Me está dando mucha vida», reconoce. Valora especialmente poder organizar un partido sin depender del tiempo: «Te aseguras de poder alquilar la pista y jugar independientemente de la climatología que haya en el exterior». Pero vuelve a aparecer el vínculo entre las personas. «La gente que lo practica repite», señala. «Se genera una comunidad, un buen rollo, y esto incita a que cada vez haya más jugadores».

Fabio: de desconectar a competir
Con 19 años, Fabio Coloma muestra hasta dónde puede conducir aquella primera prueba. Conoció La Fábrica cuando estaba abriendo, pero el fútbol ocupaba entonces buena parte de su tiempo. En febrero dejó de jugar y decidió regresar. «Me dio por subir a desconectar un poco de todo y hacer deporte, que es lo que a mí me gusta», recuerda. Al principio acudía una o dos veces por semana y compartía pista con personas a las que no conocía.

«Poco a poco la gente se fue animando y empezamos a jugar más», relata. Ahora dedica muchas horas a entrenar y competir. Su punto de partida, asegura, no fue una gran experiencia con la pala: «Yo empecé de la nada. Nunca, o prácticamente nunca, había hecho deportes de raqueta». La competición llegó casi como una broma: «Un día nos dijimos de apuntarnos a un torneo entre risas». En junio participó en una prueba del Pickle Pro Tour en Madrid y después siguió buscando nuevos desafíos. En la cita de Barcelona consiguió el bronce en la categoría 4’5. El resultado habla de su progresión. Su manera de describir La Fábrica cuenta lo demás: «Es un sitio donde paso un montón de horas, conozco a gente nueva y he hecho amigos».

Un Tour para que la afición llegue a más pueblos
El crecimiento en la capital y en Almansa tendrá ahora un punto de encuentro provincial. El primer Pickleball Tour Diputación de Albacete está organizado por los clubes de Albacete y Almansa, con el apoyo de la institución provincial, la colaboración de los ayuntamientos participantes y Globalcaja como patrocinador principal.

La primera cita será el 7 de noviembre en La Roda. El recorrido continuará por San Pedro, Almansa, Chinchilla de Montearagón, Montealegre del Castillo y Albacete, con seis pruebas puntuables y un Máster Final. Habrá dobles masculinos, femeninos y mixtos, con niveles intermedio y avanzado y sin necesidad de estar federado. «Va a ser un punto de inflexión y un revulsivo para el deporte en la provincia», sostiene Julián Cabrera. Su objetivo principal es «acercarlo al gran público, que lo conozcan y que se animen a practicarlo». El presidente asegura que la respuesta a la primera parada ha superado sus previsiones: «Las inscripciones de La Roda ya están cerradas. Hemos superado todas las expectativas y están completas».

Desde La Fábrica, que según indica Martínez Oca acogerá la prueba de Almansa, comparten el entusiasmo: «Es una iniciativa muy buena, va a servir para que este deporte se dé a conocer en la provincia».

El diputado de Deportes, Dani Sancha, situó esa intención en el centro de la presentación del circuito: «Lo que queremos es darle forma, ofrecerle el paraguas de la Diputación y conseguir que siga creciendo en localidades y en participación». La aspiración es que cada torneo deje algo cuando se retiren las redes: personas que hayan descubierto el juego, que quieran volver a practicarlo y que encuentren con quién hacerlo.

En Albacete ya hay quienes saben cómo empieza esa historia. Con una madre que recomienda probar, un familiar que organiza un partido o un joven que busca desconectar. Después, una pelota cruza la red, alguien consigue devolverla y aparece el deseo de jugar otra vez. Nuria lo resume sin necesidad de hablar de clasificaciones: «Llegas aquí, te diviertes y generas conexiones».
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/ Fotos: Pilar Felipe /


