La noche de Halloween llega cada 31 de octubre, pero hay quienes no necesitan esperar a esta fecha para rodearse de calaveras, esqueletos y todo tipo de elementos terroríficos. Es el caso de Antonio Herráez, un vecino de Albacete que siente pasión por el mundo del terror desde pequeño y que ha convertido su casa en un auténtico museo, repleto de piezas curiosas, detalles sorprendentes y creaciones hechas con sus propias manos.
Entrar en su hogar es casi como adentrarse en un pasaje del terror. Cada rincón guarda alguna sorpresa y la decoración, lejos de ser algo puntual para estas fechas, permanece durante todo el año. Porque, para Antonio, Halloween no es solo una noche en el calendario, sino una afición que forma parte de su vida y que se refleja en cada espacio de su vivienda.

La vivienda de Antonio Herráez tiene una personalidad muy marcada. Las calaveras, las figuras y los elementos decorativos relacionados con el terror llenan buena parte de la casa, donde también destacan numerosas piezas artesanales que él mismo ha ido creando con paciencia y dedicación.
Antonio Herráez, un “fanático de las calaveras” y una casa donde es Halloween todo el año
“Adorno la casa todos los años para Halloween, pero solo con telarañas y algún esqueleto, lo demás está todo el año”, señala este vecino de Albacete, que explica que “mi casa es así durante todo el año. Soy un fanático de las calaveras y de todo lo que tenga que ver con el terror desde pequeño”.
Una pasión que lo acompaña desde hace años y que ha ido creciendo con el tiempo, hasta convertir su hogar en un espacio muy personal, alejado de las decoraciones convencionales y en el que cada detalle tiene su lugar.

Como ocurre con muchas aficiones, la de Antonio ha ido encontrando su espacio a lo largo de los años. Durante una etapa de su vida tuvo que conformarse con coleccionar las piezas que le gustaban, a la espera de poder colocarlas como siempre había imaginado. “Es algo que me gusta de siempre”, explica Herráez, aunque reconoce que “antes no podía tenerlo porque a mi mujer no le gustaba la decoración, así que iba coleccionando piezas y guardándolas”. Ahora, su casa refleja plenamente sus preferencias. Cada rincón lleva su sello personal y muestra hasta qué punto disfruta de esta particular afición. “La casa está decorada a mi gusto, y mi gusto es este”, sostiene.
“Más que una casa”, un museo del terror en Albacete
Quienes cruzan por primera vez la puerta de la vivienda de Antonio suelen llevarse una sorpresa. Lo que encuentran al entrar no es una decoración de Halloween al uso, sino un hogar en el que el terror está presente durante los 365 días del año.
Lo cierto es que “la gente se queda alucinada cuando entra a mi casa”, asegura este vecino de Albacete, que manifiesta que “han venido hasta amigos de mis hijos para hacerse fotos, y amigos de amigos solo para ver la casa”.

La curiosidad que despierta su hogar es tal que muchos visitantes necesitan preguntar si todo aquello permanece realmente así durante todo el año. “La gente se queda flipando y me pregunta si la casa está decorada así todo el año”, manifiesta, e indica que “más que una casa es un museo”.
Y no es difícil entender por qué. La originalidad de las piezas, la cantidad de detalles y el trabajo que hay detrás de algunas de ellas convierten la vivienda en un lugar muy especial, capaz de sorprender incluso a quienes sienten predilección por el mundo del terror.

El terror también se hace a mano
Entre los elementos más llamativos de la casa destacan unas manos que parecen irrumpir desde el techo para adentrarse en el interior de la vivienda. Una escena que bien podría formar parte de una película de terror y que, en realidad, es fruto de la creatividad y la habilidad de Antonio.
Lejos de limitarse a comprar objetos decorativos, este albaceteño disfruta elaborando algunas de sus propias piezas. Así ha dado forma a estas manos, que llaman la atención por su aspecto y por la manera en la que parecen salir del techo. Antonio explica que “se hacen con un guante relleno de algodón, cola y agua. Después se pintan y se hacen las uñas”, y añade que “las coloco en el techo para decorar, como si entrasen en casa”.

No son las únicas creaciones que ha realizado. Entre los objetos que forman parte de su particular colección también hay otros elementos elaborados artesanalmente. Además, este vecino de Albacete apunta que “también hago otras piezas, como los candelabros por ejemplo, que están hechos a mano”.
Cuando las calabazas, los disfraces y las decoraciones de Halloween vuelvan a guardarse en muchas casas, la de Antonio Herráez seguirá exactamente igual. Su pasión por las calaveras y el terror no depende de una fecha concreta, sino de una afición que le acompaña desde pequeño y que ha ido construyendo pieza a pieza.

Así, Herráez ha conseguido transformar su hogar en un lugar único, donde la imaginación, el trabajo artesanal y el gusto por lo terrorífico conviven durante todo el año. Porque para Antonio Halloween no termina cuando llega el 1 de noviembre. En su casa, el ambiente más escalofriante permanece los 365 días del año.


