El dolor puede convertirse en un compañero silencioso al que muchas personas terminan acostumbrándose, incluso cuando le impide llevar una vida normal. Pensar que desparecerá por sí solo, resignarse a soportarlo o creer que solo existen medicamentos para aliviarlo son ideas que pueden condicionar la forma de afrontar este problema. Desde Albacete, dos profesionales sanitarias del SESCAM ponen el foco en una cuestión clave para la calidad de vida y explican qué cuatro creencias conviene desterrar.
Cuatro mitos sobre el dolor que no deberías normalizar
María Teresa Romero, enfermera de la GAI de Albacete y Rosario Gil, enfermera supervisora de la Planta de Cirugía General y Torácica de la misma gerencia, protagonizan un vídeo difundido por el SESCAM en redes sociales para concienciar sobre la importancia de reconocer, comunicar y tratar el dolor.
Estas profesionales advierten de que asumir que sentir dolor es algo normal o que hay que aprender a vivir con él puede llevar a restarle importancia. “No todo el dolor es normal”, recuerdan en el mensaje, en el que insisten en que no debe normalizarse una molestia persistente o que limite las actividades cotidianas.
La iniciativa pone el foco en cuatro creencias extendidas que pueden influir en cómo las personas afrontan el dolor y en cuándo deciden pedir ayuda sanitaria.

“Es normal que te duela”: no todo el dolor debe asumirse como habitual
Una de las ideas que las enfermeras de la GAI de Albacete quieren desmontar es que sentir dolor sea siempre una consecuencia normal de la vida cotidiana, la edad o determinadas circunstancias.
El mensaje es claro: cuando el dolor persiste o limita la vida diaria, es importante comunicarlo y consultar con los profesionales sanitarios. Acostumbrarse a una molestia no significa que deba ignorarse ni que no pueda recibir atención.
“Ya se pasará”: esperar puede retrasar la valoración del dolor
Otro de los mitos más frecuentes es confiar en que el dolor desparecerá por sí solo. Sin embargo, las profesionales subrayan la importancia de valorar el problema cuanto antes para identificar la mejor manera de aliviarlo.
“Cuanto antes se valore, antes podremos encontrar la mejor forma de aliviarlo”, señalan estas profesionales sanitarias. La recomendación es no dejar pasar el tiempo cuando el dolor persiste, empeora o empieza a interferir en las actividades habituales. Consultar permite valorar cada caso y orientar el tratamiento más adecuado.
“Es mejor aguantar”: el dolor no debe soportarse en silencio
La tercera creencia que cuestionan María Teresa Tornero y Rosario Gil es que soportar el dolor sin expresarlo sea la mejor opción. Las enfermeras recuerdan que comunicar qué se siente, dónde duele, cuánto dura y cómo afecta a la vida cotidiana ayuda a los profesionales sanitarios a valorar la situación y decidir cómo abordarla.
“No tienes por qué soportar el dolor en silencio”, es uno de los mensajes centrales de la iniciativa. Explicar el dolor y sus efectos es un paso importante para recibir una atención ajustada a las necesidades de cada persona.
“Solo existen medicamentos para controlar el dolor”: hay más alternativas
El cuarto mito consiste en pensar que los fármacos son la única herramienta disponible para aliviar el dolor.
Frente a esa idea, las profesionales de la GAI de Albacete recuerdan que también existen terapias no farmacológicas que pueden contribuir a su control. La elección de las medidas más adecuadas depende de cada situación y de la valoración sanitaria.
El mensaje no plantea una alternativa entre medicamentos y otras terapias, sino que recuerda que el abordaje del dolor puede incluir distintas opciones, según las necesidades de cada paciente.
El mensaje de las enfermeras de Albacete: evaluar, tratar y controlar el dolor
La conclusión de la iniciativa del SESCAM es que el dolor no debe darse por inevitable ni afrontarse necesariamente en silencio. Su evaluación, el tratamiento adecuado y la comunicación con los profesionales sanitarios son elementos fundamentales para abordar un problema que puede afectar de forma directa a la calidad de vida.
Las dos enfermeras insisten en una idea esencial: el dolor se puede evaluar, tratar y controlar. Por eso, cuando persiste o limita la vida diaria, el consejo es no resignarse ni restarle importancia, sino comunicarlo para que pueda valorarse y recibir la atención correspondiente.

