El Digital de Albacete recoge a las puertas de la estación de trenes los testimonios de seis viajeros apenas un día después de la tragedia de Urda: nervios, angustia, confianza y la necesidad de seguir adelante
«Mi madre ya me dijo que no me fuera». Juan Ramón Sánchez tiene un viaje a Galicia organizado desde hace un mes, unos amigos con los que compartirlo y una preocupación que no estaba incluida en los planes. Apenas 24 horas después del accidente ferroviario de Urda, coger un tren también significa responder a los temores de quienes esperan al otro lado del teléfono. Paula Manglano lo resume con una frase que este jueves adquiere un significado doloroso: «Todos tenemos derecho a volver a casa».

A las puertas de la estación de trenes de Albacete, El Digital de Albacete ha conversado con seis viajeros que acababan de llegar o se disponían a salir hacia distintos puntos de España. Sus testimonios no son una encuesta representativa, pero permiten escuchar cómo se afronta un desplazamiento cotidiano después de una tragedia: hay miedo, nervios, algo más de angustia y una calma extraña. También confianza en el ferrocarril y personas que seguirán utilizándolo porque necesitan hacerlo.

El accidente ocurrido el miércoles 28 de octubre entre Los Yébenes y Urda, en Toledo, implicó a un AVE de Renfe que cubría el trayecto Madrid-Sevilla y a un tren de Iryo. El último balance comunicado este jueves por el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, tras la reunión del Centro de Coordinación Operativa Integrada, eleva a 69 las personas fallecidas.
Según esa actualización, de los 110 ingresos registrados en hospitales de Castilla-La Mancha, 60 personas habían recibido el alta y 50 permanecían hospitalizadas. García-Page también informó de una evolución favorable en cuatro de los 15 pacientes clasificados con código rojo por su gravedad. Son datos provisionales de una emergencia que mantiene a familias pendientes de noticias y a los equipos de asistencia volcados en los afectados. Una de las personas hospitalizadas, se encuentra en la UCI del Hospital de Albacete.

«Me he sentido un poco nerviosa y tenía el corazón a mil»
Elsa Martínez acaba de llegar a Albacete desde Cuenca, donde estudia. Es un recorrido habitual para ella. Este jueves, sin embargo, lo ha vivido de otra manera. «La verdad es que al principio, cuando ha parado en la estación, me he sentido un poco nerviosa y tenía el corazón a mil», explica. «Después de todo lo que ha pasado es como muchas emociones».
No habla únicamente de lo que podría ocurrirle. También piensa en quienes viajaban en los trenes accidentados: «Te pones en la piel de las personas de allí». En el trayecto ha percibido un ambiente diferente. «Lo veía como más apagado. Había también menos gente». Y añade: «La gente lleva otros ánimos».
Cuando se le pregunta si se puede hablar de miedo, responde: «Sí, la verdad es que sí». Su familia le ha pedido «que les avisara de todo», una preocupación que acompaña ahora a un desplazamiento que realiza todas las semanas.
Elsa seguirá usando el tren. «Es un método de transporte rápido», señala. «Estas cosas no esperas que pasen». La respuesta a si volverá a viajar es afirmativa, aunque incorpora un matiz: «Sí, lo que pasa es que ya los ves de otra manera».

«Miedo, pero no desde ayer»
Paula Manglano, estudiante y natural de Tomelloso, se dispone a viajar hacia Socuéllamos. Utiliza el ferrocarril todas las semanas. Al preguntarle qué siente antes de subir, responde con una palabra: «Miedo».
«Miedo, pero no desde ayer, desde enero y desde años antes», precisa. Su malestar también está ligado a la experiencia cotidiana del servicio, a los retrasos y a las paradas inesperadas. Considera que se han asumido situaciones que no deberían normalizarse: «Lo raro es que llegue puntual. Y es triste sorprenderte de eso».
En su relato aparece la inquietud de su madre, pendiente de los detalles del desplazamiento: «En qué vagón vas, qué número llevas». Paula enlaza esa preocupación con una reivindicación sencilla: «Todos tenemos derecho a volver a casa».
Es crítica con la gestión y reclama responsabilidades. «Los políticos se merecen la cárcel». Sus valoraciones expresan el enfado de una usuaria habitual; la determinación de las causas del accidente y de las responsabilidades que pudieran derivarse corresponde a las investigaciones. ¿Seguirá viajando en tren? «Claro, pero porque no tengo otro medio».

«Incertidumbre y nervios también»
Juan Ramón Sánchez espera a sus amigos para viajar a Galicia y aprovechar el puente. «Vamos a Galicia, a pasar unos días a ver unos amigos de allí», explica.
Los billetes estaban comprados desde hacía semanas. «Vamos en AVE porque está muy bien la combinación, el precio, lo sacamos hace un mes». Después de lo sucedido en Urda, reconoce que afronta el viaje «con un poco más de miedo».
Durante la conversación matiza ese sentimiento: «Incertidumbre sí. Incertidumbre y nervios también. Es malestar». La preocupación ha llegado también a casa. «Mi madre ya me dijo que no me fuera. Claro, me dijo que no me fuera».
A esa inquietud suma las dudas sobre posibles incidencias en el viaje y sobre los avisos de huelga que asegura haber recibido. Pero lo que más le cuesta asumir es la propia tragedia: «Ha pasado algo que no tiene que haber pasado». «Esto le puede pasar a cualquiera», añade.
Juan Ramón mantiene su confianza en el transporte ferroviario, aunque pide medidas: «Yo creo que sí, que es seguro viajar en el tren, pero hay que hacer una revisión, algo está pasando».
«Creo que hay que hacer una revisión general de verdad», insiste. Plantea dudas sobre el mantenimiento, las subcontratas y la adaptación de la infraestructura al tráfico ferroviario. Son sus opiniones como viajero, no conclusiones acreditadas sobre lo ocurrido en Urda.

«Un poquito más de angustia»
Mari Carmen Muñoz va a Cuenca y últimamente utiliza mucho el tren. Confía en este medio de transporte, pero reconoce que el accidente pesa antes de comenzar el recorrido. «Yo lo considero seguro, lo que ocurre es que tendría que tener más mantenimiento», sostiene.
Al preguntarle si su sentimiento es el mismo que cualquier otro día, lo descarta: «A ver, no». Habla de «un poquito más de angustia», aunque trata de mantener la serenidad: «Las cosas pasan» y no todos los días tiene por qué producirse una desgracia.
Su testimonio refleja esa convivencia entre la confianza y la inquietud: seguir considerando seguro el tren no impide sentir este jueves una preocupación añadida.

«No me queda más remedio que cogerlo»
Rosario Peña se dirige a Villarrobledo. Viaja habitualmente entre esa localidad y Albacete y también reconoce que hoy lleva un sentimiento distinto. «Sí, pero no me queda más remedio», responde. «No me queda más remedio que cogerlo».
Su manera de afrontar el trayecto consiste en no anticipar lo que podría suceder: «No pienso lo que puede pasar y lo que no puede pasar».
Pese al impacto de Urda, mantiene su confianza. «Sí, sí, yo sí», contesta cuando se le pregunta si considera seguro viajar en tren en España. «Yo la verdad que estoy muy contenta», dice sobre su experiencia como usuaria. Esa valoración convive con el pesar por las víctimas: «Es una desgracia muy grande lo que ha pasado».

«Esa tranquilidad extraña»
Javier Avalón llega desde Cuenca, un trayecto que realiza semanalmente. En su caso, no habla de miedo personal, aunque sí ha percibido un ambiente particular. «Se nota cierta calma», explica. «Más silencio, sobre todo en la estación». Lo describe como «esa tranquilidad extraña».
Cuando se le pregunta si esa sensación puede llamarse miedo, marca su propia posición: «Yo, personalmente, no». «Al final es una cosa que no depende de ti, tienes que viajar, tienes que moverte», razona. «Por desgracia, esto no se para».
Javier pide prudencia al hablar de lo sucedido y mantiene su intención de seguir utilizando el ferrocarril. «Día a día hay que seguir trabajando, viviendo y no podemos pararnos».
Su confianza tampoco excluye una petición de mejora: «Confiemos en que mejoren las infraestructuras, que lo vigilen un poco más para aprender y seguiremos confiando».

Dos tragedias y la necesidad de respuestas
Urda llega cuando aún permanece reciente el accidente de Adamuz, ocurrido el 18 de enero en Córdoba, que dejó 46 fallecidos. Con las 69 muertes comunicadas este jueves en Toledo, ambos siniestros suman 115 víctimas mortales en algo más de nueve meses.
La sucesión de las dos tragedias sitúa en el centro del debate la seguridad ferroviaria, el mantenimiento, los mecanismos de control y la necesidad de esclarecer lo ocurrido. También afecta a la confianza de quienes utilizan el tren para estudiar, trabajar, regresar a casa o visitar a sus amigos.
Los testimonios recogidos en Albacete expresan esa preocupación, pero no permiten establecer las causas técnicas del accidente ni atribuir responsabilidades. Tampoco todos los viajeros sienten lo mismo: junto a quienes reconocen miedo están quienes mantienen la confianza o intentan continuar con sus obligaciones sin anticipar otra desgracia.

El dolor de las familias atraviesa esas conversaciones. Elsa lo expresa al hablar de ponerse en el lugar de las víctimas. Juan Ramón recuerda a su madre pidiéndole que no viaje. Paula menciona las preguntas sobre el vagón y el asiento. Renfe ha activado su Plan de Asistencia a las Víctimas de Accidentes Ferroviarios y a sus Familiares, mientras continúa la atención a los afectados.
A las puertas de la estación de Albacete, los viajeros siguen llegando y saliendo. Algunos lo hacen con nervios; otros, con confianza. Todos afrontan un desplazamiento que este jueves tiene un peso distinto. Y entre sus palabras queda la de Paula: «Todos tenemos derecho a volver a casa».
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/ Fotos: Pilar Felipe /


