El albaceteño que ha burlado a la muerte, volado entre auroras boreales y desafiado al K2: Horacio Llorens

Seis veces campeón del mundo de parapente acrobático, Horacio Llorens ha protagonizado hazañas increíbles sobre volcanes, entre las montañas más altas del planeta y frente a un eclipse solar, además de sobrevivir a un gravísimo accidente que pudo costarle la vida

Hay personas que miden su vida en años, otras en recuerdos y algunas en grandes acontecimientos. Horacio Llorens mide buena parte de la suya en vuelos, en cielos conquistados y en aventuras que parecen sacadas de una película. Porque para este albaceteño, que nació en Madrid pero creció personal y deportivamente en Albacete, volar no es simplemente practicar un deporte. Es una manera de entender la existencia, de sentir la libertad y de mirar el mundo desde una perspectiva reservada a muy pocos privilegiados.

A sus 44 años, recién cumplidos el pasado 1 de octubre, Horacio Llorens puede presumir de haber hecho realidad algunos de los sueños más extraordinarios que una persona podría imaginar. Ha volado bajo auroras boreales, sobre volcanes activos y junto a las imponentes paredes del K2, la segunda montaña más alta del planeta. Ha dibujado piruetas imposibles en el cielo, ha establecido un récord Guinness y ha logrado imágenes que han dado la vuelta al mundo.

Pero su historia no es únicamente una sucesión de triunfos y experiencias cargadas de adrenalina. También es una historia de raíces, familia, pérdidas irreparables, accidentes y superación. La de un niño que quería volar como los superhéroes y terminó convirtiéndose en uno de los grandes referentes internacionales del parapente acrobático.

Él mismo resume su filosofía vital con una frase que figura en su página oficial y que parece escrita para describir su extraordinaria trayectoria: «La vida pasa volando, por suerte soy el piloto». Y pocas personas pueden decirlo con tanta propiedad como él.

Horacio Llorens / Foto: Cedida por Horacio Llorens / @redbull

De las laderas de Chinchilla a conquistar los cielos del mundo

La historia de Horacio Llorens comenzó muy lejos de los grandes escenarios internacionales que posteriormente lo convertirían en una referencia mundial. Nació en Madrid el 1 de octubre de 1982, pero su vinculación con Albacete marcaría para siempre su destino.

Tenía apenas 12 años cuando experimentó por primera vez la extraordinaria sensación de abandonar el suelo y contemplar el mundo desde las alturas. Fue durante un vuelo en tándem con su tío Félix Rodríguez en El Yelmo, en Jaén, donde se elevó a más de 1.000 metros. Aquella experiencia encendió una pasión que, más de tres décadas después, continúa acompañándolo.

A los 14 años se trasladó a Albacete y comenzó a formarse en la escuela de parapente de su tío. Allí, rodeado de una familia estrechamente vinculada al vuelo, encontró el lugar perfecto para desarrollar su talento.

Las laderas de Chinchilla de Montearagón se convirtieron en uno de sus primeros escenarios de entrenamiento. Allí realizó sus primeros vuelos autónomos, comenzó a familiarizarse con las corrientes de aire y aprendió que detrás de la sensación de libertad que proporciona un parapente hay mucho más que valentía: conocimiento, esfuerzo, preparación y respeto por la naturaleza.

También Higueruela y Fuente-Álamo figuran entre los lugares de la provincia donde fue perfeccionando sus habilidades. En una entrevista concedida a El Digital de Albacete en marzo de 2025, recordaba con cariño aquellos comienzos: «Me he curtido en Chinchilla, Higueruela, Fuente-Álamo y muchas localidades de la provincia».

Y cuando aquellos cielos se le empezaron a quedar pequeños, emprendió el camino que acabaría llevándolo a algunos de los rincones más impresionantes de la Tierra.

Con 16 años comenzó a competir y, con 19, ya se había adentrado en el circuito internacional de parapente acrobático. Sus primos Raúl y Félix Rodríguez, figuras destacadas de esta disciplina, desempeñaron un papel fundamental en su formación.

Lo que comenzó siendo el sueño de un adolescente estaba a punto de convertirse en una carrera deportiva excepcional.

El albaceteño Horacio Llorens es uno de los premiados / Foto: Cedida por Horacio Llorens / @redbull

Seis títulos mundiales y una hazaña de 568 giros que desafió la gravedad

El talento de Horacio Llorens no tardó en llamar la atención de los especialistas. En 2002 consiguió la segunda posición en la modalidad sincronizada del Red Bull Vértigo, una de las grandes competiciones de la época, junto al argentino Hernán Pitocco. Fue el preludio de una trayectoria extraordinaria.

En 2008 conquistó su primer título del circuito mundial de parapente acrobático, iniciando una etapa de éxitos que le permitió proclamarse campeón también en 2009, 2010, 2012, 2013 y 2018. Seis coronas mundiales que lo situaron entre los nombres más importantes de la historia de esta especialidad.

A ellas hay que sumar sus éxitos en los Juegos Aéreos Mundiales, donde consiguió el oro individual en Turín 2009 y otras dos medallas, una de oro y otra de bronce, en Dubái 2015.

Pero, si existe una hazaña capaz de explicar hasta dónde ha llegado Horacio Llorens, esa es la que protagonizó el 21 de diciembre de 2012 en Guatemala.

Aquel día ascendió en helicóptero hasta los 6.000 metros de altitud, sobre el entorno arqueológico maya de Tak’alik Ab’aj. Allí comenzó una maniobra extrema que quedaría registrada en la historia de los récords Guinness.

Nada menos que 568 giros verticales consecutivos mediante una maniobra conocida como Infinity Tumbling.

Para entender la magnitud de lo conseguido, basta imaginar un parapente girando una y otra vez sobre una trayectoria vertical, como si el piloto estuviera atrapado en un gigantesco columpio suspendido a miles de metros sobre el suelo.

Durante aquellas rotaciones llegó a soportar aceleraciones de hasta seis veces la fuerza de la gravedad. Un desafío físico y mental extraordinario, donde cualquier equivocación podía tener consecuencias gravísimas.

Fueron 568 vueltas que llevaron el nombre de Horacio Llorens, y también el de Albacete, a los libros de récords internacionales.

Bailar con las auroras boreales y volar junto al K2

Con el paso de los años, los títulos dejaron de ser su principal motivación. Después de alcanzar la élite mundial, Horacio comenzó a dedicar cada vez más tiempo a proyectos donde la aventura y la belleza del planeta se convertían en protagonistas.

Uno de los más impresionantes tuvo lugar en enero de 2016, cuando viajó hasta Tromsø, en Noruega, para cumplir un sueño que parecía imposible: volar de noche bajo las auroras boreales.

El reto era tan hermoso como complicado. Temperaturas de unos 15 grados bajo cero, oscuridad, agua helada y condiciones meteorológicas difíciles convertían aquella experiencia en una verdadera prueba de resistencia.

Equipado para soportar el frío y utilizando un paramotor, Horacio logró elevarse bajo un cielo cubierto de luces verdes y violetas.

Las imágenes fueron sencillamente extraordinarias. Su silueta aparecía suspendida sobre un paisaje nocturno mientras las auroras dibujaban formas imposibles sobre el horizonte.

Era como contemplar una danza entre el ser humano y uno de los fenómenos naturales más bellos del planeta. Sin embargo, aquella experiencia guardaba también un significado profundamente sentimental que iba mucho más allá del espectáculo visual.

Foto: @redbull

Horacio dedicó aquel vuelo a su primo Alejandro, fallecido años antes en un accidente de parapente. Bajo las luces del cielo noruego, su recuerdo volvió a acompañarlo.

Otra de sus grandes aventuras lo llevó hasta Pakistán, donde se enfrentó a las inmensas montañas del Karakórum junto al piloto belga Tom de Dorlodot.

En 2022 ambos protagonizaron vuelos pioneros hasta las inmediaciones del K2, la segunda montaña más alta del mundo, con 8.611 metros, y alcanzaron una altitud de 7.577 metros aprovechando las corrientes ascendentes de sus laderas. No lograron alcanzar su cima, pero consiguieron una hazaña histórica.

Desde su parapente, Horacio pudo contemplar un escenario de glaciares interminables, abismos y gigantescas paredes de roca y hielo. Un paisaje capaz de empequeñecer a cualquiera, incluso a alguien acostumbrado a contemplar el mundo desde las alturas.

Foto cedida por Horacio Llorens / @redbull

Volcanes, el pueblo masái y el sueño de compartir la libertad de volar

África también ha ocupado un lugar muy especial en la trayectoria del deportista albaceteño. Durante sus expediciones junto a Tom de Dorlodot ha recorrido lugares extraordinarios y vivido situaciones que difícilmente pueden olvidarse.

Una de ellas tuvo como escenario el volcán activo Ol Doinyo Lengai, en Tanzania, donde ambos llegaron a pasar la noche tras aterrizar en su parte superior durante una aventura de vuelo.

Años después, en 2023, regresaron a aquella región para desarrollar un proyecto que combinaba naturaleza, deporte y convivencia con el pueblo masái.

Entre sus experiencias más emocionantes estuvo la posibilidad de llevar a volar en parapente biplaza a dos miembros de esta comunidad, ofreciéndoles una perspectiva completamente distinta de las tierras donde habían transcurrido sus vidas.

Para Horacio, acostumbrado a acumular récords y títulos, aquel momento tuvo un valor muy especial. «Ha sido uno de los proyectos más bonitos de mi carrera», reconoció entonces, destacando la emoción de compartir con aquellas personas la posibilidad de contemplar su territorio desde el aire.

Porque no todas las grandes hazañas se miden en metros de altitud, kilómetros recorridos o medallas conquistadas. A veces, la mayor recompensa consiste simplemente en regalarle a otra persona una experiencia que recordará para siempre.

Foto cedida por Horacio Llorens / @redbull

Alejandro, el nombre que une el cielo con los recuerdos más profundos

Detrás del deportista que parece no conocer el miedo existe también una historia de dolor que ayuda a comprender la profundidad de su relación con el vuelo.

El 29 de marzo de 2010, su familia sufrió una pérdida devastadora. Su primo Alejandro falleció a los 26 años en un accidente de parapente ocurrido durante una sesión de entrenamiento en Chinchilla.

Alejandro había sido uno de sus referentes en este deporte y su muerte supuso un golpe durísimo para el entorno familiar.

Sin embargo, su recuerdo nunca desapareció. En enero de 2024, Horacio vivió uno de los acontecimientos más felices de su vida. El Día de Reyes, el 6 de enero, nació su hijo, fruto de su relación con María Duelo.

El pequeño recibió el nombre de Alejandro Llorens Duelo, un emotivo homenaje a aquel primo que había dejado una huella imborrable en su historia.

El hombre acostumbrado a conquistar los cielos descubría así otra forma de felicidad, muy lejos de los récords y las competiciones. Una felicidad que no necesitaba despegar del suelo.

Foto cedida por Horacio Llorens / @redbull

El terrible accidente en Egipto que estuvo a punto de costarle la vida

Pero la vida de Horacio Llorens también ha estado marcada por episodios en los que la aventura ha mostrado su cara más cruel.

El 18 de octubre de 2025, mientras desarrollaba un proyecto audiovisual en Egipto, sufrió un grave accidente de vuelo en un cañón próximo al Valle de los Reyes, en Luxor.

Durante aquellos días había conseguido realizar espectaculares vuelos sobre las pirámides de Giza, el Nilo y algunos de los monumentos más extraordinarios de la civilización egipcia.

Sin embargo, durante uno de los vuelos, una cámara se desprendió de su equipo. Al intentar recuperarla, descendió hacia una zona donde las condiciones térmicas provocaron una pérdida de control que terminó con un violento impacto contra unas rocas.

Sufrió fracturas en dos vértebras, una muñeca y un pie, además de diversas contusiones. La situación resultó especialmente delicada porque se encontraba en una zona aislada, sin cobertura telefónica ni contacto visual con sus compañeros.

La fortuna quiso que un grupo de personas que recorría el lugar buscando tumbas todavía no descubiertas lo encontrara y pudiera prestarle ayuda. Tras ser atendido en Egipto, fue trasladado en un avión medicalizado hasta Mallorca, donde inició su recuperación.

Aquel accidente pudo haber tenido consecuencias irreversibles. Lejos de ocultar lo sucedido, Horacio reconoció públicamente su equivocación. «Soy plenamente consciente del error cometido, fue un despiste evitable, pero me siento muy afortunado de poder contarlo», expresó entonces.

Sus palabras reflejaban una importante lección: por mucha experiencia que se acumule, por numerosos que sean los títulos conquistados y por espectaculares que resulten los desafíos superados, el cielo exige siempre respeto.

Foto de archivo / Horacio Llorens / Albacete

Del hospital a buscar una imagen imposible durante el eclipse solar de 2026

Menos de diez meses después de aquel accidente, Horacio Llorens volvió a protagonizar una de esas imágenes que parecen desafiar los límites de lo posible.

El 12 de agosto de 2026, durante el eclipse total de Sol visible desde Mallorca, el deportista participó en una espectacular iniciativa audiovisual junto al fotógrafo Marc Marco y otros integrantes de su equipo. El objetivo consistía en situar su paramotor frente al disco solar mientras la Luna lo iba ocultando, con el valle de Sóller y la Serra de Tramuntana como escenario.

Era una maniobra que exigía una precisión extraordinaria, fruto de semanas de planificación y cálculos. El eclipse ofrecía una oportunidad irrepetible: la fase de totalidad duraría aproximadamente un minuto y 36 segundos.

Las nubes impidieron obtener la fotografía prevista durante el instante de oscuridad total, pero el equipo consiguió imágenes espectaculares del piloto recortado frente a un Sol parcialmente eclipsado. Una nueva demostración de la capacidad de Horacio para transformar el vuelo en una expresión visual que combina deporte, naturaleza y arte.

Y, sobre todo, una estampa cargada de simbolismo después de lo ocurrido meses atrás en Egipto. Aquel hombre que había terminado hospitalizado tras caer entre las rocas del desierto volvía a aparecer suspendido en el aire, esta vez frente al mismísimo Sol.

Las imágenes que dejó aquella aventura son de las que cuesta creer que sean reales. La silueta de Horacio Llorens, suspendida en el aire frente a un gigantesco Sol parcialmente devorado por la Luna, compuso una estampa sencillamente sobrecogedora. El deportista albaceteño parecía desafiar las leyes de la naturaleza mientras su paramotor atravesaba el horizonte, con las montañas de la Serra de Tramuntana y el Mediterráneo como testigos de un espectáculo irrepetible. La combinación de luces, sombras y la diminuta figura humana recortada contra el astro convirtió aquellas fotografías en auténticas obras de arte.

Era como si Horacio hubiera decidido acercarse al Sol para tocarlo con sus propias manos. Mientras miles de personas contemplaban desde tierra uno de los fenómenos astronómicos más extraordinarios de las últimas décadas, el albaceteño lo vivía desde una posición privilegiada, convertido en protagonista de unas imágenes que parecían extraídas de una superproducción cinematográfica. Detrás de cada fotografía había semanas de planificación, cálculos milimétricos y un equipo de profesionales que buscaba capturar un instante único. Aunque las nubes impidieron fotografiar la fase de totalidad como habían previsto, las imágenes obtenidas durante el eclipse parcial compensaron buena parte del esfuerzo.

La experiencia también dejó sensaciones difíciles de explicar. El propio Llorens relató cómo observó la sombra aproximándose hasta que el cielo se oscureció, mientras la temperatura descendía varios grados y aparecían turbulencias poco habituales. Un momento en el que la adrenalina, la belleza y la inmensidad del universo se dieron la mano a cientos de metros del suelo. Y allí estaba, una vez más, aquel muchacho que comenzó a volar por las laderas de Chinchilla, escribiendo otra página extraordinaria de su vida entre las nubes. Porque después de conquistar títulos mundiales, sobrevolar volcanes y bailar bajo las auroras boreales, Horacio Llorens todavía tenía una cita pendiente con el Sol.

Foto: Marc Marco. Instagram: @marcmarcophotography

Horacio Llorens, un albaceteño que lleva tres décadas haciendo realidad el sueño de volar

Después de tantos años, Horacio Llorens continúa manteniendo intacta la pasión que descubrió durante su infancia. Atrás quedan los primeros despegues en las laderas de Chinchilla, las competiciones de juventud, los títulos mundiales, las expediciones a lugares remotos y las incontables horas suspendido bajo una vela.

También los momentos difíciles, las pérdidas personales y los accidentes que le han recordado la fragilidad de la vida. En 2025 explicaba a El Digital de Albacete que había decidido alejarse de la exigente competición de acrobacia para centrarse en nuevos proyectos y aventuras, sin abandonar por ello su preparación ni su vinculación con el deporte. «Trato de ser mi mejor versión cuando vuelo», aseguraba entonces.

Una afirmación que ayuda a comprender por qué sigue buscando nuevos horizontes después de haber conquistado prácticamente todos los grandes éxitos a los que puede aspirar un especialista de su disciplina.

Porque quizá el mayor triunfo de Horacio Llorens no sean sus seis títulos del circuito mundial, ni sus 568 giros consecutivos, ni siquiera haber volado bajo las auroras boreales o junto a las montañas más altas de la Tierra.

Quizá su mayor victoria sea haber convertido aquel sueño infantil en una forma de vida sin olvidar sus raíces, a las personas que le enseñaron a volar y a quienes siguen acompañándolo desde tierra.

Madrid es su lugar de nacimiento y de Albacete, una parte esencial de su historia. Y del cielo, buena parte de sus sueños.

Horacio Llorens ha dedicado prácticamente tres décadas a demostrar que la libertad también puede sentirse a cientos o miles de metros del suelo.

Y mientras la mayoría contempla las nubes desde abajo, él continúa persiguiendo horizontes desde arriba. Porque si hay un albaceteño al que se le pasa la vida volando, ese es Horacio Llorens.

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Nacho Lopez

Nacido en Albacete. Más de 15 años de experiencia en medios de comunicación en radio, televisión y digital, como Intereconomía radio, Cadena SER, Punto Radio, ABTeVe y VOZ Castilla-La Mancha.
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