Dolores, la artesana de este pequeño pueblo de Albacete que convierte el hilo en arte: “Voy a continuar mientras pueda” 

Dolores Rodríguez, reconocida como Maestra Artesana tras toda una vida entre hilos

Hay trabajos y oficios que no hacen ruido, que se trabajan puntada a puntada, lejos de los focos. Labores que requieren tiempo, precisión y una sensibilidad especial, y que guardan entre sus hilos mucho más que una técnica: recuerdos, tradición y una forma de entender la vida. Dolores Rodríguez, vecina de la Estación de Chinchilla (Albacete), conoce bien ese mundo. Especialista en encaje, bordado y ganchillo, acaba de recibir el reconocimiento de Maestra Artesana en la Feria de Artesanía de Castilla-La Mancha, poniendo en valor una trayectoria marcada por la dedicación y el amor por los oficios tradicionales.

Dolores Rodríguez, Maestra Artesana, tiene unas manos mágicas, ya que más allá de crear con las manos cualquier cosa, también mantienen vivo un legado y un patrimonio artesanal que forma parte de nuestra historia y de nuestra cultura.

Dolores dio sus primeras puntadas cuando tan solo era una niña y ni se imaginaba que llegaría a ser Maestra Artesana. Eso sí, “desde pequeña siempre me han gustado mucho los hilos”, confiesa a El Digital de Albacete. Además, reconoce que ya desde niña había una técnica que siempre se le había resistido: el encaje del bolillos. Una materia que ella misma consideraba su “asignatura pendiente”, y de la que ahora es, nada más y nada menos, Maestra Artesana.

Dolores Rodriguez / Foto: Cedida

Dolores Rodríguez, vecina de La Estación de Chinchilla, ya es Maestra Artesana

Una labor que guarda un recuerdo familiar muy especial. Dolores tenía una tía que falleció cuando ella apenas tenía tres años y que siempre decía que quería enseñarle a hacer bolillos. Sin embargo, la vida no le dio tiempo a cumplir aquella promesa, ya que su tía falleció con 21 años. Durante años, el encaje de bolillos siguió siendo una asignatura pendiente para Dolores, hasta que una amiga de su madre le propuso un intercambio que cambiaría su camino: “Yo le enseñé a hacer macramé y ella a mí bolillos”, explica.

Pero Dolores quería seguir aprendiendo y perfeccionando su trabajo. Sabía que detrás de cada pieza había muchas horas de práctica y que dominar una técnica requería algo más que conocer los movimientos. “No se trata solo de saber coser, sino que hay que perfeccionarlo todo para seguir adelante”, sostiene. Y por eso, Dolores no ha dejado de formarse con cursos tanto dentro como fuera de España, ya que su trayectoria está marcada por el aprendizaje constante.

La vida también llevó a Dolores por caminos diferentes. Aunque los hilos siempre habían sido una de sus grandes pasiones, durante una etapa tuvo que dejar en un segundo plano las agujas y los encajes para dedicarse al negocio familiar. “Me casé con un carnicero y teníamos una fábrica de embutidos. Cambié el hilo fino de los encajes por el hilo de las morcillas y los chorizos”, recuerda con humor. Tras el cierre de la fábrica, Dolores decidió regresar a su verdadera pasión y comenzó a dar clases en la Universidad Popular de varios pueblos de Albacete, entre ellos Chinchilla, Pozo Cañada, Higueruela y Alpera, acercando estas técnicas artesanales a quienes querían aprender, mejorar o descubrir una nueva afición.

Foto: Cedida

Dolores, Maestra Artesana de Albacete: “Hay infinidad de posibilidades”

Para Dolores, una de las cosas más bonitas de trabajar con las manos es que la imaginación no tiene límites. El encaje, el bordado y el ganchillo han evolucionado con el tiempo y hoy permiten crear piezas muy diferentes a las que se elaboraban antiguamente. “Antiguamente el encaje de bolillos solo era para los ajuares, se hacían juegos de cama y las puntillas para las enaguas que llevaban entonces, pero ahora, menos ajuares, es que se hace de todo”, sostiene, y asegura que “hay infinidad de posibilidades”. 

Lo cierto es que Dolores también disfruta transmitiendo sus conocimientos y viendo a sus alumnas crear ideas a través de los hilos. Eso sí, señala que en el tejido se puede ver el estado de ánimo de las personas. Una muestra de que la artesanía no consiste únicamente en repetir movimientos, sino que también tiene mucho de creatividad, sensibilidad y expresión personal. Cada pieza lleva algo de quien la hace. “Varias personas están haciendo ahora en clase el mismo abanico, pero no es el mismo”, manifiesta, y asegura que en el tejido “se ve si estás triste, alegre o concentrada”. 

Aunque Dolores ya podría estar jubilada, sigue dando clases y compartiendo sus conocimientos. Y lo hace porque disfruta con el oficio, pero también porque le preocupa que estas técnicas tradicionales puedan desaparecer si no hay personas que continúen practicándolas y enseñándolas. “Es un trabajo tan bonito y me da tanta lástima que esto se pierda que, mientras se pueda, vamos a continuar”, asegura. Su compromiso con la artesanía va mucho más allá de elaborar piezas bonitas. Para ella, enseñar es una manera de transmitir una parte de nuestra cultura y de conservar unos conocimientos que durante generaciones han pasado de unas manos a otras. 

Foto: Cedida

“Me da lástima que se pierda”

En sus clases ha tenido alumnas de distintas edades. “Una de las últimas incorporaciones del curso anterior fue una persona con 97 años”, sostiene. Una edad que demuestra que nunca es tarde para aprender, descubrir una afición o disfrutar de una actividad que exige paciencia y dedicación. Sin embargo, Dolores también reconoce que le gustaría ver a más jóvenes acercándose a estos oficios.

El reconocimiento de Maestra Artesana que Dolores Rodríguez ha recibido en la Feria de Artesanía de Castilla-La Mancha supone un homenaje a su trayectoria, a su talento y a su compromiso con unos oficios que forman parte de nuestra identidad cultural. Pero también reconoce algo que va más allá de las piezas que salen de sus manos: su empeño por compartir lo que sabe, por seguir aprendiendo y por evitar que una tradición tan ligada a la memoria de nuestros pueblos desaparezca.

Foto: Cedida

Desde la Estación de Chinchilla, Dolores continúa demostrando que estos oficios siguen teniendo mucho que ofrecer. Cada encaje, cada bordado y cada labor de ganchillo cuentan una historia, requieren horas de dedicación y guardan algo de la persona que los crea. Y mientras haya alguien dispuesto a enseñar, aprender y sentarse frente a unos hilos para darles forma, este patrimonio seguirá vivo. Dolores lo tiene claro: hay mucho trabajo por hacer, muchas técnicas que transmitir y demasiada belleza en estas labores como para dejar que se pierdan.

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Noelia López

Natural de Albacete, Graduada en Periodismo por la Universidad Miguel Hernández. Experiencia en medios de comunicación como VIsión6, Es Radio y Telemadrid
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