A veces, para avanzar, hay que atreverse a dejar atrás aquello que nos hace sentir seguros. Y eso es lo que ha hecho Marina Gómez, una joven de Albacete que decidió dar un giro a su vida y mudarse a Ámsterdam. Tras cuatro años con un trabajo estable, y a pesar del vértigo que supone tomar una decisión así, Marina dejó su empleo, hizo las maletas y se marchó a la capital de Países Bajos con un objetivo: aprender inglés, ahorrar y vivir una experiencia que llevaba años rondándole la cabeza.
“Siempre había querido irme fuera”, explica Marina a El Digital de Albacete, que también es creadora de contenido, y aunque reconoce que le tiene mucho cariño a la ciudad, llegó un momento en el que se sentía “estancada”.

La decisión no fue sencilla. Dejar un trabajo estable, una ciudad conocida y una vida construida durante años daba vértigo. Sin embargo, había algo que pesaba más: la posibilidad de arrepentirse por no haberlo intentado. “Me costó tomar la decisión, pero es que si no lo hacía me iba a arrepentir”, manifiesta. Y en una semana comenzó una nueva etapa lejos de casa.
De Albacete a Ámsterdam
El aspecto económico fue uno de los factores que Marina tuvo en cuenta al tomar la decisión de marcharse. Además de aprender inglés y vivir una experiencia diferente, quería tener la oportunidad de ahorrar. Según explica, los salarios en el comercio, el sector donde ella trabaja, pueden ser considerablemente superiores a los de España. En su experiencia en este sector, los ingresos pueden suponer casi el doble que en nuestro país, aunque las cantidades varían según el empleo y las condiciones laborales. Así, sostiene que los salarios rondan “entre 2.000 y 2.400 euros en el comercio”.
Por otra parte, señala que “la cesta de la compra es más cara, también hay que pagar seguro médico y el transporte es más costoso”, aunque sostiene que aunque la vida sea más cara, “te da para ahorrar”. “Al segundo día de llegar ya tenía trabajo”, sostiene, y apunta que trabaja en una tienda de ropa. Desde entonces, Marina lleva cerca de 5 meses trabajando.

En esta nueva aventura, uno de los objetivos de Marina también pasaba por aprender inglés, y asegura que con cerca de 5 meses en el país ya “se nota bastante”. Además, señala que también ha aprendido un poco de holandés.
“He ganado en calidad de vida”
Mudarse a otro país implica mucho más que cambiar de casa o de trabajo. También supone adaptarse a otras costumbres, horarios y formas de vida. Uno de los aspectos que más sorprendió a Marina fue el horario comercial de Países Bajos. En Ámsterdam, muchas tiendas cierran a las siete de la tarde, algo que al principio le costó asimilar después de estar acostumbrada a los horarios comerciales españoles, en los que algunos establecimientos permanecen abiertos hasta las diez de la noche.
Sin embargo, con el paso de los meses también ha encontrado ventajas en esa forma de organizar el día. Terminar antes la jornada comercial permite disponer de tiempo para otras actividades, como ir al gimnasio, hacer la compra o disfrutar del tiempo libre. “He ganado en calidad de vida”, asegura.

Una aventura a kilómetros de casa
Marina Gómez también es creadora de contenido y ya compartía vídeos y fotografías antes de marcharse de Albacete. Desde Países Bajos, continúa con esta actividad, donde también ha mostrado parte de su aventura, aunque su contenido principal es de moda.
Además, ha mostrado también la cara B de mudarse a otro país. “Pasé una época mala al principio”, señala, y es que los principios son complicados “hasta que te estabilizas”, manifiesta. Por eso, decidió compartir un vídeo en el que mostraba su nueva casa y explicaba lo que le había costado conseguirla. Con aquella publicación quiso mostrar una realidad que no siempre aparece en las fotografías y los vídeos que vemos a diario en redes sociales: detrás de una mudanza al extranjero también puede haber dificultades, momentos de soledad y días en los que las cosas no salen como se esperaba.
Cinco meses después de su llegada, Marina continúa adaptándose a Ámsterdam y aprovechando cada oportunidad para mejorar su inglés. Su historia no es la de una mudanza perfecta ni la de una vida nueva en la que todo sale bien desde el primer momento. Es la de una joven de 26 años que sintió que necesitaba un cambio, tuvo miedo de dejar atrás lo conocido y decidió dar el paso antes de quedarse con la duda de qué habría ocurrido si lo hubiera intentado. Y, por ahora, su experiencia en Ámsterdam le está demostrando que, a veces, dar un giro a la vida da miedo, pero también puede abrir puertas que antes ni siquiera imaginábamos.

