Alborada, una mujer terremoto en este pueblo de Albacete 

A sus 89 años, no sabe estarse quieta

Hay personas que cumplen años y otras que parecen ganarle tiempo a la vida. Alborada, vecina de Villapalacios, pertenece a este segundo grupo. A sus 89 años, cose, canta, baila, toca las castañuelas, escribe poesía, fabrica piezas artesanales con esparto, trabaja en su huerto y participa en el club de lectura. Una mujer inquieta, alegre y llena de energía que se ha convertido en todo un ejemplo para su familia y para su pueblo. 

Alborada

Alborada nació en 1937, en la Sierra de Alcaraz, en un cortijo en Río Casas a 7 km de Villapalacios. En este cortijo vivió hasta los 23 años, momento en el cual se casó con Fructuoso y se fue a vivir con él a otro cortijo a 3 km de allí. Allí estuvo cuatro años, hasta que tuvo a dos de sus tres hijos, y con 27 años se fue a vivir a Villapalacios, donde ha vivido hasta ahora. Alborada nos cuenta que “en aquellos tiempos, en Río Casas había unos 20 cortijos, pero vivían unas 200 personas, porque había varias familias en cada cortijo. En esa época trabajaba sobre todo en labores del campo, como coger aceituna. Unos años más tarde me fui a vivir al pueblo, donde nació mi hija pequeña. Mi marido trabajaba en la cooperativa del aceite y a diario llegaban camiones con abono, así que yo me encargaba de descargarlos. Un tiempo después tuve la oportunidad de entrar a trabajar como cocinera en el comedor escolar de Villapalacios, donde estuve 15 años, hasta mi jubilación. Recuerdo que, cuando estaba en la cocina, por las noches no me acostaba y me quedaba haciendo ganchillo. Y es que, como no teníamos mucho dinero, si uno de mis hijos necesitaba un jersey, me iba a comprar lana y se lo dejaba terminado esa misma noche. He tenido mucha facilidad siempre para eso. Yo veo a mi hija y pienso que voy a hacerle un vestido, la miro de arriba abajo, y cuando llega la noche cojo la aguja de ganchillo y me sale el vestido lo mismo que ella, sin tomar medidas ni nada”. 

Alborada

Una casa convertida en museo de su creatividad

Otra de las habilidades de Alborada, es su capacidad para crear con sus propias manos y dar una segunda vida a los objetos. Allí donde algunos ven algo que no sirve, ella encuentra una posibilidad. Su imaginación no tiene límites y su inquietud la lleva a experimentar, elaborar y seguir aprendiendo, siempre con las manos ocupadas y la cabeza llena de ideas. Recorrer su casa es adentrarse en el mundo de Alborada. Es descubrir su paciencia, su imaginación y esa habilidad para aprovechar materiales y convertirlos en algo diferente. No es un museo convencional, sino uno construido día a día, sin vitrinas ni grandes ceremonias, con el cariño y la dedicación de una mujer que disfruta creando tanto como compartiendo lo que hace. “En mi casa no vais a encontrar ningún cuadro de Velázquez, ni de Goya. Yo siempre digo que es una casa imaginaria, porque todo lo que hay es fruto de mi imaginación. Como no he tenido mucho dinero, todo he tenido que imaginarlo, y todo lo que hago es reciclado. Aquí en Villapalacios hay un pastor que me da la rafia, que son las cuerdas con las que se atan las alpacas de paja para alimentar el ganado, y hago con ella cestos para ir a coger los tomates o lo que sea. Con el plástico de las bolsas de la compra hago floreros, y ya cuando los tengo hechos, hago las flores de papel para darle vida a esos floreros. Por otro lado, con el esparto llevo toda la vida. De hecho, cuando eché a andar ya sabía hacer cosas con esparto. Mi madre, que era muy lista y aprendí muchísimo de ella, me decía que no éramos ricos, pero no hacía falta tener dinero para serlo, porque seríamos mucho más ricos si utilizamos la imaginación. Ella me enseñó a trabajar el esparto, y a hacer los capachos para coger la aceituna. Así que empecé a hacerlo antes de echar a andar, y ya no he parado. Tengo dos hijas y un hijo, tres nietos y dos nietas, y me dicen que no haga tanto, pero verás cuando yo falte como se irán llevando cada uno un poco. También vienen ahora en camino dos bisnietas, y ya les estoy haciendo algún vestidito y algunos patucos”, resalta. 

Alborada

Su madre, la maestra que le enseñó a valerse por sí misma 

Detrás de muchas de las habilidades de Alborada hay una figura fundamental: su madre. Fue ella quien le enseñó buena parte de todo lo que hoy sabe hacer, transmitiendo unos conocimientos que, con el paso de los años, se han convertido en una parte esencial de su identidad. El paso del tiempo no ha borrado aquellas lecciones. Al contrario, las ha convertido en un legado que se conserva en sus trabajos, en los objetos que llenan su casa y en todas esas habilidades que continúa practicando día tras día. “Nosotros no teníamos mucho para comer, pero nunca escuché a mi madre quejarse y comentar algo sobre eso, al contrario. Nos decía que hoy teníamos para comer esto, pero que mañana tendríamos otra cosa mejor. Recuerdo la época de la postguerra, en la que había escasez de comida y sobre todo de pan. Mi madre ponía una cazuela encima de la mesa para que comiéramos todos, y cuando empezábamos a comer nos decía que nos agarráramos la oreja izquierda con la mano izquierda, y entonces pasaba algo sorprendente. Por unos momentos, en aquella mesa no existía la tristeza por la escasez de comida, ya que al vernos todos cogiéndonos la oreja, nos daba la risa y pasábamos un gran rato en la mesa. Así era mi madre, y yo he querido seguir sus pasos, porque lo aprendí todo de ella. Ahora, aunque los tiempos han cambiado y todo es diferente, yo he intentado transmitir esos valores tanto a mis hijos, como a mis nietos, y espero haberlo conseguido”, explica. 

Alborada

Una mujer con arte, inquietudes y ganas de vivir

Alborada cose, canta, baila y toca las castañuelas, y cuando llega el carnaval confecciona todos los disfraces de la familia. Es presidenta de la UDP (Unión de pensionistas) en Villapalacios, y también escribe poesía, una manera de poner palabras a lo que siente y de expresar esa sensibilidad que convive con su carácter inquieto. Y, por si fuera poco, cada día encuentra un hueco para acercarse al huerto, donde trabaja la tierra con la misma constancia con la que afronta el resto de sus aficiones. “A mí me gusta mucho leer, y recitar poesía, e incluso escribir poemas. También voy a los cafés literarios y a un club de lectura en el pueblo. Además, en días señalados, como el Día de la Madre, recito alguna poesía en la iglesia. Por eso, un año Mari Loli, nuestra maravillosa bibliotecaria, me animó a participar en el certamen literario que cada año organiza el Ayuntamiento de Villapalacios en el que se presentan escritores de todos los puntos de España. Al final me animé aquel año y gané el certamen, y desde entonces he ganado siete años consecutivos. Aparte de esto tengo un huerto a donde me gusta acudir a diario para recoger tomates, calabazas, cebollas, y pimientos”, concluye. 

Alborada

Son estas costumbres las que hablan de una mujer que sigue encontrando motivos para mantenerse activa y disfrutar de lo que le rodea. Por eso, Villapalacios tiene en Alborada un ejemplo de vitalidad y de espíritu creativo. Una mujer que, lejos de quedarse quieta, sigue produciendo nuevas historias cada día. 

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Modesto Colorado

Comunicador y cantante de Albacete. Más de 20 años de experiencia en medios de comunicación, especializado en información y reportajes de ámbito cultural.
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