Hay historias de amor que empiezan con una mirada, otras con una casualidad y algunas nacen entre saludos cotidianos y madrugones compartidos. La de Pedro López y Julia Serrano comenzó hace muchos años, cuando apenas tenían 20, en el Mercado de Carretas de Albacete. Allí trabajaban sus padres, allí empezaron a conocerse, y allí, entre el ir y venir de los clientes, surgió el amor. Hoy, después de toda una vida dedicada al pequeño comercio detrás del mostrador de Frutas Pedro López ambos se jubilan y cierran un capítulo que deja una huella imborrable en el mercado que los vio crecer y enamorarse.
Al frente de Frutas Pedro López, su puesto en el Mercado de Carretas, Pedro y Julia han compartido mucho más que un negocio. Durante años han sido testigos de la vida de sus clientes: han visto crecer familias, nacer hijos y nietos, celebrar alegrías y también despedir a personas queridas.

Así, tras décadas de trabajo y muchos madrugones, Pedro y Julia han decidido cerrar una etapa en el mercado de Carretas con su jubilación y abrir una nueva. Eso sí, los últimos días detrás del mostrador han sido muy especiales: “Lo hemos vivido con mucha emoción y con muchos sentimientos encontrados. Nos llevamos mucho cariño de la gente y se nos hace un nudo en el estómago”, asegura Julia Serrano a El Digital de Albacete.

Y no es para menos. Son muchos años, toda una vida compartida con los albaceteños. “Hemos visto nacer a hijos de clientes y a sus nietos, faltar personas y son muchas cosas compartidas”, recuerdan. Una frase que resume a la perfección lo que significa echar el cierre a un negocio que, con el tiempo, se ha convertido también en un lugar de encuentro.

Toda una vida detrás del mostrador: Pedro y Julia dejan huella en el Mercado de Carretas
Si algo van a echar de menos Pedro y Julia es precisamente eso: el contacto diario con las personas. Porque el pequeño comercio tiene algo que no cabe en una bolsa de la compra y que tampoco aparece en ningún ticket: la cercanía. “Se crea un vínculo, es compartir el día a día”, explican. Y así, entre conversaciones espontáneas, clientes que terminan siendo amigos y rutinas que se repiten durante años, Frutas Pedro López ha sido mucho más que una frutería. Ha sido parte de la vida cotidiana de muchas personas de Albacete, un rincón donde conocerse por el nombre y donde siempre había tiempo para una charla.

Pero la historia de la frutería del Mercado de Carretas se remonta a mucho antes de que Pedro y Julia se colocasen detrás del mostrador. Todo comenzó con los padres de Pedro, que dejaron atrás sus trabajos en el antiguo Hospital de Los Llanos de Albacete para emprender una aventura.

De hecho, en aquellos primeros años, los padres de Pedro ni siquiera contaban con un puesto en el interior del mercado, sino que lo hacían en la plaza hasta que consiguieron instalarse. Allí echaron raíces y construyeron un negocio familiar que, con el tiempo, acabaría pasando a la siguiente generación. “Mi padre era celador, que ahora es una profesión muy dignificada pero antes no lo era tanto. Mi padre decidió irse y mi madre, que tenía mejor puesto, decidió acompañarlo”, comparte Pedro. “Mi padre echaba varios viajes al día a El Salobral a por patatas, y mi madre atendía fuera, con la climatología que había antes en Albacete”, añade.

Y así, hasta que por fin, en 1950, los padres de Pedro pudieron instalarse en el interior del mercado. Y fue allí precisamente donde surgió el amor entre Pedro y Julia, ya que los padres de ella también trabajaban dentro. “Nuestros padres trabajaban aquí y aquí nos conocimos con 20 años”, recuerda Pedro, que no duda en señalar qué es lo que más orgulloso le hace sentir de todos estos años: “Haber estado con Julia. Para mí ha sido un orgullo”.

El último paseo de Pedro y Julia por el mercado que los vio enamorarse
Julia recuerda aquellos comienzos con la misma naturalidad con la que se construyen las grandes historias: “Aquí ayudaba a mis padres. Luego conocí a Pedro y, cuando se jubilaron tanto sus padres como los míos, nos quedamos nosotros con los negocios”. Y hoy, unas cuantas décadas después, salen de la mano del mercado que los vio nacer, crecer, enamorarse, y ahora, también jubilarse. Una historia que siempre ha tenido al Mercado de Carretas como escenario principal.

Ahora llega el momento de bajar el ritmo, cambiar los horarios del mercado por otros planes y dedicar tiempo a quienes tantas veces han quedado en segundo plano entre obligaciones y jornadas de trabajo. La jubilación trae consigo cierta nostalgia, pero también una ilusión nueva: la de disfrutar de las pequeñas cosas sin mirar el reloj. “Vamos a echar de menos el trato con la gente y compartir muchos momentos con ella, pero, por otro lado, queremos compartir tiempo de calidad con nuestra familia”, explican.

Pedro y Julia se marchan juntos del mercado. Salen por la misma puerta del lugar donde se conocieron, donde se enamoraron y donde han construido tantos recuerdos junto a los albaceteños. Ahora se jubilan, pero lo hacen dejando atrás mucho más que un negocio, dejan una forma de entender el comercio y clientes que ya han pasado a ser amigos después de tantos años.

En el Mercado de Carretas quedarán sus recuerdos, las historias de quienes pasaron por su puesto y el cariño de tantas personas que, durante años, encontraron en ellos algo más que fruta fresca. Porque hay negocios que se cierran y, sin embargo, nunca desaparecen del todo. Se quedan en la memoria de un barrio, en las costumbres de sus vecinos y en esas pequeñas historias que hacen que una ciudad sea un poquito más hogar. Y sin duda, la de Pedro y Julia es una de ellas.





























/ Fotos: Pilar Felipe /

