El sarampión vuelve a preocupar a los pediatras españoles. Una enfermedad que durante años había tenido una circulación muy limitada en nuestro país ha recuperado protagonismo hasta el punto de que España ha perdido en 2026 su condición de país libre de transmisión endémica del sarampión, una situación que ha encendido las alertas entre los especialistas por el riesgo de nuevos contagios y las dificultades para identificar precozmente los casos.
Esta ha sido una de las principales advertencias lanzadas durante el 40 Congreso Nacional de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP), celebrado en Madrid entre el 15 y el 17 de octubre y que ha reunido a más de 1.200 pediatras de toda España.
Los profesionales han puesto el foco en una circunstancia especialmente llamativa: muchos de los médicos más jóvenes nunca han tenido que enfrentarse a un caso de sarampión durante su formación o en sus consultas. Esta falta de experiencia puede dificultar el diagnóstico de una enfermedad cuyos primeros síntomas pueden confundirse con los de otras infecciones infantiles.
La advertencia de los pediatras: una enfermedad que muchos médicos jóvenes no han visto
Francisco Javier Pellegrini Belinchón, asesor de la junta directiva de la SEPEAP, ha advertido de las dificultades que plantea la reaparición del sarampión después de tantos años de circulación reducida.
«Muchos médicos jóvenes no han tenido ocasión de ver casos de sarampión durante su formación o su ejercicio profesional», ha explicado el especialista, quien ha señalado que esta falta de experiencia clínica puede complicar el reconocimiento inicial de la enfermedad, especialmente cuando sus manifestaciones se confunden con otras patologías que provocan erupciones en la piel.
El problema adquiere especial relevancia por la elevada capacidad de transmisión del virus y porque, aunque en muchos casos la enfermedad evoluciona favorablemente, el sarampión puede provocar complicaciones graves, particularmente entre los menores más vulnerables.
Para afrontar esta situación, el congreso ha incluido actividades específicas sobre el diagnóstico diferencial de enfermedades exantemáticas, aquellas que producen erupciones cutáneas. El objetivo es mejorar la capacidad de los pediatras para reconocer los posibles casos de sarampión desde sus primeras manifestaciones y adoptar rápidamente las medidas necesarias.
España pierde un reconocimiento sanitario que mantenía desde 2016
La preocupación de los pediatras llega después de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) retirase a España, en enero de 2026, el reconocimiento como país libre de transmisión endémica del sarampión, una condición que había obtenido en 2016.
La decisión se produjo después de que el Comité Regional Europeo de Verificación de la Eliminación del Sarampión y la Rubeola evaluase los datos epidemiológicos y concluyese que no podía descartarse una cadena de transmisión del virus durante más de doce meses.
La pérdida de este reconocimiento no significa que el sarampión hubiera desaparecido por completo durante los años anteriores ni que actualmente exista una situación de contagios generalizados fuera de control. Lo que implica es que España ya no cumple los criterios exigidos para mantener la consideración de territorio libre de transmisión endémica, lo que obliga a reforzar la vigilancia sanitaria y las medidas preventivas.
Los datos oficiales reflejan el aumento de los contagios. En 2024 se confirmaron 227 casos de sarampión en España, mientras que los datos definitivos de vigilancia epidemiológica correspondientes a 2025 elevaron esa cifra a 394 casos.
Castilla-La Mancha tampoco ha sido ajena a esta situación. Según los datos del Centro Nacional de Epidemiología del Instituto de Salud Carlos III, durante 2025 se confirmaron 16 casos de sarampión en la comunidad autónoma y se registraron tres brotes.
La vacunación, fundamental para evitar nuevos brotes
Ante este escenario, los especialistas han insistido en que la vacunación continúa siendo la herramienta más eficaz para proteger a la población infantil y evitar la propagación del sarampión.
La vacuna triple vírica, que protege frente al sarampión, la rubeola y la parotiditis, forma parte del calendario común de vacunación infantil. Las recomendaciones nacionales contemplan una primera dosis a los doce meses de edad y una segunda entre los tres y cuatro años.
Sin embargo, los expertos recuerdan que mantener coberturas de vacunación elevadas resulta imprescindible para impedir que el virus encuentre grupos de población susceptibles y pueda continuar transmitiéndose.
Según los datos del Ministerio de Sanidad correspondientes a 2024, la cobertura nacional alcanzaba el 97,3 % para la primera dosis, pero descendía hasta el 93,8 % en la segunda. Las autoridades sanitarias recomiendan superar el 95 % con ambas dosis para mantener una protección colectiva adecuada.
La SEPEAP ha insistido en la importancia de combinar la vacunación con una vigilancia epidemiológica adecuada, una identificación temprana de los casos sospechosos y una respuesta rápida ante posibles brotes.
La salud mental infantil y el autismo, otras preocupaciones de los pediatras
Aunque el regreso del sarampión ha sido uno de los asuntos más destacados, el encuentro de más de 1.200 pediatras también ha abordado otros desafíos que afectan a la salud física y mental de niños y adolescentes.
Entre ellos figura la prevención del suicidio infantojuvenil. Los especialistas han advertido de la necesidad de prestar atención a cambios persistentes en el comportamiento, situaciones de aislamiento, autolesiones, alteraciones del sueño y manifestaciones de desesperanza, así como de mejorar la detección precoz de posibles situaciones de riesgo.
El abordaje del trastorno del espectro autista (TEA) y las aplicaciones de la inteligencia artificial en las consultas pediátricas han completado un programa científico en el que se ha reivindicado el papel de los profesionales de Atención Primaria.
El congreso ha concluido este sábado con un mensaje especialmente relevante para la salud pública: reforzar la prevención y recuperar la capacidad de detectar enfermedades que, como el sarampión, habían dejado de formar parte de la práctica clínica habitual de muchos profesionales sanitarios.


