Hay victorias que se celebran con los brazos en alto y otras que cuesta asimilarlas. Quizá porque hay momentos que se sueñan tantas veces que cuando se viven no parecen reales. Y eso es precisamente lo que le ha ocurrido a Alejandro Tébar, ciclista albaceteño, que se ha coronado como Campeón de España de BTT Ultramaratón.
En la localidad murciana de Cehegín se disputó el Campeonato de España de BTT XCUM 2026, una de las pruebas más exigentes del calendario nacional de ciclismo de montaña. Allí, Tébar se enfrentó a un recorrido de 124 kilómetros y alrededor de 2.700 metros de desnivel acumulado en una prueba de alta exigencia que el albaceteño completó en 5 horas y 13 minutos, que le bastaron para conseguir el oro.
“Aún no me lo creo”, confiesa Alejandro Tébar a El Digital de Albacete, sobre una carrera que no olvidará. Y no es para menos. Detrás del título de Campeón de España hay una historia que va más allá de un resultado deportivo. Más allá del maillot de ciclista hay una lesión de la que surgió una pasión, pero también un padre que hace malabares para compaginar la vida familiar con el trabajo y los entrenamientos.
El ciclista de Albacete es Campeón de España
El Campeonato de España de BTT Ultramaratón es una disciplina deportiva en la que la distancia, el desnivel y el desgaste -tanto físico como mental- convierten cada carrera en un auténtico desafío. En este caso, Tébar se enfrentaba a 124 kilómetros y casi 3.000 metros de desnivel. “A nivel federativo es la carrera más dura. Es una modalidad muy larga y exigente”, asegura el ciclista de Albacete.
Así, solo el hecho de llegar a la línea de salida de esta prueba deportiva ya supone una victoria. Y hacerlo al exigente ritmo que supone proclamarse campeón nacional exige una preparación importante y una cabeza preparada para resistir cuando las fuerzas flaquean.

Eso sí, en el caso de Alejandro, cuenta con un hándicap importante: el tiempo. Y es que no es fácil sacar el tiempo necesario para entrenar cuando se tienen 2 hijos y 2 trabajos. “Saco horas de donde no hay”, manifiesta, y explica que a veces toca entrenar por la noche en el garaje y otras veces madrugones para tratar de buscar esas cuatro o cinco horas que permitan simular la exigencia de una carrera de ultradistancia, acumulando “entre 15 y 17 horas semanales”.
Detrás de cada kilómetro recorrido en Cehegín hay, por tanto, muchas horas que no aparecen en las clasificaciones. Entrenamientos a deshoras, madrugones, planificación y, sobre todo, la capacidad de seguir adelante cuando el cansancio del día a día también pesa.
Dos carreras, la de las piernas y la de la cabeza: “Me entraron unas ganas de llorar de felicidad increíbles”
En una competición de estas características realmente hay dos carreras: la que disputan las piernas y la que disputa la cabeza. “Por mucho que entrenes, tienes ganas de abandonar la carrera, de bajarte y decir: No puedo más”, explica. Y justo ahí empieza la segunda carrera: la de la cabeza. Una batalla silenciosa contra uno mismo donde Alejandro lidia con el dolor, el agotamiento y las dudas. “La salida se hace con las piernas, pero al final la carrera mental es, sin duda, la más importante, porque todos llegamos muertos y llega más lejos el que más fortaleza mental consigue sacar ese día”, sostiene. Y en Cehegín, esa fortaleza fue decisiva.
“A mitad de carrera empieza la batalla en la cabeza”, asegura el deportista, que cuenta que cuando apenas quedaban unos kilómetros para alcanzar la meta, sus asistentes le dieron una noticia que cambió su manera de afrontar este último tramo, ya que llevaba casi 5 minutos de ventaja respecto al segundo. Hasta entonces, ni siquiera se había planteado seriamente que pudiera proclamarse campeón de España. Pero aquella diferencia empezó a hacerle creer que sí, que quizá había llegado su momento. “Mi mente empezó a asumir que de verdad yo podría conseguirlo, que era algo por lo que llevo luchando muchos años, pero no pensaba que fuera posible todavía”, manifiesta.
“Me entraron unas ganas de llorar de felicidad increíbles”, confiesa. Pero al cruzar la línea de meta, cuando por fin había alcanzado un sueño, Alejandro no reaccionó. “Estuve en shock, no tenía ninguna emoción, la gente me abrazaba pero estaba completamente impasible”, reconoce, y recuerda que “pensaba que no estaba pasando de verdad. Lo había soñado tantas veces que no parecía real porque no lo había soñado así”.
Una lesión que lo cambió todo: “Descubrí la pasión de mi vida”
La pasión por la bici de Alejandro, lejos de forjarse en la infancia, empezó con 35 años, después de sufrir una grave lesión de tibia y peroné con el monopatín. “El médico me recomendó paseos en bici”, recuerda. Y pronto los paseos se convirtieron en maratones. “El primer año ya estaba corriendo y el segundo año ya fui campeón regional”, apunta, y asegura que “a raíz del accidente descubrí la pasión de mi vida”.

Y desde entonces no se ha bajado de la bici. Eso sí, competir a este nivel exige recursos económicos, además de una gran exigencia en lo deportivo. “Cuando hablamos de deportistas máster amateur, como en mi caso, que ya somos mayores, hemos descubierto la pasión tarde y ya no tienes apoyo prácticamente. Te buscas la vida y te cuesta un dineral terrible competir”, comparte. En su caso, llegó una oportunidad de formar parte de un equipo que “me cuida como si fuese su hijo”, asegura.
Una pieza clave en su éxito: Desireé
Así, cuando Alejandro cruzó la meta, aunque iba solo, no lo estaba. Cruzó junto a todo un equipo. Un equipo que también tiene una pieza clave: Desireé, su mujer. Y es que parte del éxito de Alejandro también se debe a ella. “Una carrera la gana un ciclista, pero nunca la ha ganado solo él. Esto es grandísima parte de mi mujer, y también de mis padres”, asegura. “Sin ellos sería imposible”, manifiesta, y explica que es Desireé quien lo sostiene cuando entrenar implica renunciar a pasar más tiempo en familia.
La victoria de Alejandro Tébar responde a la de un deportista construido a base de constancia, sacrificio y pasión. Una pasión que descubrió gracias, en parte, a un capítulo oscuro de su vida, pero que le ha dado grandes alegrías. Alejandro es el ejemplo de los deportistas que entrenan mientras otros duermen y que encuentran en el deporte una forma de superarse, aunque el camino obligue a hacer auténticos malabares.
Esta vez, todo ese esfuerzo ha tenido una recompensa extraordinaria: Alejandro Tébar es campeón de España de BTT Ultramaratón. Y, aunque todavía le cueste creérselo, ya forma parte de su historia. Porque hay sueños que se construyen pedalada a pedalada, madrugada tras madrugada, y que solo se entienden de verdad cuando, después de tantos años luchando por ellos, se cruza la meta.

