Dormir mal y sufrir dolor son dos problemas frecuentes entre las personas mayores y que, además, pueden estar relacionados con un mayor riesgo de sufrir caídas. Así lo analiza el estudio ‘Análisis de la relación entre el dolor y la calidad del sueño con las caídas en pacientes institucionalizados’, presentado por Mercedes Belda Sáez, enfermera especialista en Geriatría de Albacete.
Junto a sus compañeros, Cristina María Alcázar Alvarado, Lorena Buendía Galera, Inés Garrido Valero y Alejandro Torres Peralta, la enfermera de Albacete analizó la situación de 238 personas mayores de cuatro residencias de la provincia de Albacete, poniendo el foco en dos factores que pueden tener un impacto importante en la calidad de vida de los mayores: el dolor y las alteraciones del sueño.
Según explica Belda Sáez, aunque inicialmente podía parecer evidente que dormir poco podía favorecer las caídas, el objetivo del trabajo era analizar y cuantificar por separado estas variables para conocer mejor la magnitud de esta asociación. Evaluar ambos problemas permitió, según señala, obtener “una visión en conjunto de la magnitud real de la asociación de estas dos variables y la importancia de tratar el primer problema para prevenir el segundo”.

Relación entre insomnio y caídas: “Provoca una pérdida de autonomía”
Uno de los aspectos analizados en la investigación es la relación entre el insomnio y las caídas. Los resultados evidenciaron una asociación positiva entre el insomnio, en sus diferentes grados —leve, moderado o severo—, y el riesgo de sufrir caídas. No obstante, la investigadora apunta que todavía es necesario continuar estudiando esta relación para determinar cuáles son exactamente las causas que explican este mayor riesgo.
La investigación también pone de manifiesto una cuestión especialmente llamativa: las respuestas de los residentes podían cambiar considerablemente dependiendo del día y del momento en que se realizaba la valoración. “Nos sorprendió la heterogeneidad de las respuestas: un mismo paciente respondía a las preguntas de manera muy diferente dependiendo del día y del momento”, explica. Esta variabilidad puede estar relacionada con diferentes circunstancias que afectan a la percepción del dolor o de la calidad del sueño, como haber sufrido una caída, entre otros.

Cuando se habla de caídas en personas mayores, habitualmente la atención se centra en las consecuencias físicas. Sin embargo, la enfermera de Albacete advierte de que también pueden desencadenar importantes consecuencias psicológicas. Una de ellas es el síndrome de temor a caer, que puede provocar ansiedad y aislamiento y terminar afectando directamente a la autonomía de la persona. “Este miedo provoca una pérdida de la autonomía, ya que dejan de llevar a cabo actividades de la vida diaria como cocinar o limpiar, e incluso ducharse o vestirse solos”, asegura.
La prevención, clave para reducir el riesgo
El temor puede llegar también a limitar las relaciones sociales, al evitar salir de casa por miedo a sufrir una nueva caída. Todo ello puede contribuir al aumento o aparición de fragilidad y favorecer problemas como la ansiedad, la depresión o incluso síndromes confusionales agudos.
La investigación pone sobre la mesa la necesidad de prestar atención a la relación entre el dolor y el sueño. Desde la perspectiva de la investigadora, un dolor mal controlado puede dificultar el descanso y provocar que la persona se encuentre al día siguiente más cansada o desorientada, aumentando así el riesgo de sufrir una caída. “Un pequeño cambio sería solicitar al equipo que se valore de manera sistemática el dolor cuando la persona va a dormir y cuando despierta, en lugar de ser evaluado únicamente durante el día”, señala.

La prevención, según explica esta enfermera especialista en Geriatría, debe abordarse tanto en residencias y centros sociosanitarios como en hospitales y domicilios. Una de las primeras medidas sería realizar una valoración geriátrica integral, que permita detectar factores de riesgo y analizar las posibles causas cuando existe una elevada probabilidad de sufrir una caída.
“Se tiende a relacionar el envejecimiento con la enfermedad, y esto no es así”
Del mismo modo, considera prioritaria la revisión de la medicación para detectar situaciones de polifarmacia y posibles interacciones que puedan afectar al sueño o aumentar el riesgo de caídas. A estas medidas se suman otras actuaciones sencillas en el entorno cotidiano: utilizar un calzado adecuado, adaptar las audioprótesis o las lentes cuando sea necesario, retirar alfombras y obstáculos y disponer de iluminación nocturna en pasillos y zonas de acceso al baño.
La especialista considera que todavía existe una percepción del envejecimiento excesivamente vinculada a la enfermedad. “Se tiende a relacionar el envejecimiento con la enfermedad, y esto no es así”, afirma. En este sentido, defiende la importancia de trabajar durante toda la vida en hábitos saludables, especialmente a través de una alimentación adecuada y la práctica de ejercicio físico. “Nos gustaría incidir en que además, esta última es fundamental para el mantenimiento de la independencia y la calidad de vida en el adulto mayor”, apunta.

El estudio pone así el foco en dos problemas que pueden pasar desapercibidos —el dolor y las alteraciones del sueño— pero cuya detección y seguimiento pueden resultar relevantes a la hora de preservar la autonomía y reducir factores asociados al riesgo de caídas entre las personas mayores.

