Cuando se habla de la cuchillería de Albacete, los nombres de los grandes maestros cuchilleros ocupan, con todo merecimiento, el centro de la historia. Pero hubo otros oficios imprescindibles para que esas piezas llegaran a convertirse en lo que hoy conocemos. Uno de ellos fue el de corrionero, un artesano dedicado a trabajar el cuero y, especialmente, a confeccionar los cintos y fundas que acompañaban a los cuchilleros. Es el caso de Pascual Ortega, el último corrionero de Albacete, un hombre que durante buena parte del siglo XX puso sus manos y su aguja al servicio de la cuchillería albaceteña. Una labor que ha ayudado a construir una de las señas de identidad más importantes de la ciudad: la de los cuchilleros ambulantes, vendiendo cuchillos y navajas en numerosos puntos de Albacete, ataviados con sus cintos.
Detrás de estos cintos, una de las señas más reconocibles de la cuchillería de Albacete, están las manos mágicas de Pascual Ortega, quien elaboraba estas piezas tan características de Albacete. Por eso, quizá, sin las manos de Pascual y la de otros compañeros de oficio, la historia de la cuchillería albaceteña hubiese sido otra.

Pascual nació en Chinchilla en 1912 y falleció en Albacete en 1991. Su historia profesional comenzó lejos de la cuchillería. Procedía de una familia de panaderos, pero aquel oficio no terminó de convencerle. Cuando su familia se trasladó a Albacete tras el fallecimiento de su abuelo, Pascual conoció a Juan José Íñiguez, propietario de un taller de talabartería en la capital albaceteña. Allí comenzó a aprender un oficio que terminaría marcando toda su vida, y la de decenas de sagas de cuchilleros en Albacete.
Pascual Ortega, el hombre detrás del cinto de los cuchilleros de Albacete
El hijo de Pascual, Jesús Ortega, ha dedicado los últimos años a reconstruir su historia y recuperar la memoria de un trabajo artesanal que, con el paso del tiempo, desapareció. Y gracias a su labor de investigación ha recuperado la historia del que fue el último corrionero de Albacete, Pascual Ortega. “Mi padre lo tenía y claro y siempre decía que era corrionero; ni guarnicionero, ni talabartero: corrionero”, comparte Jesús Ortega con El Digital de Albacete.
Eso sí, la historia de Pascual Ortega no empezó entre agujas y telas, sino entre harina y masa. “Eran panaderos”, recuerda su hijo, que sostiene que tras conocer a la familia Íñiguez, Pascual permaneció en esta casa más de 5 décadas. Pero Pascual también tenía su propio espacio de trabajo con sus talleres situados en la calle Marzo y Cruz, por donde pasaron algunos de los nombres más reconocidos de la cuchillería como miembros de la familia Expósito o vendedores como El Fati o El Bocha. “Los conocía a todos”, explica Jesús.

Así, Pascual dedicó casi toda a su vida a trabajar las fundas de cuero para los cuchillos de Albacete y, especialmente los característicos cintos que terminarían convirtiéndose en una de las señas de identidad de la cuchillería local con su característica lona verde, como firma de Pascual.
Más allá del filo: Pascual Ortega, el artesano que vistió a los cuchilleros de Albacete
El trabajo requería un proceso minucioso, tanto en el diseño como en la confección. No era simplemente coser un cinto: había que conocer las necesidades del cuchillero, trabajar los materiales y conseguir que la pieza acompañara al cuchillo. Y todo a mano, porque Pascual “nunca aprendió a coser a máquina”. Un trabajo artesano que tampoco dejó de lado durante su jubilación. “Era su pasión”, sostiene Ortega.
Para Jesús Ortega, recuperar la figura de su padre supone también reivindicar una parte de la historia de la cuchillería que durante años quedó en segundo plano. Y es que para que un oficio salga adelante, influyen muchos factores, y en este, Pascual era clave. “Si no fuese por los cintos, quizá los cuchilleros hubiesen utilizado otro sistema como una carpeta, pero el cinto es único y es lo que diferencia a los cuchilleros de Albacete”, apunta. Y es que fue precisamente este complemento el que construyó una parte de la identidad albaceteña.

Pascual Ortega no solo cosió cintos: cosió una parte de la historia de Albacete
Jesús Ortega ha realizado una importante investigación que empezó con la idea de recuperar la historia de su padre pero, para su sorpresa, se topó con la historia colectiva del sector más característico de Albacete. “Ha sido todo un engranaje cuyo resultado ha sido sacar a la luz un oficio desaparecido”, resume. Una investigación que llevó al propio Jesús ha reconstruir el trabajo de su padre, y eso incluía confeccionar su propio cinto, a modo homenaje, y también para conocer la dificultad de aquel oficio. Una forma de acercarse a las manos de su padre y entender un oficio que hoy ya no existe.
Así, Pascual no solo ayudaba a los cuchilleros a contar con un mero complemento que les facilitase el trabajo, sino que “los acompañaba en ese proceso de hacer obras de arte”, sostiene. Y es que el cinto “es muy nuestro”, destaca. “Para mí es una alegría tremenda que la figura del corrionero no desaparezca, que siga circulando, aunque sea en momentos puntuales, en Fitur, en la Cabalgata, en la Feria… pero que siga ahí un trocito”, manifiesta.

Pascual Ortega dejó en Albacete un legado tangible no solo ligado al sector de la cuchillería, pues Pascual contribuyó a la identidad de una ciudad entera. Sus manos fueron las artífices durante más de 50 años de las piezas más características que acompañaron a los cuchilleros de Albacete. Y lo hizo lejos de los focos, en su taller, con su cuero, su hilo y su aguja. Quizá por eso, cuando hoy se habla de la cuchillería albaceteña, también hay que mirar un poco más allá del filo y la hoja. Hay que mirar al cuero, a los cintos y a esas manos que, puntada a puntada, como las de Pascual, acompañaron durante décadas a quienes hicieron de la navaja un símbolo de Albacete. Porque Pascual Ortega no solo cosió cintos: cosió una parte de la historia de la ciudad.
Y aunque aquel oficio se haya ido perdiendo con el paso de los años, cada vez que un cuchillero vuelva a llevar uno de aquellos cintos, cada vez que una de esas piezas aparezca en una exposición o desfile, quedará un pequeño rastro de Pascual. Un trocito de aquel corrionero de Albacete que, desde su taller ayudó a que la cuchillería albaceteña fuera también una forma de identidad.

