Ella estudió Periodismo y Comercio exterior; él Contabilidad y Administración de empresas. Carmen Manzano, de Valencia, y Alberto Manzano, de Villanueva de la Jara, a escasos kilómetros del límite provincial de Albacete con Cuenca, tenían formación y caminos profesionales por delante, pero decidieron dar un giro radical a sus vidas. El motivo estaba en una antigua receta que su abuela guardó como un secreto familiar, un remedio tradicional para las hemorroides que ambos se propusieron convertir en un proyecto empresarial. Así comenzó una aventura que los llevó a dejar atrás sus planes iniciales, instalarse en el pueblo de sus raíces y transformar una herencia familiar en su forma de vida.

Un remedio natural para las hemorroides
Carmen Manzano nació en Valencia, y su abuela, Carmen Serrano, natural de Villanueva de la Jara, poseía una fórmula secreta muy bien guardada desde hace muchos años: un remedio infalible para las hemorroides. “Mis bisabuelos eran pastores, y mi abuela se crio con ellos en el campo, algo que conocía como la palma de su mano. Cuando llegó la guerra civil española, hubo en Villanueva de la Jara un hospital de campaña de las Brigadas Internacionales y, asiduamente, uno de los médicos desplazados a este hospital le pedía a mi abuela, que por aquel entonces era una cría de 10 años, que le recogiera algunas plantas en el campo. Casi a diario, mi abuela, que era muy bien mandada y conocedora de cualquier planta del lugar, recogía esas plantas y se las llevaba a este médico. Hasta que un día, mi abuela que también era muy curiosa, le preguntó al doctor para qué eran esas plantas, y él le contestó que eran para elaborar una receta secreta que servía para sanar las hemorroides”, relata.

El potingue milagroso
Cuando finalizó la guerra civil, Carmen Serrano, de manera totalmente altruista, siguió haciendo esa receta para la gente del pueblo, y en muy poco tiempo se hizo famosa en la comarca por su eficaz remedio contra las hemorroides. “Mi abuela era muy discreta y hacía la fórmula en su casa a hurtadillas, cuando no la veía nadie, y nunca decía lo que llevaba para guardar su secreto con mimo, pero recuerdo entrar en su casa y notar ese olor a plantas medicinales que lo impregnaba todo. La voz se fue corriendo, y poco a poco empezaron a venir al pueblo médicos de Albacete, de Cuenca, y gente de Madrid, Sevilla, y muchos puntos de España a por ese ‘potingue’ milagroso, que era como lo llamábamos nosotros cuando todavía no tenía nombre”, refleja.

Un tema tabú que no se suele contar
Carmen estuvo saliendo al campo a por sus plantas hasta los 93 años, una edad en la que ya empezó a notar que las piernas ya no le daban más de sí. “Mi abuela tenía muchos nietos, pero fue a mi primo Alberto y a mí, que éramos los más jóvenes y teníamos mucho apego con ella, a los que nos pidió ayuda. Por aquel entonces teníamos 16 años, y nosotros estábamos encantados de salir a por las plantas que nos pedía la abuela, y de que poco a poco nos fuera desvelando esa receta tan bien guardada para que le echáramos una mano. Tres años más tarde, mi abuela falleció a los 96 años, y esa fórmula secreta quedó en nuestro poder. Cuando mi abuela faltó, la gente del pueblo nos seguía pidiendo ese remedio, y fue entonces cuando me di cuenta de que las hemorroides, a pesar de ser un tema tabú que no se suele contar, es una dolencia que sufría mucha gente”, indica.

‘Almostop’
Fue en ese momento cuando Carmen y Alberto decidieron darle un giro al producto, pensando en comercializarlo para llegar a más gente. “Por aquel entonces yo me encontraba estudiando periodismo en Valencia, y fue precisamente en las aulas de la universidad donde nació la idea de crear una marca con aquel ungüento secreto de mi abuela. Sabíamos que tenía mucho potencial, pero no sabíamos cómo plasmar a nivel comercial un producto que siempre se había hecho en casa de forma artesanal, y nos daba un poco de miedo, porque era un paso muy grande. Pero decidimos seguir adelante y nos pusimos a buscar un laboratorio, un nombre y un logotipo para el producto. Una vez que lo teníamos todo, presentamos toda la documentación ante el colegio de farmacéuticos para que nos diesen el código nacional, que es como el DNI del producto, y de este modo, en verano de 2020 nació ‘Almostop’, nuestra propia aventura empresarial”, celebra.

Un ‘productazo’
Pensando en muchos nombres que tenían en mente, finalmente se decantaron por ‘Almostop’. “Después de darle muchas vueltas, elegimos ‘Almostop’ tras una votación familiar, porque es fácil de pronunciar, directo, y sobre todo muy intuitivo. Todo esto coincidió con el final de mis estudios universitarios, y eso supuso un punto de inflexión para mí, un momento en el que tenía que plantearme lo que quería hacer. Así que cambié el rumbo de mi vida, y decidí irme a vivir a Villanueva de la Jara, el pueblo de mi abuela. Alquilamos una nave para todo lo que es la logística y distribución, y nos pusimos manos a la obra. Preparamos un dosier y salimos con nuestras muestras a presentar el producto a las farmacias, y fuimos haciendo cada vez el radio más grande. También abrimos la vía online, porque nos dimos cuenta de que podía ser interesante para llegar a otras partes de España que eran más complejas de llegar. Cuando empezamos a ver que tenía muy buena salida, y que era bastante asequible el transporte, también nos lanzamos a Europa. Nuestro objetivo era darnos a conocer, pero jugábamos con una buena baza, y es que sabíamos perfectamente que el producto funcionaba. Sabíamos que teníamos en nuestras manos un ‘productazo’, y que solo era cuestión de tiempo a que lo probaran y esperar, porque sabíamos que repetirían. Teníamos tal confianza en nuestro producto, que hasta regalábamos muestras para que lo probaran, y comprobaran que era cierto lo que contábamos”, resalta.
Villanueva de la Jara como punto estratégico
Dejar Valencia para emprender una nueva aventura en Villanueva de la Jara era todo un reto. “Al principio mi familia, y sobre todo mis padres eran muy reacios, porque yo había estudiado periodismo y comercio internacional, y encorsetarme en un proyecto así, con la incertidumbre que conlleva, era toda una aventura. Pero luego lo aceptaron y a día de hoy están muy contentos del paso que di, y de que hubiera apostado por ello. En realidad, a nivel personal, haber dejado Valencia para irme a Villanueva de la Jara ha ido cobrando todo el sentido, porque yo siempre le he tenido mucho cariño al pueblo, y creo que estamos muy bien posicionados. Y es que, considero que Castilla-La Mancha es un punto estratégico para explotar todo ese potencial que tenemos, y que a veces no valoramos. Era un reto bastante complicado, y quizá habría sido más fácil quedarme en Valencia, pero creo que había que darle el valor que se merecía la zona, y colocar nuestro granito a la hora de poner a Villanueva de la Jara en el mapa, porque se lo merece. Otro aspecto importante es que las plantas con las que se elabora el producto son muy complejas y difíciles de encontrar, y por eso la producción es limitada. Pero lo fundamental es que son exclusivas de esta zona, y por su suelo y su clima se crían aquí”, señala.
De Villanueva de la Jara al mundo
A día de hoy, ‘Almostop’ está ayudando a sanar de esta dolencia a gente de todo el planeta. La distribución de unidad por unidad a los clientes de España con paquetería diaria era muy densa, así que “cuando llegamos a Europa, comenzamos con la venta al por mayor, delegando más en los distribuidores para que esa distribución se hiciera más dinámica y ágil. Ahora mismo estamos empezando a asentar las exportaciones en Latinoamérica, y estamos entrando en República Dominicana y en Colombia, y ese es el objetivo del año 2027, coger ritmo en estos dos países. Ahora la gente del pueblo, y el propio farmacéutico, nos dan las gracias por haber seguido con la receta de mi abuela, porque aquí el que más o el que menos la ha probado y sabe que funciona. Por otro lado, creo que mi abuela estaría muy orgullosa de que sus nietos hayan sacado adelante aquella fórmula secreta que con tanto mimo guardó, y que si no la recuperamos nosotros se iba a perder. Además, estoy segura de que estaría contenta de que su ‘potingue’ esté ayudando a tanta gente que sufre esta patología en silencio”, concluye. A veces las respuestas no están en el camino que uno había trazado, sino en aquello que siempre estuvo cerca.

