En la avenida Doctor Pérez Gil de Fuente-Álamo (Albacete), entre el ir y venir de los vecinos, estaba la carnicería de Antón, el padre de María José Fuenteálamo, periodista de Albacete. Allí, entre mostradores, conversaciones y el trato diario con los clientes, creció una niña curiosa que escuchaba las historias de quienes entraban a comprar, observaba el mundo de los adultos y soñaba con un futuro lejos de aquel negocio familiar. Lo que entonces no imaginaba es que, muchos años después, aquellas vivencias terminarían convirtiéndose en un libro. Y que ese mundo del que un día quiso escapar acabaría regalándole una de las historias más personales de su trayectoria.
Este viernes, 9 de octubre, la periodista de ABC, natural de Fuente-Álamo, ha presentado en Albacete su libro ‘La hija del carnicero’, una obra que nace de sus recuerdos familiares, pero que va mucho más allá de la historia de una carnicería. A través de sus páginas, Fuenteálamo recupera un oficio ligado a la memoria, la cultura y las relaciones humanas, al tiempo que reivindica el papel de los carniceros y los ganaderos en una sociedad que ha cambiado profundamente su manera de comprar y de alimentarse.

La presentación, que ha tenido lugar en el Museo Municipal de la Cuchillería de Albacete, ha tenido para la autora un significado especial. Lo que en un principio imaginó como un encuentro pequeño, rodeada de amigos, terminó convirtiéndose en una cita en un espacio muy ligado a la identidad de Albacete. Una ocasión para compartir con sus paisanos una historia que, aunque parte de su propia infancia, también pertenece a quienes crecieron entre comercios tradicionales y conocen el valor de las relaciones que se construían detrás de un mostrador.

De la carnicería de su padre en un pueblo de Albacete a las páginas de un libro: “Jamás pensé que lo escribiría”
“Este es el libro que jamás pensé que escribiría”, confiesa María José Fuenteálamo a El Digital de Albacete. Así, además de vivir en primera persona como hija de carnicero, la idea del libro también llegó a través de la literatura descubriendo que este alimento había ocupado un lugar mucho más importante del que imaginaba en las grandes obras. Poco a poco, entre lecturas, María José comenzó a mirar de otra manera el oficio de su familia. Lo que durante su infancia había sido una realidad cotidiana, e incluso un mundo del que quería alejarse, empezó a adquirir un significado diferente. La carnicería dejó de ser únicamente el negocio de sus padres para convertirse en una ventana desde la que observar la sociedad, sus costumbres y su relación con la naturaleza.

“Cuando era pequeña quería que todo el mundo fuese vegetariano para que mis padres no tuviesen la carnicería”, recuerda con cariño. Sin embargo, el tiempo le ha permitido comprender que aquel lugar representaba mucho más de lo que entonces podía imaginar.
La autora reflexiona sobre cómo el consumo de carne, que a menudo se presenta como un debate contemporáneo, ha acompañado al ser humano desde hace siglos. También sobre cómo ha cambiado la forma de adquirirla: frente a las carnicerías tradicionales, donde el producto tenía un origen conocido y existía una relación directa con quien lo vendía, hoy muchas compras se realizan de manera rápida, sin apenas contacto personal. “Ese mundo que a mí no me gustaba, que era el de la carnicería, era un mundo absolutamente de lujo, que es en lo que se ha convertido ahora”, explica, y señala que “ahora en los mejores restaurantes te explican de dónde viene la carne”. Sin embargo, sostiene que al desaparecer las carnicerías de toda la vida, “vamos al supermercado y cogemos una bandeja de carne sin tener idea de dónde procede”.

María José Fuenteálamo: “Había vida en las tiendas”
En el recuerdo de María José Fuenteálamo, la carnicería de su padre no era solamente un lugar de trabajo. Era también un espacio de encuentro, donde los vecinos compartían y conversaban. “Mi madre era amiga de sus clientas, compartían recetas y había vida en las tiendas”, recuerda. La periodista contrasta aquellas escenas con una realidad en la que, muchas veces, se entra en los establecimientos con los auriculares puestos y se sale sin haber intercambiado apenas unas palabras. No se trata solo de la desaparición de determinados negocios, sino también de la transformación de una forma de relacionarse.

Y es precisamente ahí donde los recuerdos de su infancia adquieren un valor especial. Porque en aquella carnicería, mientras ella creía estar simplemente creciendo, también estaba aprendiendo a escuchar. “Me hice periodista en la carnicería”, asegura entre risas. Los clientes llegaban con historias de otros lugares, los viajantes traían noticias y productos de otras tierras y cada conversación podía abrir una ventana a una realidad desconocida.

‘La hija del carnicero’ también pone el foco a quienes han dedicado su vida a trabajar con los alimentos y los animales, un colectivo que, en opinión de la autora, no siempre ha recibido el reconocimiento que merece. “Yo no he visto más cariño y más respeto con los animales que el que les he visto a los ganaderos y a los carniceros”, sostiene.
De vuelta a las raíces en Albacete: “Ha sido un ejercicio precioso de recordar la infancia”
La presentación en Albacete ha sido, además, una oportunidad para que María José Fuenteálamo vuelva a encontrarse con una parte esencial de su vida. Hablar de la carnicería de su padre, de las costumbres de Fuente-Álamo y de aquella niña que escuchaba las conversaciones de los mayores supone regresar a un mundo que ha desaparecido en buena medida, pero que permanece vivo en su memoria. “Para mí ha sido un ejercicio precioso de recordar la infancia, de recordar un mundo que ha desaparecido, y que lo estoy compartiendo con mucha gente”, explica. Y hacerlo en Albacete tiene, para ella, un significado especial: supone hablar de cómo se vivía hasta hace no tanto tiempo, de unas costumbres que quizá se han olvidado demasiado deprisa.

Lo que comenzó como un libro que nunca creyó que escribiría se ha convertido así en una forma de reconciliarse con sus raíces. De mirar con otros ojos aquel negocio familiar que de niña no quería para sí y de reconocer todo lo que le aportó, incluso sin saberlo. Y es que, precisamente, las historias que terminamos contando, a veces, son precisamente aquellas de las que creíamos estar alejándonos. Y María José Fuenteálamo ha vuelto a la carnicería de su infancia para descubrir que, entre el mostrador y las conversaciones de los vecinos, también se estaba escribiendo una parte de su propia historia.

