El incendio declarado este miércoles en el asentamiento de chabolas situado junto al Jardín Botánico de Castilla-La Mancha y la carretera de Las Peñas ha puesto también de manifiesto uno de los principales peligros a los que se enfrentan los servicios de emergencia cuando intervienen en este tipo de construcciones: la elevada presencia de materiales combustibles y de recipientes que contienen gases inflamables.
Entre las infraviviendas pueden encontrarse bombonas de butano y pequeños recipientes de gas utilizados para cocinar o calentarse, como los conocidos cartuchos o botellas de camping gas. A ellos se suman maderas, plásticos, colchones, textiles y otros materiales que pueden favorecer una propagación muy rápida de las llamas y generar importantes cantidades de humo.

Qué ocurre con una bombona de butano en un incendio
El butano es un gas licuado del petróleo que permanece en estado líquido dentro de la bombona debido a la presión. Cuando el recipiente empieza a calentarse por efecto de un incendio, el líquido de su interior aumenta de temperatura, una mayor cantidad pasa a fase gaseosa y la presión dentro del envase puede incrementarse de manera considerable.
El riesgo crece cuanto más intensa y prolongada sea la exposición de la bombona a las llamas. Si se produce una fuga de gas y este encuentra una fuente de ignición, puede originarse una llamarada o alimentar todavía más el incendio. Además, el butano es más pesado que el aire, por lo que una fuga puede hacer que el gas se acumule en zonas bajas o espacios poco ventilados antes de inflamarse.
En situaciones extremas, cuando un recipiente presurizado es sometido a un fuerte calentamiento, su estructura puede debilitarse hasta producirse una rotura violenta. En determinadas circunstancias puede desencadenarse lo que técnicamente se conoce como una explosión por expansión del vapor de un líquido en ebullición, un fenómeno capaz de proyectar fragmentos y generar una importante bola de fuego si el producto liberado es inflamable.

El riesgo de los pequeños cartuchos de gas
Los recipientes de camping gas presentan el mismo problema a menor escala. Aunque contienen una cantidad de combustible inferior a una bombona doméstica, están presurizados y una exposición directa a temperaturas muy elevadas puede provocar su deformación, la liberación repentina del gas o la rotura del envase.
La existencia de varios recipientes de este tipo dentro de una misma zona incendiada complica además las labores de extinción, ya que los bomberos deben trabajar teniendo en cuenta la posibilidad de que aparezcan nuevos focos, fugas de gas o recipientes afectados por el calor mientras avanzan entre las construcciones.

Una intervención especialmente complicada para los bomberos
A este peligro se suma la propia configuración del asentamiento, con infraviviendas construidas con materiales de diferente naturaleza y numerosos objetos acumulados en espacios reducidos. El fuego puede encontrar así combustible de forma prácticamente continua y propagarse rápidamente de una construcción a otra.
Precisamente por ello ha resultado especialmente importante la apertura de pasillos realizada durante los últimos meses mediante una actuación coordinada entre Bomberos y Policía Local. Esos espacios han permitido dividir el asentamiento en distintos sectores, frenar la continuidad de los materiales combustibles y facilitar que los equipos de emergencia pudieran aproximarse a los focos con mayor seguridad.
El incendio de este miércoles ha afectado finalmente a entre 12 y 14 chabolas en una zona en la que residían alrededor de 200 personas. Una persona ha resultado herida leve con quemaduras en una mano y ha sido atendida por los sanitarios desplazados hasta el asentamiento.
/Fotos: Pilar Felipe/




























































