Una de las marcas más emblemáticas de Hellín y de toda la provincia de Albacete seguirá adelante. La histórica fábrica de caramelos La Elisa, que atravesaba una situación límite después de entrar en fase de liquidación y quedar abocada prácticamente a su desaparición, ha encontrado una nueva oportunidad gracias a la apuesta de tres empresarios, uno de Hellín y dos de Albacete, que han decidido asumir el reto de mantener viva esta mítica firma y su unidad productiva.
La operación supone evitar la desaparición de una empresa cuya historia se remonta al siglo XIX y que ha acompañado a varias generaciones de hellineros. La Elisa no es únicamente una fábrica de caramelos: su nombre forma parte de la tradición empresarial de Hellín y está estrechamente relacionado con uno de los productos más singulares que ha dado la provincia de Albacete, los célebres Caramelos del Congreso.
El futuro de la compañía había quedado seriamente comprometido durante los últimos meses. Como publicó El Digital de Albacete el pasado mes de julio, la sociedad propietaria de La Elisa había entrado en fase de liquidación después de atravesar importantes dificultades económicas. La posibilidad de encontrar un comprador para la unidad productiva aparecía entonces como una de las últimas vías para impedir el cierre definitivo.
Finalmente, esa posibilidad se ha convertido en una realidad. La apuesta de los tres empresarios permitirá abrir una nueva etapa y mantener con vida una marca profundamente ligada a Hellín, evitando que más de siglo y medio de tradición caramelera terminara desapareciendo.
Más de 175 años de historia en Hellín
Los orígenes de La Elisa se remontan a 1850, cuando ya existía en Hellín un establecimiento de dulces denominado Confitería La Esperanza, vinculado posteriormente al matrimonio formado por José María García Moya y la hellinera Elisa Arsenal Collados. A partir de 1913, el establecimiento comenzó a ser conocido como La Elisa, precisamente en honor a Elisa Arsenal.
La empresa continuaría después en manos de su hijo, Eusebio García Arsenal, y acabaría convirtiéndose en uno de los grandes nombres de la confitería hellinera. Sus caramelos traspasaron pronto las fronteras de la localidad e incluso de la provincia.
La importancia alcanzada por aquellos dulces quedó acreditada a comienzos del siglo XX. En 1905, durante el reinado de Alfonso XIII, la firma obtuvo la consideración de proveedora de la Casa Real, una distinción que demuestra el prestigio que habían alcanzado los productos elaborados en Hellín.
Durante décadas, la fábrica fue pasando por diferentes etapas y propietarios, pero consiguió mantener una producción estrechamente identificada con Hellín, con sus característicos caramelos cilíndricos, turrones, peladillas y otras elaboraciones de confitería.
Los caramelos de Hellín que llegaron al Congreso de los Diputados
Pero si existe un producto que permitió a La Elisa escribir su nombre fuera de la provincia son sus Caramelos del Congreso.
Se trata de un dulce elaborado con azúcar, glucosa y yema de huevo, caracterizado por el sabor del azúcar tostado y la yema confitada. La propia fábrica ha mantenido esta elaboración dentro de su catálogo tradicional.
Su relación con las Cortes se remonta a finales del siglo XIX y comienzos del XX. Los caramelos elaborados en Hellín comenzaron a consumirse entre los diputados durante las largas sesiones parlamentarias y terminaron convirtiéndose en una pequeña tradición dentro del hemiciclo. Su consumo se popularizó especialmente cuando se prohibió fumar durante las sesiones, utilizándose estos dulces para aliviar la garganta y la voz de los parlamentarios.
Aquella vinculación fue tan estrecha que los caramelos terminaron siendo conocidos directamente como “los del Congreso”. Su presencia en las Cortes se mantuvo hasta comienzos del siglo XX y actualmente una caja de caramelos La Elisa forma incluso parte de los objetos relacionados con la historia parlamentaria mostrados por el Congreso de los Diputados.
De estar al borde de desaparecer a comenzar una nueva etapa
Más de 175 años después de aquellos primeros pasos, La Elisa afrontaba en 2026 probablemente uno de los momentos más delicados de toda su historia.
El proceso concursal había desembocado en la liquidación de la sociedad propietaria de la fábrica. El objetivo pasaba por encontrar una salida para la unidad productiva que permitiera mantener la actividad, las instalaciones y una marca que difícilmente puede entenderse separada de la historia empresarial de Hellín.
Esa salida ha llegado ahora de la mano de tres empresarios de la provincia de Albacete, uno de ellos hellinero, que han decidido apostar por la continuidad de la fábrica.
Su decisión permite que La Elisa esquive un cierre que parecía cada vez más próximo y que Hellín conserve una de sus empresas más reconocibles. Una fábrica nacida en el siglo XIX, proveedora de la Casa Real, cuyos caramelos llegaron hasta los escaños del Congreso de los Diputados y que ahora tiene por delante la oportunidad de escribir un nuevo capítulo de su historia.

