Castilla-La Mancha conserva una parte de su historia más fascinante en rincones que, a simple vista, podrían pasar desapercibidos. Bajo el paisaje de sus municipios permanecen las huellas de pueblos que levantaron ciudades, construyeron murallas y dejaron atrás templos, viviendas y espacios públicos que todavía permiten reconstruir cómo era la vida hace cientos e incluso miles de años. Un patrimonio que convierte a la región en un enorme escenario histórico y que tiene dos de sus grandes protagonistas en la provincia de Albacete.
Una ruta arqueológica por Castilla-La Mancha
La historia de Castilla-La Mancha no solo puede descubrirse en sus ciudades y monumentos más conocidos. También se encuentra en los diferentes parques arqueológicos repartidos por la comunidad, espacios que permiten acercarse directamente a los vestigios de las civilizaciones que ocuparon este territorio.
La Red de Parques Arqueológicos de Castilla-La Mancha presenta una visión de distintos periodos de ocupación humana, desde la Edad del Bronce hasta la época medieval. Su objetivo es proteger, mejorar y transmitir a las generaciones futuras algunos de los elementos más destacados del patrimonio arqueológico regional.
La red también apuesta por intensificar la divulgación de este patrimonio y fomentar el desarrollo sostenible en el entorno de los parques arqueológicos. En total, los datos aportados para esta información sitúan en siete los parques arqueológicos de Castilla-La Mancha, repartidos entre Albacete, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara y Toledo.

El Tolmo de Minateda: siglos de historia en un cerro de Hellín
Esta ruta por la historia tiene dos paradas en la provincia de Albacete. Se trata del Parque Arqueológico del Tolmo de Minateda, en Hellín, y del Parque Arqueológico de Libisosa, en Lezuza.
Ambos enclaves permiten descubrir cómo diferentes sociedades fueron ocupando el territorio albaceteño a lo largo de siglos y constituyen, además, un ejemplo del importante patrimonio que se conserva en municipios alejados de los grandes núcleos urbanos. Precisamente ahí reside parte de su valor: fomentar el conocimiento de estos espacios supone también impulsar la cultura y poner en el mapa a pequeños municipios que cuentan un patrimonio histórico de enorme interés.
El Parque Arqueológico del Tolmo de Minateda está configurado alrededor del yacimiento arqueológico que recibe el mismo nombre, en el término municipal de Hellín, junto al límite con Cieza (Murcia).
El asentamiento presenta una dilatada adscripción cultural que arranca en la Edad del Bronce y se extiende hasta el siglo XX. El yacimiento se encuentra sobre un cerro amesetado de cerca de 500 metros de altura, con laderas abruptas que dificultan el acceso y que contribuyeron a convertirlo en un enclave fácilmente defendible.
El visitante dispone además de un centro de interpretación situado en las proximidades del yacimiento, pensado para facilitar la comprensión del conjunto.
El Tolmo de Minateda fue elegido como asentamiento por diferentes civilizaciones desde la Edad del Bronce hasta el siglo X d.C. A lo largo de ese tiempo se construyeron espacios públicos y habitacionales, necrópolis y estructuras defensivas. Entre los elementos que puede descubrir el visitante destacan una necrópolis ibérica y romana, la trama urbana, las estructuras defensivas, un conjunto arquitectónico religioso, una basílica, cementerios y un palacio episcopal.
El conjunto permite contemplar sobre el terreno la sucesión de culturas que dejaron su huella en este punto de la provincia de Albacete.

Libisosa, el otro gran viaje al pasado de Albacete
El segundo parque arqueológico albaceteño es el de Libisosa, localizado muy próximo al municipio de Lezuza y a más de 1.000 metros de altitud.
Su historia comienza en la Edad del Bronce y continúa con la aparición de un importante oppidum ibérico. Posteriormente, el asentamiento se convirtió en una colonia romana denominada Libisosa y, tras la Reconquista, acogió un complejo defensivo religioso-militar antes de quedar finalmente abandonado.
La variedad de etapas históricas convierte al enclave en uno de los espacios más interesantes para comprender la evolución de este territorio. Entre los espacios imprescindibles del yacimiento se encuentran el barrio ibérico, la muralla romana, el foro, la basílica, una domus y el complejo político-religioso medieval.
La visita permite así recorrer las diferentes fases de ocupación del asentamiento y comprender cómo un mismo territorio fue transformándose con el paso de los siglos.

Importante enclave arqueológico en la provincia de Ciudad Real
La provincia de Ciudad Real cuenta con dos parques arqueológicos: el Cerro de las Cabezas, en Valdepeñas, y Alarcos.
El Parque Arqueológico del Cerro de las Cabezas constituye un asentamiento fortificado de la Edad del Hierro y uno de los ejemplos más destacados de la cultura ibérica en el actual territorio castellano-manchego. Es, además, una de las pocas ciudades ibéricas que no tuvieron ocupación posterior al siglo II a.C. Sus restos han permitido conocer numerosos aspectos de la vida cotidiana de aquella sociedad.
Entre las estructuras excavadas aparecen acrópolis, santuario, calles, viviendas, almacenes, hornos cerámicos y desagües, además de importantes sistemas defensivos.

Alarcos: íberos, musulmanes y una cuidad medieval
El Parque Arqueológico de Alarcos está formado por el yacimiento que da nombre al parque y por el yacimiento visitable de Calatrava la Vieja. Alarcos fue un oppidum ibérico cuya evolución cultural se extiende desde la Edad del Bronce hasta el final de la Edad Media.
Durante la visita se puede descubrir el entramado de la ciudad oretana, su basílica y su necrópolis, además de acercarse a los restos del antiguo poblado islámico y de la posterior ciudad medieval.

Recópolis, el legado de visigodos y musulmanes
Guadalajara suma el Parque Arqueológico de Recópolis, integrado por los yacimientos de la ciudad visigoda de Recópolis y de la ciudad andalusí de Zorita, cuya alcazaba terminó convertida en castillo. Ambos enclaves se encuentran separados por apenas 1,5 kilómetros, siguiendo la ribera del río Tajo, en las proximidades de Zorita de los Canes.
La ciudad de Recópolis fue fundada en el año 578 d.C. y destaca por su planificación urbanística, su gran muralla, sus torres cuadrangulares y sus diferentes puertas de acceso. En la zona excavada pueden contemplarse una calle comercial y un conjunto monumental administrativo y religioso compuesto por el Palacio y la Iglesia Palatina.

Segóbriga: una de las grandes huellas de Roma en Castilla-La Mancha
En la provincia de Cuenca se encuentra el Parque Arqueológico de Segóbriga, situado en el término municipal de Saélices.
El enclave fue inicialmente un poblado celtíbero que, tras la conquista romana, se convirtió en ciudad a comienzos del siglo II a.C. Su importancia aumentó después de las Guerras de Sertorio, hasta convertirse en capital de un amplio territorio de esta zona de la Meseta.
Entre los espacios que pueden descubrirse durante la visita se encuentran el acueducto, la necrópolis, el teatro, las murallas, la basílica, las termas, la acrópolis, el foro, el anfiteatro y el circo. El parque dispone también de un centro de interpretación para profundizar en la historia del enclave.

Carranque conserva una villa romana con espectaculares mosaicos
La última parada de esta ruta se encuentra en la provincia de Toledo. Es el Parque Arqueológico de Carranque, una antigua villa romana localizada a unos cinco kilómetros del municipio del mismo nombre y próxima a la Comunidad de Madrid.
El yacimiento de Santa María de Abajo de Carranque surgió durante la época altoimperial como centro de explotación de los recursos agrícolas del entorno. Posteriormente adquirió relevancia como centro de poder territorial. Esa importancia se refleja en el edificio palacial levantado a finales del siglo IV o comienzos del siglo V d.C.
El visitante puede conocer el edificio palacial y su decoración, una iglesia visigoda y su necrópolis, casas y villas y diferentes mosaicos.
Una oportunidad para descubrir la historia más allá de las grandes ciudades
Los siete parques arqueológicos descritos muestran una Castilla-La Mancha que va mucho más allá de sus grandes capitales. El patrimonio también se encuentra en Hellín, Lezuza, Valdepeñas, Poblete, Zorita de los Canes, Saélices o Carranque, entre otros municipios vinculados a estos enclaves.
Acercar estos espacios al público significa preservar la memoria de las sociedades que habitaron la región hace siglos, pero también apostar por que la cultura llegue a todos los rincones de Castilla-La Mancha. Estos Parques Arqueológicos representan ejemplos claros de cómo los pequeños municipios pueden custodiar auténticos capítulos de la historia regional y convertirlos en una oportunidad para conocer, divulgar y poner en valor el patrimonio de nuestra tierra.


