Es el momento de decir adiós a este artículo semanal, de cada domingo. Este, precisamente, alcanza el número de 398 Revoleras, sin descanso. No es una despedida al uso porque nada se acaba, pero sí termina esta etapa en El Digital de Albacete. Ahora meditaré, valoraré y pensaré lo que procede. Esto no es lo destacado. Lo que quiero trasladar es que El Digital de Albacete, su director-editor, Javier Romero, me ofreció poder escribir un artículo de opinión semanalmente. Acepté de buen grado porque empezaba una nueva etapa, tras haber pasado muchos años en los despachos, dirigiendo distintos medios, la mayor parte del tiempo en la Cadena SER y en tres comunidades autónomas, además de otras responsabilidades en otros medios que configuran un currículum del que me siento orgulloso.
Mi pasión ha sido y es este oficio de contar cosas: el periodismo. Nunca acaba uno de aprender, de vivir nuevas sensaciones, nuevas emociones y, estos años opinando y, además, gratis, me he sentido como nunca. No tenía que hacer ninguna indicación, no tenía que mantener reuniones de trabajo, no tenía que programar ni inventar nada. En mi soledad y ante el ordenador, he opinado lo que he querido, sin ninguna presión, sin ninguna indicación. Más libertad no cabe. Me cuesta trabajo explicarlo de esta forma porque da la impresión de que necesito aclarar algo o justificar modos. No es eso.
En El Digital de Albacete, un medio con extraordinario éxito y estoy seguro de que así seguirá, no me han cambiado ni una coma ni un titular. Esto no es lo habitual en todos sitios. Javier Romero que es el director-editor, además de mi amigo, intuyo que habrá tenido que soportar algunas presiones a lo largo de este tiempo. No lo sé; insisto, es una intuición. Él sabe, porque lo hemos hablado, que mi cláusula de rescisión era bien sencilla de aplicar, porque una de las partes podía “renovar” o no. Javier Romero ha hablado conmigo. Lo entiendo perfectamente, sé lo que es dirigir un medio y, además hacer que salgan los números, cuestión principal. He entendido perfectamente su idea y sus planteamientos de cara a futuras elecciones. Sé que El Digital seguirá siendo el mismo o mejor, más reforzado. Quizás introduzca alguna novedad en el apartado de opinión. Lo que él haga me parecerá bien y lo aplaudiré porque en estos años me he sentido a gusto y no tengo nada que reprochar.
Siento que cambio de escenario. Ahora será el del parón, o no, veremos. Sin precipitaciones, sigo sintiendo lo mismo que cuando empezaba, las mismas emociones, quizá con más serenidad, y la idea de seguir aferrado a este oficio no me la va a quitar nadie porque, encima, no tengo que dar explicaciones a nadie, al menos, por ahora. Cuando tenga que darlas, lo contaré. Y si es preciso, por decencia, dejaría de escribir.
Por eso digo que nadie me ha presionado en este tiempo, ni políticamente, ni periodísticamente. Están siempre los clásicos pagafantas que van al “jefe” con el cuento de lo que ha escrito quién sea, incluido yo. Eso sí me llegaba y me daba risa porque en el periodismo no se está para organizar juegos florales, ni para hacer amigos, ni para que nadie te pase el argumentario y ser un papagayo más que un periodista. La responsabilidad va por otros derroteros bien distintos.
Yo no voy a dar lecciones porque aún estoy aprendiendo, pero sí sé lo que está bien, lo que está mal y lo que es manipular, que tanto denuncio.
Decía Ingmar Bergman que esta etapa que yo empiezo a encontrarme es como subir una montaña: cuanto más alto llegas, más fuerza necesitas, pero más lejos puedes ver. Se ve mucho mejor el paisaje de la vida.
Además, pese a los inconvenientes, este es un momento que, pese a la polarización, la maniobras sucias y oscuras para hacer caer a cualquiera, me importa poco el signo, todavía quedan muchos profesionales, muchos medios que da gusto escucharlos, leerlos y verlos. Hay mucha gente joven con una gran capacidad de análisis, en todos los campos y con un futuro extraordinario.
Termina una etapa, como les digo, pero no es el final de nada. No está escrito el mañana.
Insisto en los agradecimientos porque son de justicia y no van a hacer que desvíe mi atención ni un instante. Lo entiendo todo, lo comprendo todo. Además, diré que todas las opiniones valen lo mismo: son eso, opiniones que, uno firma y de las que se responsabiliza.
No se puede ni se debe buscar el aplauso fácil, no debe atormentarte la crítica y diré que en estas 398 Revoleras he sentido el respeto de mucha gente y, por los datos que en ocasiones me ha proporcionado el director del medio, el seguimiento ha sido bastante bueno. En estos años no recuerdo ni una sola crítica ácida a lo plasmado en mis artículos. Siempre pensé que no estar instalado en la mamandurria significaba un plus de respeto. Les aseguro que ni consignas ni directrices. Tan solo he plasmado unas cuantas ideas en cada artículo, a lo mejor hasta poco acertadas. Pero claro, eran las mías.
Nos encontraremos pronto, si es menester. A todos gracias y disculpas por los errores. Seguimos.
Ángel Calamardo
X: @AFCalamardo

