Fernando García, de 46 años, natural de Madrigueras, consiguió en 2024 una plaza como Técnico Auxiliar de Informática de la Administración General del Estado. Su destino estaba en Madrid, pero el coste de la vivienda convirtió el sueño de una plaza fija en un problema económico. “Yo me dedicaba al sector de las telecomunicaciones y tenía un trabajo de alto riesgo, porque me tenía que subir a torres de 20 metros. Cuando nació mi primer hijo empecé a plantearme dejar el trabajo y buscar otras cosas, porque ya no me gustaba tanto subirme a esas alturas, pero lo cierto es que ya había entrado en una edad en la que cada vez es más difícil encontrar algo fijo. Empecé a pensar en mi futuro, en algo para estar mejor y tener más estabilidad, y entonces surgió una gran oportunidad. Durante la pandemia no habían salido oposiciones de Auxiliar de Informática, y de pronto salieron las plazas de tres años en un año solo, y lo vi como una gran ocasión y me presenté. Hice un gran esfuerzo durante año y medio, empecé a estudiar en mayo de 2022, trabajando y con un niño pequeño, y en septiembre de 2023 me examiné. En ese momento pensaba en resolver la papeleta laboral y mi futuro, pero en ningún momento pensé en el problema de la vivienda, ni que iba a acabar en un destino, en el que, trabajando en la administración pública, no me iba a llegar para vivir”, lamenta.

Un inconveniente determinante
Era, en principio, una oportunidad para comenzar una nueva etapa profesional. Sin embargo, la plaza tenía un inconveniente determinante, el destino estaba en Madrid. “En diciembre de 2023 me llevé la gran sorpresa y la alegría de que había aprobado. Una vez aprobado te pueden dar plaza en cualquier lugar de España. Había un listado de plazas para poder elegir la ciudad que más te convenga, y yo pedí todas las plazas disponibles en España, excepto las grandes capitales, que las dejé las últimas. Al final me tocó en Madrid, que aunque no era lo que había pedido, era donde habían salido más plazas. Hablé con mi mujer para ver como lo hacíamos, y decidimos que me iría yo en un principio solo, y ella de momento se quedaba con el niño trabajando en Albacete, pero con la idea de que se vinieran a Madrid conmigo en un futuro. Llegué a trabajar en Madrid en junio de 2024, y todo parecía fantástico, sin embargo, cuando comencé a buscar piso empezaron los problemas”, señala.

Un sueldo de 1400 euros y un alquiler de 800 en Madrid
Con un sueldo aproximado de 1400 euros mensuales, Fernando se encontró con una realidad que poco tenía que ver con la estabilidad que tradicionalmente se asocia a un puesto de funcionario. El problema no era únicamente el salario, sino el coste de acceder a una vivienda en la capital. García resalta que “los precios del alquiler en Madrid han alcanzado niveles que hacían difícil cuadrar cuentas. También estuve viendo habitaciones para compartir, pero las que vi cerca de donde tenía el trabajo estaban entre los 700 euros solo la habitación, así que terminé trasladándome a Móstoles, donde conseguí una vivienda por 800 euros. Las cuentas eran sencillas, de los aproximadamente 1400 euros de sueldo, 800 se destinaban únicamente al alquiler. A esa cantidad había que añadir los gastos de electricidad, agua, alimentación, transporte y el resto de gastos cotidianos, y te das cuenta de que al final de mes estás perdiendo dinero”, refleja.

Buscando fórmulas para poder seguir viviendo en la capital
Ante la situación, Fernando empezó a tomar decisiones personales y profesionales. “La cosa se complicó un poco más cuando mi mujer se quedó embarazada y, ya con dos niños, era aún más difícil el hecho de que pudieran venir a vivir conmigo a Madrid, porque además el piso no tenía ascensor. Así que tenía que viajar todos los fines de semana a Madrigueras para ver a la familia. Estuve así un tiempo, más o menos un año, hasta que me di cuenta de que eso era insostenible, y llegué a la conclusión de que tenía que bajar gastos. Así que busqué fórmulas para quedarme en la capital, como compartir casa con familiares, primero con un tío mío que vive en Madrid, y luego con mi prima. En esos momentos estuve mirando la posibilidad de aguantar como fuese otro año más, y al hacer dos años en el puesto pedir una excedencia. De este modo podía volver al sector privado, y trabajar como he hecho toda la vida de autónomo, y siempre con la posibilidad de volver a mi plaza si tenía la posibilidad de mejoras en el destino”, explica.

Del puesto en Madrid a la actividad sindical en Albacete
Fernando empezó a plantearse la posibilidad de desarrollar su vida en unas condiciones económicas que pudiera asumir. “Yo estoy afiliado en un sindicato que es el CSIF, donde conocían mi caso bien de cerca. Estaba viendo con ellos la posibilidad de concursar para ir a otro sitio, y solicité a través de ellos una comisión de servicio para volver a Albacete, pero me la denegaron porque llevaba menos de dos años en el puesto. Suele pasar, porque a un funcionario al que le toca irse a Madrid, salvo que tenga casa allí, lo que quiere es irse de Madrid lo antes posible, porque sabe que no va a llegar a fin de mes. En ese tiempo que estaba viendo opciones, en junio de 2025, cuando llevaba más de un año en Madrid, me llamó desde el CSIF el responsable que llevaba la Administración General del Estado en Albacete, y me dijo que se iba a jubilar en diciembre de ese año, y que si aguantaba en Madrid hasta entonces, igual podía coger su puesto en diciembre. De este modo, el 15 de diciembre de 2025 trabajé en Madrid, y el 16 de diciembre ya me incorporé a trabajar en el CSIF de Albacete, en donde me dedico a labores sindicales. Lo que hice fue una liberación institucional, una especie de dispensa. Quiere decir que tengo permiso a no ir a mi puesto, porque he quedado liberado para realizar labores sindicales en mi tiempo de trabajo”, indica.
Hoy, desde Albacete y vinculado a la actividad sindical del CSIF, Fernando continúa desarrollando su trayectoria profesional. Su experiencia sirve de ejemplo de una realidad cada vez más presente en el debate sobre el empleo, porque tener un trabajo estable no significa poder afrontar con tranquilidad el coste de vida. “En mi caso, conseguí una plaza de funcionario para poder desarrollar mi vida profesional y personal, y al final he tenido que alejarme del destino para el que había aprobado. Ahora vivo en Madrigueras y vengo todos los días a Albacete a trabajar, y aquí sí que puedo llegar a fin de mes”, concluye. El caso de Fernando no puede entenderse únicamente como una cuestión salarial. También habla del acceso a la vivienda, de la concentración de oportunidades laborales en grandes ciudades, y de la distancia que puede existir entre los salarios y el coste de la vida.

