Hacía 45 años que no se celebraba una corrida concurso de ganaderías en Albacete. Antes, solo se había visto una más en la feria. Es un formato que surge más como necesidad que por virtud. Es una de las pocas ocasiones en las que, si los toreros se prestan, se puede contemplar una corrida de toros en su plenitud. Protagonismo al toro, al torero, pero también al caballo. La de este jueves de cierre de feria quedará para la historia de la plaza, pero también de la tauromaquia. Se lidiaron dos toros importantísimos y se vivió un tercio de varas que puso a toda la plaza en pie asistiendo a un espectáculo que rara vez puede contemplar. Empezó con retraso porque había que quitar la lona, que se colocó con acierto para evitar que se inundará el ruedo con el chaparrón de la mañana, que dio paso a una tarde de lujo. Si alguno llegaba tarde, no tuvo problema. Y es que es fácil demorarse por el laberinto en el que convierten Albacete cada vez que ven una nube asomar. Nos cierran los parques por las fuertes rachas de no viento y por las terribles tormentas sin agua. Tenemos que bordear el espigón de los Jardinillos para llegar a la plaza porque está el portón que ya lo quisiéramos así en Ceuta. En el Abelardo solo faltan concertinas. Riesgo de caída de árboles, concretamente los 0 que hay en esa travesía entre el paseo de la Feria y la avenida de Los Toreros. Es más fácil que te toque la minimoto de la tómbola. Y me parece fenomenal, oiga, más vale prevenir que curar. Sería igualmente fantástico que, dado que las competencias recaen en la misma persona, clausuren también el palco presidencial de la plaza de toros de Albacete. También supone un peligro potencial para los aficionados. Hoy volvió a ser el protagonista negativo del festejo, negando la vuelta al ruedo a un bravísimo toro de Baltasar Ibán.
Abrimos la tarde, por orden de antigüedad, con un toro de Miura largo, alto, silleto y con dos velas por delante. Toro de enorme trapío, con ese carácter agalgado de este hierro. Midió mucho en el capote de Rubén Pinar, que fue inteligente y se sacó al toro al tercio sin molestarlo demasiado, pero dejándole claro quién mandaba. Lo colocó en un primer puyazo que cayó muy bajo. Rectificó el picador y le dio una soberana paliza. Después, otro leñazo. Se puso áspero en banderillas, pero llegó a la muleta más suelto y algo más pacífico. Le vino de fábula al Miura tener enfrente a Pinar, que estuvo acertado en el planteamiento y en el nudo de la faena, que brindó al público. Empezó pegado a tablas para ir probando las embestidas y, por la vía del temple, tratando de limar esa aspereza inicial. Corrió la mano con mucha suavidad, que era lo que requería el toro, demasiado bonancible para lo que se puede esperar de este hierro. Le faltó esa emotividad en la embestida, o al menos en las ideas. No fue fácil, pero tampoco un marrajo. Requería siempre el toro una distancia de seguridad para abrirlo y que no viniera demasiado acostado sobre el cuerpo del torero, algo que no vio cierto sector de la plaza, que se puso a pitar sin conocimiento. Una cosa es torear despegado y otra, pulir las distancias para afianzar al toro. Cuando había conseguido ese objetivo, entonces sí se quedó en el sitio y ligó varios naturales de mucho peso y enorme mérito. Los toreros tan técnicos y con tantísimo oficio no son tan fáciles de digerir para según qué públicos, pero poco o nada se le puede reprochar al matador manchego, que además mató al Miura de manera soberbia.
En segundo lugar saltó un toro de Samuel Flores que estaba muy en el tipo. En el tipo de los utreros de Samuel, claro. Un animal impresentable y que pasó el reconocimiento únicamente por el logo que lleva herrado a fuego. Era grandón, pero no estaba cuajado ni tenía aspecto de toro toro. Quizá se seleccionó por nota. Mejor uno que dé garantías que un buey para las calles, podríamos pensar. Fue imposible en los primeros tercios, manso y remiso a los capotes. Meterlo en el caballo, un calvario. Solo acometía con cierta franqueza en dirección a su querencia. Brindó Damián Castaño, nuevo en esta plaza, al matador de toros José Ignacio Sánchez, presente como representante de la ganadería de Pedraza de Yeltes. El salmantino estuvo fenomenal con el torete de Samuel, que cambió radicalmente cuando se quedaron solos él y el torero. Sacó una codicia oculta que, dentro de su mansedumbre, le aportó aquello enormes dosis de emoción. Muy despierto Damián Castaño, entregado siempre para dejar la muleta en la cara y buscar la ligazón, pero sin perder nunca el sentido estético. La faena ganó en transmisión por el lado derecho, pero fue al natural cuando llegaron los momentos de mayor calidad. Se arrancó la música y se apagó el toro. Estaba el triunfo en el alambre y todo iba a depender de la espada, la eterna asignatura pendiente del bravo matador castellano. Dejó un bajonazo terrible en el primer intento, casi a la altura del guarismo, y uno más que fue también bastante aparatoso. Dos accidentes que emborronaron una actuación más que digna.
Hizo tercero un serio toro de Cuadri, bien cuajado y con trapío de primera. De pitón corto y enormemente astifino. Qué miedo dan estos toros. Salió haciéndose notar, comiéndose los burladeros y embistiendo con casta en el capote de Cristian Pérez, que voló con soltura. Varios lances a la verónica ganando terreno y un remate por bajo muy torero para coger sensaciones. Se le vio, al menos en apariencia, físicamente preparado, después de dos semanas con dobles sesiones de tortura diaria en el fisio para llegar a esta cita. Se paró el toro cuando vio al caballo y le costó un mundo arrancarse al peto. Movió bien el caballo Daniel López, pero el Cuadri no estaba hoy por la labor. En el primer envite empujó con un solo pitón y en el segundo, pasó desapercibido. Dos buenos puyazos. Tiene bien ganada la fama esta ganadería de ser la más difícil en banderillas. Se lo puso difícil incluso a Iván García, que es el mejor banderillero con el capote y con los palos que hay en la actualidad. Lo lidió perfecto, pero no sin complicaciones. Después del brindis, Iván García se resbaló tratando de cerrar al toro y a punto estuvo de llegar el percance. El toro lo empujó contra el suelo y le dejó un boquete en la taleguilla a la altura lumbar, pero se levantó sin mirarse el matador madrileño. A partir de ahí, solos Cristian y Cuadri. Cómo fue aquel encuentro. Un torero sin tabaco y un toro que quería fumar. Se puso en el sitio donde otros ponen la muleta y le entregó su alma poniendo como pantalla únicamente ese trapillo rojo que parecía una hormiga delante del Cuadri, que acabó embistiendo con tremenda importancia. El secreto del toro estaba en ir ganándole la acción y en anticiparse siempre cuando giraba para evitar que pensara. Estos toros no suelen tener buenos pensamientos, se orientan y lo ponen todo complicadísimo. El Cuadri rompió a embestir, fue muy temperamental y se encontró un torero enfrente para tratar de dominar la fiereza. No fue ni mucho menos un toro fácil, pero tampoco un animal geniudo. Fue un Cuadri de los que piden el carné. Por trayectoria, el torero de Hellín todavía no ha pasado por algunas de las asignaturas más complejas del toreo, pero está en ello. Este examen lo pasó con nota. Tenía un orejón en la mano, pero falló con la espada y se dilató en exceso la muerte. La ovación supo a gloria.
Baltasar Ibán hizo aparición en cuarto turno con un toro precioso, muy serio, pero sin exageraciones. ‘Sartenero’ era ese animal que entra por los ojos. En los corrales por la mañana ya nos pareció un escándalo. Todo lo hizo con entrega y con una categoría suprema en la embestida. Toro importante. Rubén Pinar, solvente como siempre. Se lo hizo todo con mimo, aunque el toro no medía sus fuerzas. No lo hizo tampoco en el caballo, donde se gastó una barbaridad. Hubo dos puyazos de Agustín Collado, uno, muy trasero y lesivo y el otro, un señor puyazo en la yema con el toro apretando. Momento de gran emoción que nos roban cada tarde. Se veía la bravura del Ibán, pero ahora iba a venir la clase y la codicia, que se quintaesenció en el capote de Javier Perea. Gran tercio de banderillas con Raúl Ruiz e Ignacio Martín. Brindó Pinar al público y se quedó pegado a la puerta grande para iniciar por bajo, sometiendo en exceso al toro en una primera tanda larga y poderosa que quebrantó mucho al animal. Optó por la distancia corta en lugar de darle metros para que viniera al galope. Le costó mucho tomar vuelo a la faena porque el toro protestaba en esa cercanía y embestía con tanta potencia que complicaba la limpieza. La bravura y la casta nunca son un defecto, pero a veces es casi imposible domeñarla. Insistió el matador, que no consiguió elevar el trasteo hasta la parte final, con dos tandas de naturales muy conseguidas. Para entonces, la plaza ya había tomado partido por el toro, el más bravo de la feria. Lo mató mal Pinar y se atascó con el descabello. El palco, rizando el rizo de su antitaurina feria, no concedió la vuelta al ruedo al toro. Solo saben sacar el naranja, que es un premio al torero. Toro para el recuerdo al que le robaron el honor, pero no la gloria. Los representantes de la ganadería mandaron a disecar el toro entero.
Lo del quinto quedará para la historia y ojalá que sirva para algo. Tres nombres para apuntar. El primero, el del toro, ‘Organillero’ de Fuente Ymbro, serio, ofensivo por delante y bravo como él solo. El segundo, el del picador, Cristian Romero, jinete local, que colocó tres puyazos con el toro viniendo arrancó de largo que fueron tres monumentos. Se arrancó dos veces la música por ‘Amparito Roca’ para honrar a ‘Organillero’ y a Cristian Romero, que protagonizaron lo más puro de toda la feria. Y si pudimos disfrutarlo fue gracias al tercer nombre, Damián Castaño, uno de los toreros más generosos con los toros de cuantos hay en el escalafón. Lo colocó perfecto en tres ocasiones para que el picador manchego pusiera a andar al caballo para fijar la atención del toro. Cuando lo consiguió, echó al caballo hacia adelante y esperó a lanzar el palo en el mismo momento en el que el toro empezaba a descolgar para reventar el peto. Fue uno de los instantes de esta y de muchas temporadas. Pocas veces se vive algo con tanta intensidad en una plaza de toros. Tres puyazos perfectos y un matador que se ha ganado el cariño de esta plaza. Saludó Romero y también su cuadrilla, que cuajó un enorme tercio de banderillas. Brindó al público y se quedó de rodillas en el tercio para ligar derechazos templados y poderosos. ¡Cómo embestía el Fuente Ymbro! Iba con todo, pero con una calidad inmensa. Colocando la cara y llevándola empujada con los riñones. De mitad en adelante de muletazos bajaba la marcha, se reducía y empezaba a redondear el viaje. Estuvo tremendo el torero, pleno de entrega. Salió a lo medios y el toro, en un descuido, le cazó por el muslo y le pegó una voltereta pavorosa. Quedó colgado del pitón durante varios segundos y cayó después con el cuello. Estaba KO. Hubo unos momentos de incertidumbre y al final tuvo que ser Rubén Pinar quien se hizo cargo de él. Se abrió un debate en el callejón, qué hacer con aquel toro. Era de indulto, o al menos camino de ello iba. Esa bravura no puede acabar en hamburguesas. ¿Debería haber continuado con la faena? ¿Hubiera sido una falta de respeto al matador herido? Ahí queda la duda. Yo hubiera seguido. Pinar también lo intentó, pero ‘Organillero’ se había orientado. Ese tiempo muerto le vino fatal y todo se diluyó. Ricardo Gallardo, el criador del toro, estaba devastado en el callejón. Será para siempre una de las grandes incógnitas del toreo. Qué hubiera pasado si ese toro no coge a Damián Castaño. En cualquier caso, los que vinimos a la plaza nunca olvidaremos la lidia de un toro bravo. Se podría ver muchas más veces, pero el sector se niega a ello. Que tome nota la empresa y obligue a los toreros a cumplir con todos los tercios de la lidia de manera ordenada. De lo contrario, multa. Los toros tienen que ir mínimo dos veces al caballo.
Después de una zarzuela de emociones, el capítulo final. Un toro de Pedraza de Yeltes muy grande, pero que perdió mucho peso en el viaje hasta Albacete. No era el que se debería haber lidiado, pero el que se quedó fuera estaba todavía más escurrido por ese desgaste en el traslado. Toro alto, montado y algo basto. No decía mucho por su expresión, pero era un toro de Madrid. Lo paró con habilidad Cristian Pérez y trató de lucirlo en el caballo, pero el de Pedraza no se empleó. En banderillas, Iván García. Puso la plaza boca abajo con dos pares de un valor descomunal y una ejecución imperial. Brindó Cristian a Óscar Colmenar y a todos los monosabios de la cuadra de El Pimpi, en otro momento de gran emotividad por lo dura que ha sido esta feria con ellos, un caballo muerto y otro herido. Faena meritoria, de menos a más y basada en el valor y el pundonor. El toro no descolgó un ápice y embistió siempre con los pitones a la altura de la hombrera. Fue hábil Cristian y jugó con los terrenos para ponérselo fácil al toro. Citando de dentro a fuera para obligarlo y ganando el paso para traérselo hacia dentro, a donde iba con más boyantía. Terminó metido entre los pitones, se la jugó en un péndulo milimétrico y cerró por ajustadas manoletinas. Coronó todo con la mejor estocada de la feria y cortó un orejón.
FICHA DEL FESTEJO
Jueves 17 de septiembre de 2026. Albacete. 10ª de la feria de la Virgen de Los Llanos. 2/3 de entrada. Corrida concurso de ganaderías. Toros de Miura (descastado y soso), Samuel Flores (manso, pero codicioso), Cuadri (encastado), Baltasar Ibán (bravo y con clase, se le pidió la vuelta al ruedo), Fuente Ymbro (bravo, enclasado y encastado, se le dio la vuelta al ruedo) y Pedraza de Yeltes (deslucido). Bien presentados todos, salvo el de Samuel.
Rubén Pinar: ovación y ovación.
Damián Castaño: silencio en el único que mató.
Cristian Pérez: ovación tras aviso y oreja
Incidencias: Damián Castaño fue trasladado a la UCI del Hospital Quirónsalud para somertelo a una resonancia. Sufrió un traumatismo craneoencefálico severo en el quinto toro y no pudo continuar la lidia.
FOTOS | Las mejores imágenes de la corrida concurso de Albacete con Pinar, Castaño y Cristian
FOTOS | El ambiente en los tendidos en la corrida concurso de Albacete































































































