((Todo está listo para la batalla, la tormenta perfecta, el espejo no engaña, septiembre es un cuchillo por la espalda La batalla – Xoel López))
Diré el pecado, no el pecador. Un buen amigo, socialista, sanchista y de fuera de Castilla-La Mancha, me confesó algo en una charla informal. «Me he radicalizado». Desde su tierra, allá por el norte y sin dar más señas, dice que no entiende a Page. Que no le soporta. Que si no es socialista, que si es un traidor. A más, coquetea con la idea de bajar a un mitin electoral del presidente castellanomanchego cuando llegue mayo para abuchearle, solo por el gusto de hacerlo.
Habituado yo a hacerme preguntas en la búsqueda de respuestas, intenté averiguar la raíz verdadera de su intención. Básicamente, y sin deseo ninguno de dar o quitar razones, comprobé que apuntalaba su decisión en la mera sospecha de que Page va a la contra de Pedro Sánchez. Que si es un infiel, que si las siglas, que si mejor haría en presentarse por el PP, o por el partido pagista si es que le diera tiempo a montarlo.
Si mi cometido hubiera sido el de llevarle la contraria, quizá le hubiera preguntado por su grado de conocimiento al respecto de las políticas que el PSOE de Castilla-La Mancha ha llevado a cabo en los casi 12 años a los mandos del Ejecutivo. En cualquier caso, me resultó llamativo el tono bélico tras su teoría.
Este septiembre que dará paso a un inicio de curso que nos llevará por un camino de espinas hasta sendas citas en las urnas, doy por hecho que en todos los cuarteles generales se están velando armas, a saber si suficientes para atender a todos los frentes donde habrá escaramuza.
Pero hay una de entre tantas que también entra en su recta final. La de Page y Ferraz, Ferraz y Page. La génesis de la batalla está a punto de cumplir una década en aquel 1 de Octubre en el que hasta 17 miembros de la Comisión Ejecutiva Federal presentaron su dimisión para descabalgar a Sánchez de su primer mandato y obligarle a coger su Peugeot 405 para recorrer España con el objetivo de reconstruir su liderazgo. Entre ellos los dimisionarios, Emiliano García-Page.
Si bien no fue el primer polvo de este lodo, sí que fue el que prendió la mecha de la dinamita que está aún por estallar, ya veremos en qué trinchera.
En la historia más reciente y entre decenas de enfrentamientos entre los gobiernos que ahora lideran desde las mismas siglas los dos contendientes, fue el 31 de julio de 2024 cuando la inquina empezó a echar raíces en el camino que separa los palacios de Fuensalida y La Moncloa.
Fue ese último día del séptimo mes del año en el que García-Page, con una rosa en la mano, escenificó una comparecencia institucional desde la sede de su Gobierno en la que se enfrentó directamente a la decisión del Ejecutivo de Pedro Sánchez a cuenta del cupo catalán. «Hasta aquí», dijo el toledano antes de abandonar el atril.
La última elipsis temporal nos llevará hasta este miércoles, penúltimo día de Feria de Albacete, nos sitúa en un escenario en el que, por primera vez y con la financiación autonómica de fondo, planea la sombra de que los diputados de Castilla-La Mancha puedan desdecir la doctrina del Gobierno en el Congreso.
De todo ello seguiremos hablando en esta página. Un espacio que, si lo fuera de intuición y no de opinión, lo remataría asegurando que la fecha en que Pedro Sánchez vaya a convocar las generales es el telón de fondo de toda la metralla que se intercambien de uno y otro lado. Veremos.
Humberto del Horno

