Abrió la tarde de este caluroso martes de feria un uro primigenio, un torazo descomunal por envergadura y no tanto por tamaño. Como con hidrocefalia. Dos leños, además, construidos en diagonal y mirando hacia arriba. Gigante, pero feo y de bastísima expresión. 599 kilogramos, no veas si es precisa la báscula, casi tanto como el peluquero. Salió más bien parado, pero no le importó a David de Miranda, que regresaba a Albacete 7 años después. Que rápido pasa el tiempo. Entonces, venía de ser la revelación de San Isidro. Ahora, es un proyecto consolidado por su valor, su ambición y su enorme entrega cada tarde. Tras un saludo por delantales a pies juntos muy templado, dejó un quite por gaoneras poniendo la barriga al servicio del espectáculo. Antes, un accidentado tercio de varas. Se echó el toro al caballo en la nuca y lo puso a bailar, aunque no llegó a derribarlo. Brindó el torero de Huelva al público y empezó a construir desde los cimientos. Se lo hizo todo con mucha armonía y sin prisas. Dándole al toro su sitio, su tiempo y dejándole respirar casi entre muletazo y muletazo. Qué importantes son los inicios de faena. Le vino fenomenal al mamut, que empezó a embestir con una dulzura y un ritmo geniales. Ligó muletazos el torero por ambos pitones con mucha limpieza y sin quitarle nunca la muleta de la cara. Ahí estaba el secreto, en llevarlo siempre encelado y no darle opciones de aburrirse. Los tendidos entraron de lleno en la obra de David de Miranda, que, es cierto, no llegó a ser rotunda, pero porque el toro tampoco rompió de verdad. Fue una faena correcta coronada con una estocada entera y letal, muy ligeramente desprendida, pero no hasta el punto de poder considerarla defectuosa. Había petición mayoritaria, pero el palco no la consideró suficiente.

Como segundo salió un toro serio y bien armado que había estado en Nimes de sobrero hace justo un año. Ese es el toro que debería ser mínimo exigible para Albacete los días de figuras, una vez que ha quedado claro que la autoridad hace distinción entre las corridas para los ricos y las corridas para los pobres. En realidad, es algo que sabemos todos, pero faltaba que hubiera alguien lo suficientemente torpe como para dar fe de ello. Si hubiera estado hoy Morante en el cartel, este toro no habría saltado al ruedo. El que estaba era Víctor Hernández, que dio muestras de su enorme dimensión de torero. Valentísimo con el capote, primero en un saludo a la verónica ganando terreno al toro y recogiendo las embestidas con suavidad. Después, en un quite por saltilleras ajustadísimo. Con la muleta, un portento. Brindó la faena a uno de sus grandes hombres de confianza, Roberto Ortega, y cuajó después al toro con toda la pureza posible, dando el pecho y citando con la panza. Por los dos pitones, pero especialmente en el toreo al natural, con el antebrazo siempre tenso para darle a los pases ese punto extra de poderío y sometimiento. Le bajó mucho la mano y el de Victoriano del Río respondió con nota. ‘Forajido’ fue un gran toro y todo se lo hizo con personalidad el torero. Sin embargo, los tendidos no terminaron de entrar en la faena. El clima hostil y adverso de ayer volvió a sentirse este martes. En el arrimón final se arrancaron unos tímidos pitos sin mucho fundamento. Se le fue abajo la espada y acabó saludando una ovación que supo a poco después de la dimensión mostrada.

Más ligero el tercero, con media tonelada de peso y ofensivo por delante, enseñando los rescoldos de unas puntas. Igual que proponen para sanción a los rejoneadores carniceros podrían mandar a analizar las astas de los toros de esas corridas que, aunque no son aptas para la autoridad, son reconocidas para que todo el mundo esté contento. Se desplazó el de Victoriano del Río con cierta clase en el capote de Marco Pérez, debutante de oro en Albacete, plaza que conoció de corto en aquel festival por la riada de Letur. Entonces era un proyecto de figura y ahora está en tierra de nadie, pero bien colocado y con una temporada de lujo. Le pegó casi una docena de lances a la verónica muy reunidos, algunos de ellos encajando el cuerpo y girando solo la cintura. Cometió después el error de dejarse al toro crudo en el caballo y lo acusó después en la faena de muleta, con el animal derrotando en exceso y defendiéndose en una distancia que quiso Marco que fuera muy corta. Lo de Victoriano tiene ese fondo de casta que no admite enganchones ni dudas. Fue un toro deslucido, pero que tampoco encontró delante a un matador resolutivo. La gente acabó pitando y pidiéndole que por favor lo matara. Lo consiguió al segundo intento.

Tras el descanso salió el toro más bonito de la corrida, un negro burraco muy en el tipo de la ganadería, con un morrillo lustroso y con la longitud perfecta. Embistió de lujo desde que salió este ‘Jara’, que es un nombre ilustre de Victoriano del Río. Pasa una cosa con esta ganadería, que casi todos los nombres nos evocan toros gloriosos porque raro es el día en que no echan uno para la historia. Cada familia tiene una colección de azulejos en la finca. Premios por todas partes. Lo de Victoriano del Río es de otro planeta. Tienen además la fama de haber llevado la inseminación artificial a unas cotas que acercan este milagro de la ciencia para que cualquier toro pueda ser semental. Guardan incluso semen de animales de los 80. A veces, cuando veo que un toro de Victoriano se cae en mitad de la faena así como desfondado, recuerdo una frase de Jesulín de Ubrique mientras toreaba un toro de Jandilla en Colombia. Se conoce que, la noche de antes, varios veterinarios habían aprovechado para extraerle un poquito de esperma de forma clandestina para utilizarlo con sus vacas. Y Jesulín, en mitad de la faena, con el bicho agonizando, se giró al empresario y les dijo: ‘ioputas, lo habéis matao a pajas».

El toro cuarto, ‘Jara’, tuvo toda la categoría del mundo embistiendo, aunque también acabó desfondado como el ordeñado toro de Jesulín. David de Miranda lo cuajó de principio a fin y de menos a más. A destacar el puyazo de Rafael Carbonell, que se llevará, salvo sorpresa, el premio a mejor picador de la feria. La lástima es que se dio una voltereta saliendo del caballo, que afligió mucho al animal. El inicio de faena con la muleta fue excelso. Unos ayudados por alto de rodillas llevando al toro muy toreado y coronados por un cambio de manos a cámara lenta que crujió la plaza. Después, varias tandas al natural componiendo mucho la figura, pero sin poner de verdad la muleta como Dios manda. Sí lo hizo al final y ahí fue cuando entró de lleno la plaza, que se puso en pie ante la apabullante superioridad del matador onubense, que se pegó un arrimón de esos que sí merece la pena contemplar. Pureza y verdad, sin mover los pies, pero toreando y no dando mantazos con el único fin de darle al toro con las gónadas en el testuz. Después, una tanda de naturales a pies juntos y virando la cintura que pura sevillanía. Portentoso el torero, que tenía la dos orejas en la mano. Rizó el rizo con hasta 6 mondeñinas ligadas y limpias que volvieron a levantar a la gente de la piedra. Lo que empezó con ventajas acabó con toda la torería en lo alto. Faenón de figura del toreo que, sin embargo, no tuvo el colofón que merecía. Dos pinchazos que dejaron todo en una ovación de esas que quedan en el alma. Enrique Ponce resoplaba en el callejón: «vaya tarde ha echado este tío». Miguel Abellán, impactado por el valor del onubense: «Bravo, David, bravo».

El quinto era hermano del toro que se llevó todos los premios en la feria de San Isidro del año pasado: ‘Frenoso’. A primera vista, en nada se parecía a aquel, que era un toro de primera. Este, de tercera, impresentable para Albacete, sin longitud de pitón y carente de trapío. Un toro que, sin embargo, estaba bien proporcionado. Víctor Hernández no consiguió sujetarlo en el capote, que pasó a mejor vida, rajado por la mitad en el segundo derrote en el que lo enganchó. Se llevó un puyazo que valía por dos, como dos fueron los boquetes que quedaron, uno en el morrillo y otro en el guarismo. Nunca en la historia del toreo se ha picado peor. Brindó el madrileño al público y se quedó de rodillas en los medios para cambiar el viaje por la espalda. Rectificó rápido y se puso a torear en redondo con mucho valor. Hubo un cambio de mano, todavía de rodillas, rotundísimo. ¡Hasta dónde se iba el toro! Se acordó de la familia ‘Frenoso’… Qué pedazo de ganadería. Tremendo el animal y majestuoso el torero, que encadenó dos series de naturales que es imposible torear mejor y más puro. El toro se crecía cuando más se le exigía. El secreto estaba en la ligazón, en no dejarle pensar al toro y llevarlo cosido a la muleta. Por el pitón derecho también lo cuajó, pero cayó en el ventajismo para ligar. Volvió a la zurda y otra vez deslumbró con una tauromaquia caviar. Tanto lo disfrutó que se pasó de faena, llegando a escuchar el primer aviso toreando. Lo mató de una fea estocada y tuvo que utilizar en dos ocasiones el descabello. Era faena de dos orejas, aunque el público no se las hubiese pedido. El toreo de verdad ya no emociona, ahora hay que hacer cucamonas. Qué pena. Y qué pedazo de torero es Víctor Hernández. Ovación rotunda para un toro que quizá mereció premio y otra de gala para el matador, afectado por haber pinchado una de las mejores faenas de su temporada.

Cerró la tarde un toro muy serio, negro burraco, como un ‘blanc i negre’ valenciano. Mucho mejores los bocadillos de jamón que nos hace Miguel Ángel en El Callejón de Los Gatos. Estos días tiene una ‘amanita caesarea’ que te mueres de gusto. Son unas setas que no sé si colocan, pero son adictivas. Le tocaba a Marco Pérez enfrentarse al torazo de Victoriano, que fue el más duro de la corrida y que acusó varios factores. Primero, las luces, esos horribles focos LED que ya quisieran en un plató de televisión. Los animales nunca han visto eso en la finca y se distraen en demasía. Después, lo que pasó en varas. Derribó al caballo con mucha potencia y tardaron un mundo en levantarlo.

Esos tiempos muertos no le vienen bien a los toros, que se orientan y tienden a ponerse a la defensiva, como fue el caso. Se puso difícil en banderillas y todo se fue apagando, como Marco Pérez, que nada pudo hacer con él. Lo mató muy mal y acabó descabellando, peor todavía. Se le escapó la espada y fue a parar a la cabeza de Rafael González, de su cuadrilla. Afortunadamente le dio con el pomo y no con el filo. Así se cerró la tarde de mejor toreo de la feria, pero sin espada no hay paraíso.

FICHA DEL FESTEJO
Martes 15 de septiembre de 2026. Albacete. 8ª de la feria de la Virgen de Los Llanos. 3/4 de entrada. Toros de Victoriano del Río, bien presentados y de gran juego, salvo el incierto 3º y el orientado 6º, a los que se lidió fatal.
David de Miranda: vuelta al ruedo tras petición y ovación.
Víctor Hernández: ovación y ovación.
Marco Pérez: ovación y silencio.
FOTOS | Las mejores imágenes de la tarde de Dadid de Miranda, Víctor Hernández y Marzo Pérez con Voctoriano del Río en Albacete
FOTOS | El ambiente en los tendidos en la corrida de Voctoriano del Río para David de Miranda, Víctor Hernández y Marco Pérez
/Fotos: Nestor Robayna/






































































