De la resaca del fin de semana con Carlos Herrera en modo Ochaíta pasamos a la moderación. Su asiento lo ocupó este lunes Alberto Núñez Feijóo, de blanco, igual que sus escoltas, el alcalde Serrano y y el jefe regional Núñez. A Feijóo debió sorprenderle ver a tantos chavales jóvenes en los toros. Igual incluso llamó a la autoridad, que es lo que pasaría en Galicia si hubiera menores en los toros. Gracias a Feijóo, que fue quien les prohibió el acceso a los recintos taurinos. Ahora son los chavales, incluso bebés con sus padres, los que se acercan a pedirle fotos. La juventud se cura con el tiempo. Eran otros tiempos cuando los políticos venían a los toros por afición y no para hacer campaña, pero bienvenidos sean. Desde luego, buena compañía tenía hoy el próximo presidente del Gobierno para aprender algo de toros. No le pediremos ayuda, solo respeto. El que nos ha negado el Joaquín Luqui de Hacendado que tenemos en Moncloa.

Eran también otros tiempos, faltaría más, hace hoy 45 años. Entonces, la autoridad se alojaba en los burladeros que hoy son de prensa en el tendido 8. No durante toda la corrida, pero sí a lo largo del tercio de varas para tomar nota de que todo se hacía correctamente. Qué tiempos. Y allí, a eso de las 20.00 de la tarde, estaba Joaquín Coy haciendo las funciones de delegado gubernativo. De repente, todas las miradas se fueron a la frontera entre los tendidos 7 y 8. Del sol emergió un hombre sin camiseta y con síntomas de haber trasegado -y no solo- con generosidad. Era Fernando Élez Villarroel, ‘El Chocolate’. Entró en el ruedo y a por él que fue el quinto toro de la tarde, un animal de Los Guateles que se llamaba ‘Sospechoso’. Lo trincó primero por el costado izquierdo y lo partió por la mitad. Luego, para rematarlo, cuando el hombre estaba de rodillas, le atravesó el cuello y por allí empezó a salir su vida como un caño de sangre. Presumió poco tiempo después Alfonso Navalón, azote de las figuras -no de todas- de haber sido él quien, ante la desidia de los toreros, saltó al ruedo a auxiliar a aquel espontáneo. Era mentira. Quien primero recogió el cadáver, que todavía convulsionaba, fue Joaquín Coy. Él mismo evocaba esta tarde para El Digital de Albacete aquella tarde que está en la historia de esta plaza. Y aún se acuerda «del crítico ese que era amigo de Capea y escribía en Pueblo». Joaquín, pues Navalón, quién iba a ser, si te daba más problemas Navalón en los callejones que El Canalla y su comparsa. «Bueno, pues ahí están las fotos y ahí estaba yo el primero. Navalón miente». Efeméride luctuosa en este 14 de septiembre en el que se lidió una corrida de La Quinta tan guapa como siempre y con esa clase para hacer el toreo bueno. No puso ni medio problema, pero, salvo con Tomás Rufo, no tuvo suerte.

Rompió plaza un toro precioso, corto, chatito y con un donaire al galopar que siempre lucen más estos entrepelados de Santa Coloma. Con esa curva en los pitones que hacen que un toro sin más se convierta en un toro de categoría. Le tocó en suerte a El Cid, autor de la gran faena de la feria del año pasado. El público de los toros es como los peces dorados, que dicen que son los animales más felices del mundo. Por un motivo, son los seres vivos con la memoria más corta de cuantos habitan el planeta. Haber sacado a saludar al torero de Sevilla hubiera denotado ese punto de afición más de la que presuntamente presumía Albacete. Lo recibió andando y con enorme suavidad El Cid, haciendo todo a favor de obra y abriendo los caminos para no molestarlo y que él fuera asentándose y cogiendo celo. Lo picó de manera sublime el hermano de Espartaco, que es el mejor picador de la actualidad. El Cid estuvo pendiente de la lidia, dando indicaciones a su lidiador para hacerlo todo cuanto más fácil, mejor. Se veía en el capote de Caricol que iba a tener el de La Quinta un puñado de embestidas de lujo. Estaba El Cid tranquilo, casi como en un tentadero. Brindó al público y citó al toro sin tensar un músculo. Andándole y con toda la suavidad posible, pero cuando empezó el nudo de la faena, más que tranquilidad, aquello denotaba pasividad. No sé centró El Cid hasta bien entrado el trasteo. No quería perderle pasos ni aplicar la técnica, solo dar pases y más pases mientras la calidad del toro iba igualmente a más. Pronto, al galope, reduciéndose en la muleta y con mucha transmisión. Embistiendo el toro como prometía por la mañana, de lujo. Si quieren un pero, los finales, pero es que esto es Santa Coloma y en esa media alturita es donde llevan la virtud, aunque para los toreros que se quejan del viento en las plazas cubiertas sea un defecto. Después se lio con la noria y acabó mareando más que toreando. Muy al final, cuando el estribillo de ‘Churumbelerías’ ya había sonado como ciento ochenta y siete veces -qué pegadizo es-, se quedó quieto de verdad y con el cuerpo en vertical para tirar del toro con la zurda y citando solo con los vuelos. Hubo dos naturales verdaderamente importantes, aunque esto es como el jugador de baloncesto que mete dos triples imposibles, pero que ha tirado 35 veces a canasta. Aunque, en realidad, hay muchos toreros que viven y se han hecho ricos por tirarse muchos triples y meter uno sobre la bocina. No es el caso de El Cid, pero con el primer toro estuvo por estar. Y claro, al que no hacía falta matar, le pegó un estoconazo de premio.

El segundo de la tarde, herrado con el número 100, era un toro que recordaba a aquellos que trajo La Quinta en 2016, en el inicio de su idilio con Albacete. Concretamente a uno que le pegó una cornada terrible a Marcial Rodríguez, picador que iba con Eugenio de Mora. Aquel día salió a hombros Joselito Adame, que estaba hoy precisamente en el callejón acompañando a Alberto García, apoderado de Emilio de Justo y empresario de éxito. Un toro con trapío, con más volumen que el primero, cárdeno lucero y con dos velas mirando al cielo. Tuvo buen aire en los primeros compases de la lidia y permitió a Emilio de Justo gustarse con el capote. Incluso relajarse, que es cuando brilla de verdad el toreo del pacense. Lo cuidaron mucho para evitar sustos, porque no era la fuerza la mayor virtud del animal. Llegó a la muleta con la calidad potenciada y con un ritmo y un temple en la embestida que es lo que enamora a los toreros de esta rama de Buendía. Daba gloria ver a embestir al toro, con ese dulzura y ese son. Emilio de Justo estuvo muy torero en la pose, pero tramposo en la colocación. No hubo ajuste y por eso la faena no llegó a los tendidos, que incluso llegaron a pitar a lo largo de la faena. Es que un lunes y con toros de La Quinta vienen más aficionados que fans de Roca y Morante. El banderillero Antonio Chacón, famoso por su actuación de palmero en la película del insoportable catalino sobre Roca Rey, le decía a su torero «a ver si se entera esta gente». En la mente de los toreros todo está fenomenal, pero las voces de los tendidos cayeron como una losa en la faena, que solo alcanzó cierto vuelo en una tanda muy al final en la que se desmayó el torero y se pasó al toro algo más cerca. Como el Altozano de la Ciudad Deportiva, más o menos. La sensación era de que allí había un toro de bandera. Se le fue trasera la espada y el público rompió en una sonora pitada.

El tercer toro entró de rebote en la corrida porque las cuadrillas se empeñaron en quitar otro mucho más serio, pero que estaba ligeramente astillado. Se ofreció que ‘Barberías Florito’ le quitase el trasquilón, pero no tragaron. Al final salió uno que también era serio, cárdeno claro y facado, que se movió con estilo en el capote de Tomás Rufo. Le pegó cuatro o cinco verónicas con muy buen aire. Siempre ha sido un excelente capotero Rufo, ya desde novillero. En el caballo le dieron una soberana paliza, pero el toro resistió. El matador decidió hacerle un quite, otra vez a la verónica. Muy templados toro y torero. La media fue brillante. La lidia de Triviño no se quedó atrás. Tres capotazos perfectos para tres pares de banderillas soberbios. Tanto los de Sergio Blasco como el de Fernando Sánchez, que saludaron una gran ovación. En la primera tanda, el toro se arrancó de largo y embistió con una profundidad y una categoría sublimes. Estuvo muy inteligente Rufo para llevarlo cosido a la muleta y a la velocidad justa. Destacó especialmente el toreo accesorio, con trincherazos y pases de la firma bellísimos. A partir de ahí, lo fundamental. Qué manera de torear al natural la de Rufo. Enganchando al toro con los vuelos y trayéndoselo toreado con todo el cuerpo y arrastrando la muleta hasta el muñecazo final. Perfecto. La pena es que el toro se fue apagando muy rápido y no permitió que la faena terminara de explotar. Le funcionó la cabeza perfectamente a Tomás Rufo. Además de cojones, conviene que los toreros tengan cerebro. El de Rufo funciona de maravilla. Se fue pronto a por la espada y dejó una última tanda con naturales a derecha e izquierda buscando la redondez del toro. Uno de ellos, casi al paso, que fue jaleado por los tendidos. Tenía una oreja de mucha categoría en la mano, pero la perdió con la espada.

El cuarto era otro toro serio por delante y algo más escurrido. Se llamaba ‘Piernasnegras’, aunque las tenía cárdenas. Se movió sin demasiado estilo de salida, algo aburrido. El Cid, en sus años de figurón, llevaba la mejor cuadrilla, aquel Boni-Alcalareño-Pirri que saludaba hasta cuando pegaba un petardo. Ahora lleva a los dos mejores picadores. En el primero brilló Espartaco y en este cuarto, Daniel López, jinete de Albacete que lleva varias temporadas pidiendo sitio con alguna figura del toreo. Dejó un puyazo formidable en toda la yema, donde hace vaguada el morrillo, que es donde hay que picar. No sirvió de mucho porque el toro había decidido que hoy no le apetecía entregarse. Se fue al desolladero con todo dentro, muy sosote él. Se movió por allí sin decir nada y El Cid estiró en exceso una faena que nunca fue. En la sexta tanda, el palco del Ayuntamiento se vacío para despedir a Feijóo. Justo entonces llegaron los únicos muletazos buenos del trasteo, varios naturales muy templados y llevando al toro cosido. Daba igual, los tendidos estaban pitando porque se aburrían. Un clima hostil el de Albacete hoy, muy diferente al de otros días. No lo vio claro con la espada el matador.

Emilio de Justo sorteó el gran lote de la corrida. El quinto era un toro precioso llamado ‘Aguardentero’, serio, cuajado y entipado. Se lució con el capote el torero, con varios lances a la verónica profundos y con ese quejío que intenta imprimirle siempre a su toreo. Todo se lo permitió el toro, que sufrió después la ira de un picador a la deriva, José Antonio Barroso. Cogió al caballo por los pechos y no lo derribó gracias al talento de este jinete, que después castigó en exceso al toro. Un puyazo criminal que le dejó un boquete como la bandera de Japón. Lo acusó después, vaya que si lo acusó, pero aún así fue un toro de triunfo. Embistió con potencia en banderillas y puso en peligro a Antonio Chacón, que estuvo muy valiente para no pasar en falso. Brindó Emilio de Justo y se puso pronto a torear. Hubo una gran tanda por el pitón izquierdo, la única en la que los tendidos entraron en la faena. El toro no dejó de embestir con ritmo, pero el matador, entre enganchones y dudas, no estuvo cómodo con él. Para colmo, se acabó aburriendo el de La Quinta, desfondado por el palizón en varas. Desacertado con la espada.

La actitud la trajo solo Tomás Rufo, que salió decidido a recibir al sexto, el de menos cara de la corrida, pero cuajado y con trapío. Volvió a volarle el capote al matador de Pepino con una insultante soltura. Destacó un remate a una mano muy templado, que no tuvo eco porque los tendidos estaban ya dormidos de aburrimiento. Le dieron también mucha cera en el caballo a este ‘Barquillero’, que paso de puntillas en banderillas, antes de que Rufo brindase la faena al público, a ver si despertaban. Lo sometió en exceso en la primera tanda, ligando muletazos genuflexo muy templados, pero bajando mucho la mano. Obediente el toro a cada cite, pero acusando otra vez el mal trato dispensado en el caballo. Se paró el toro, que embistió sin decir mucho. Le puso Rufo lo que le faltaba, especialmente en muletazos al natural de buen trazo, y obró el milagro. Empezaron a sonar los «olés» y rompió la música. Templadísimo el torero, que cuajó naturales tremendos aprovechando las buenas intenciones del animal. Los pases de pecho, extraordinarios. Faena quizá más para aficionados que otra cosa. Por el pitón derecho no se ajustó tanto y se quedó todo a medias. Se le fue la mano con la espada y Albacete protestó la colocación. Hay esperanza. Después, eso sí, premiaron las ganas de Rufo, que salió a saludar una ovación tras una tarde muy firme y solvente.
FICHA DEL FESTEJO
Lunes 14 de septiembre de 2026. Albacete. 7ª de la feria de la Virgen de Los Llanos. 3/4 de entrada. Toros de La Quinta, bien presentados y buen juego en general, salvo el soso 4º y el 6º, que acusó el castigo en varas. El 1º fue excelente
El Cid: ovación y silencio.
Emilio de Justo: división de opiniones y silencio.
Tomás Rufo: ovación y ovación.
/Fotos: Nestor Robayna/








































































