Entre el bullicio inconfundible de la Feria de Albacete hay un puesto ambulante que guarda toda una vida. Su dueña, Carmen, cumple 91 años el próximo 15 de septiembre, y sigue vendiendo como el primer día bajo el toldo de su tradicional caseta.

Hay tradiciones que no se escriben en los programas de fiestas, pero forman parte de la memoria de una ciudad. En la Feria de Albacete, una de ellas tiene nombre propio: Carmen Reina. “La Feria de Albacete es muy grande, y los albaceteños también, es gente que merece la pena, y por eso llevo viniendo con el puesto desde que empecé a andar. De hecho, creo que soy la más antigua de la feria. Empecé cuando era una niña acompañando a mi padre, y llegábamos con un carro y una ‘mulica’. Desde entonces no me la he perdido nunca, porque todos los años aquí me tienes. Mis padres me enseñaron el oficio, y así llevo 91 años. Cada año, la gente viene adrede a comprar a mi puesto, y de paso vienen a verme. Por eso estoy muy agradecida de la gente de Albacete, y también de los pueblos de alrededor, porque son estupendos”, señala.

Cumplir años en la Feria de Albacete
Cuando las luces de la Feria de Albacete se encienden, y el paseo de la Feria vuelve a llenarse de gente, Carmen Reina llega desde Tobarra para volver a ocupar su lugar, como ha hecho toda la vida. Este año, además, la historia tiene una cifra muy especial, y es que Carmen cumple 91 años durante los días de Feria. Y lo hace, como siempre, detrás del mostrador de su puesto, rodeada de golosinas, caramelos y, sobre todo, de esas deliciosas almendras garrapiñadas que ya forman parte del recuerdo de generaciones de albaceteños. “Me siento muy contenta. Cumplir 91 años ya es una alegría, pero poder cumplirlos aquí, en la Feria, como he hecho toda la vida, es todavía más especial. Para mí es un orgullo estar en la Feria de Albacete, porque la gente se merece todo lo mejor, y mientras que pueda venir, aquí estaré”, asegura.

Una tradición que resiste al paso del tiempo
A lo largo de los años han cambiado muchas cosas en la Feria de Albacete. Han cambiado las atracciones, la música, los horarios, las modas y hasta la manera de vivirla, pero hay imágenes que permanecen, y entre ellas está la de Carmen atendiendo a quienes se acercan a su puesto. “La Feria de Albacete es parte de mi vida. De hecho, no sabría explicar una Feria sin estar aquí. He pasado muchísimos años detrás de este mostrador y he visto de todo, como a niños que venían con sus padres y que ahora vienen con sus propios hijos, y eso me da mucho gusto. Y es que, la Feria ha cambiado mucho, pero la ilusión de la gente sigue siendo la misma. Antes había otras costumbres y otra manera de vivir la Feria, pero siempre ha habido mucha gente, mucha alegría y, sobre todo, muchas ganas de disfrutarla”, indica.

Comprar una bolsa de almendras garrapiñadas en el puesto de Carmen significa volver a la infancia, recuperar un recuerdo y reencontrarse con una feria que permanece en la memoria. “El secreto de las garrapiñadas es hacerlas con cariño, y hacerlas bien. La gente ya las conoce y viene buscándolas. Hay clientes que me dicen que llevan toda la vida comprándolas aquí, y que una persona se acuerde de ti después de tantos años es una satisfacción enorme. Son muchos años de trabajo y de momentos compartidos, y ahora poder vivirlo con mis 3 hijas, mis nietos y nietas que tengo 7, y mis 4 bisnietos, es toda una suerte. Ellos me ayudan, igual que ayudaba yo de pequeña a mis padres, porque la tradición no puede olvidarse. Además, ahora una de mis hijas ha tomado el relevo del negocio y estoy muy contenta. De hecho, cuando me dijo que quería seguir con el puesto me llevé tal alegría, que hasta me quitó años”, confiesa.

Toda una vida dedicada a la Feria
Josefa Montón Reina, hija de Carmen, nos cuenta que su madre “nunca se quiere perder la Feria de Albacete. Yo voy con el puesto a muchas Ferias de la provincia de Albacete y de Cuenca, y ella ya no puede venir a todas por la edad, pero siempre me llama para recordarme que a la de Albacete tiene que venir, porque siempre la lleva en la cabeza y no se la puede perder, porque es parte de su vida. Durante los días de Feria, llegamos a abrir el puesto a las 9 de la mañana, y nos vamos por la noche pasadas las 2 de la mañana, y ella está desde la apertura al cierre conmigo, porque no quiere perderse ningún detalle. Es cierto que la gente viene a verla a ella, a saludarla, y a comprar nuestros productos por tradición, porque son clientes de toda la vida. Tengo muy buenos recuerdos de la Feria y siempre junto a ella. Antiguamente, los puestos estaban en la carretera de Jaén, en la época en la que venía el Teatro Chino, y el Circo de Ángel Cristo, y ya después nos trasladaron a este lugar privilegiado que tenemos en el paseo de la feria, casi llegando al Recinto Ferial. Para mí es un orgullo verla aquí después de tantos años, con la misma ilusión y con esas ganas siempre de atender a la gente. Mi madre ha dedicado toda su vida a este puesto en la Feria de Albacete, y es algo que me emociona”, concluye. Es difícil encontrar una imagen que represente mejor la esencia de la Feria que la de Carmen Reina, una mujer de 91 años, detrás de un mostrador, rodeada de dulces, viendo pasar a varias generaciones de albaceteños, y vendiendo con la misma ilusión que el primer día, cada año, del 7 al 17 de septiembre.





















