La Feria de Albacete calienta motores y, cuando se cumple un siglo de aquella edición de 1926, resulta inevitable echar la vista atrás para descubrir que hace cien años los albaceteños también sabían vivir la Feria con intensidad. Así lo recuerda la escritora Adoración González Mateo, quien rescata la mirada que entonces ofrecía a toda España el periódico ‘El Liberal’, sorprendido por la transformación de una ciudad que poco tenía ya que ver con la imagen tópica de Albacete. “Todo aquel que no haya visitado Albacete en sus últimos veinte años no puede darse idea de la transformación de la hermosa capital manchega, surgiendo una verdadera disparidad entre el concepto que de ella se había forjado y lo que la realidad presentaba antes sus ojos”, recoge la escritora junto a El Digital de Albacete sobre la prensa local de la época.
La Feria oficial se celebró del 7 al 15 de septiembre, porque la Feria no siempre fue del 7 al 17, aunque finalmente “se prolongó hasta el día 21”, como apunta la escritora. Así, durante aquellos días la ciudad se llenó de música, teatro, toros, verbenas, fuegos artificiales y visitantes de diferentes puntos del país. Uno de los grandes acontecimientos fue la actuación del tenor Miguel Fleta, auténtica estrella de la época, que abarrotó la Plaza de Toros. También hubo fútbol, conciertos de la banda municipal y del Regimiento Infantería de España, funciones teatrales y una Feria del ganado que volvía a convertir ‘La Cuerda’ en uno de los grandes puntos de encuentro.

Hace 100 años Albacete ya sabía cómo vivir su Feria: así fue la edición de 1926
Y como toda buena Feria, aquella de 1926 también dejó sus pequeñas historias. En una de las verbenas celebradas en los Jardinillos, la escasez de sillas provocó que “algunos avispados comenzaran a trasladar las que había en el Paseo y venderlas dentro a precios disparatados: alguna llegó a alcanzar las dos pesetas, una auténtica fortuna para la época”, comenta González Mateo.
Como cada año, el Paseo de la Feria se convirtió en una auténtica batalla de confeti y serpentinas, una tradición que ha llegado a nuestros días con la Batalla de Flores. En esta ocasión con premios para la belleza, los mantones de Manila y los peinados, exposiciones, concursos de navajas y cuchillos, iluminación de balcones y hasta una curiosa tómbola benéfica de muñecas de segunda mano.

Ni siquiera unas lluvias y algo de granizo consiguieron frenar las ganas de fiesta: pasada la nube, la gente volvía a salir a la calle. Cien años después, cambian los tiempos, los escenarios y las costumbres, pero permanece intacto ese espíritu tan albaceteño de salir, encontrarse y disfrutar juntos de la Feria.


