Morante de La Puebla hace desgañitarse a Carlos Herrera y cuaja la gran obra de su carrera en Albacete

El sevillano sale a hombros con una lección de toreo; gran corrida de Domingo Hernández

Pasado mañana se van a cumplir 28 años del debut de Morante de La Puebla en Albacete. Aquel día, igual que hoy, el triunfador fue Manuel Amador. Hubo baile de corrales, hasta tres ganaderías diferentes, porque había autoridad. Hoy se aprobó una corrida vergonzosa que nunca tuvo como objetivo Albacete. Croquetas de cocido malo. La indignidad de un encierro presuntamente afeitado. Nunca le podremos quitar lo de presunto porque nadie mandará a analizar unas astas que tenían las puntas como rollos de papel higiénico. Al asesino que aparece en un vídeo matando a la víctima también hay que llamarlo presunto hasta que no lo condene un juez. En los toros, los jueces son los verdugos. Digo que no era corrida de Albacete porque aquello fue un cúmulo de parches infame. El segundo toro de Morante no fue aprobado ni siquiera en Granada hace tres meses. El motivo, «falta de prototipo racial de acuerdo a la categoría de la plaza». Lo que no vale para Granada es lo que mata Morante en Albacete, con el consentimiento de todos los actores protagonistas, pero el destino tenía reservado algo grandioso. El toro fue importantísimo y Morante de La Puebla cuajó su opera prima en Albacete. Dos orejas que hace 30 años hubiesen sido un rabo.

El primero venía de una familia del toro al que Morante de La Puebla le cortó el rabo en Sevilla. Se abrió con buen aire en el capote del sevillano, que sumó varias verónicas marca de la casa, encajado en los riñones y girando la cintura con el mentón metido en la nuez. Bellísimo. Morante es el alfabeto del toreo, pero también la gramática. Los mediocres dicen que Morante es un torero distinto. No pueden estar más equivocados. Morante es el bien. Distintos son el resto, incapaces si quiera de jugar a imitarle. Lo pasó dos veces por el caballo y algunos protestaron. Fueron dos buenos varazos, pero la puya de Albacete parece excesivamente lesiva, porque sangran una barbaridad los animales. Lo acusó luego en la muleta, pero estaba Morante para ponerle al guiso la sal que faltaba. Inteligente para llevarlo a su aire, sin someterlo en exceso. Tandas alegres, que fueron más acompañadas que vitoreadas por el morantismo de nuevo cuño, que pagaría lo que fuera si al maestro se le ocurriera, por ejemplo, embotellar un cuesco. Eau de Morant. Faena muy delicada con un toro tan frágil que casi necesitaba una pausa de hidratación. Lo mató Morante al segundo intento y a sus ‘groupies’ casi se les olvida sacarlo a saludar una ovación.

Después del descanso y de un desfile de fans que se colaron por el callejón para pedirle fotos a Morante -a algunos no les hizo falta colarse-, saltó al ruedo el toro rechazado de Granada. Se llamaba ‘Chulo’ y fue un toro extraordinario. Morante no se confío con el capote y ordenó darle cera en el caballo. Dos puyazos durísimos, que en realidad fueron más, porque se rectificó sin sentido. Parecía un colador el morrillo del toro. Pues aún así, aguantó y tuvo todo el fondo del mundo. Morante empezó sin apretarse demasiado, yendo y viniendo con el toro, que parecía peor de lo que era. Esto de Domingo Hernández / Garcigrande tiene ciertos matices técnicos que pocos consiguen alcanzar. De ahí que fuera una de las predilectas de El Juli. Si les aprietas demasiado pueden echar el freno. De igual modo, si no les das cierta continuidad en la embestida para que se vayan soltando y asentando, tienden a calamochear y defenderse. Pese a lo que se dice del toro de las figuras, esta rama del encaste Domecq es muy particular. Morante no se metió de verdad con él hasta bien avanzado el trasteo. Fue entonces cuando conmocionó los tendidos con una verdad, una pureza y un valor asombrosos. Por eso digo que Morante no es distinto. El toreo bueno es como la pornografia, no resulta fácil ni cómodo de explicar, pero se reconoce muy bien. Hubo tres tandas de derechazos y una más al natural con máxima hondura y toda la profundidad conocida en esta disciplina que Morante domina como un mariscal. Está a unas alturas de las que no es posible descender. A Morante no le está permitido retirarse porque él mismo es consciente de su responsabilidad histórica para con la fiesta. Tiene toda la autoridad moral para hacer lo que le venga en gana. En la teoría, pero sobre todo en la práctica.

El titular fácil es que 28 años después de la primera vez, por fin Morante ha salido a hombros de Albacete. Reducir todo a la estadística sería absurdo. Quizá sea más conveniente decir que, gracias a Dios, un puto toro le ha embestido por fin a Morante en Albacete en casi tres décadas. Y lo ha cuajado, como habría cuajado a cualquier toro desde el año 1998 en adelante. Morante no es ni mejor ni peor que antes, pese a esta nueva turba de advenedizos. Morante es pasado, presente y futuro. Una de las grandes trampas del toreo es que no hace falta comprender algo para sentirlo y Morante ahí es capitán general. La faena del sevillano, en fin, no necesita metáforas. Fue grandiosa y a eso ayudó también un gran y exigente toro de Domingo Hernández. Granada se lo perdió. Al final va a ser verdad que cuando hay toreo bueno, el toro no tiene importancia. Lo mató con una estocada de premio y el toro cayó rodado. Dos orejones aquí, en Granada y en Las Ventas. Tras la vuelta al ruedo del torero, Carlos Herrera, en el palco del Ayuntamiento, bien de puro y alegría, se puso a gritar «Viva Morante» y a dirigir a los tendidos, que jalearon casi más al periodista que al matador de toros. La gente viene a divertirse. Efectivamente, el toro no tiene importancia.

El segundo era precioso, ‘Enredado’ de nombre. Con cara de bravo, acodado de pitones y morfológicamente perfecto. Fue excelente de principio a fin. Siempre a más, embistiendo con todo y con una codicia abrumadora. Le tocó en suerte a Paco Ureña, que no dijo absolutamente nada con él. Muletazos y más muletazos que, al menos, dejaban ver a la perfección la belleza de ver a un toro embestir con el alma. Hubo tandas de todo tipo, algunas más verticales y otras tan espatarrado que el torero parecía el logo de Louis Vuitton al revés. La faena no tomó vuelo en ningún momento, pero el toro surcó el albero antes de irse para siempre al cielo de los toros bravos. Al toro, en otras manos, le habrían pedido el indulto. El listón está por los suelos.

Recibió Borja Jiménez al tercero de rodillas y casi en los medios. La porta gayola 2.0. Lo de gayola es cosa portuguesa, algo así como una jaula, que nadie se asuste. En castellano tenemos el paja-porte que quería implantar el Gobierno. Se parecen, pero no es lo mismo. Tuvo que irse al suelo el sevillano para evitar el percance. Poco o nada lucidos fueron los primeros tercios, con el toro pasando por allí sin decir mucho. Brindó al público el torero y se quedó en los medios para sacarse al toro por la espalda con mucha facilidad. Quiso hacer todo en una distancia más o menos corta, cerca del toro, pero sin avasallarlo. Consiguió ponerlo en movimiento y depurar la embestida hasta hacerla pasar por potable. El toro no se comía a nadie, era un bendito, que no es lo mismo que ser de Pan Bendito. Muy solvente Borja Jiménez, que logró meter a parte del público en la faena, aunque acabó dilatando demasiado un trasteo mecánico y con la figura excesivamente forzada. Tensa hasta el último músculo del cuerpo para citar a los toros y eso resta naturalidad y magia. Una cosa es estar en torero y otra en Schwarzenegger. Es su concepto y tan válido es como cualquiera, pero esto sí es lo distinto y no lo de Morante. Si lo puro es el canon, esto es lo contrario. Borja es un torero poderosísimo, pero sacrifica la estética en muchas ocasiones. En cualquier caso, estuvo por encima de un toro que él mismo se inventó. Lo mató con habilidad y el público pidió la oreja de manera mayoritaria, pero el palco no la concedió.

El quinto fue otro toro excepcional de Domingo Hernández, ‘Veneciano’, bien hecho, grandón y con un cuello para soñar con él. Todo lo hizo con un ritmo y una profundidad exquisitas. Paco Ureña se entregó con él y confeccionó una faena muy personal y sentida. Después de Morante no era fácil atraer de nuevo la atención del público, que a veces puede quedar exhausto de tantas emociones. Nada tuvo que ver la natural pureza de Morante con el impostado desmayo de Ureña, pero tuvo mucho mérito imponerse a unas embestidas de tanta calidad. A veces, es cierto, se defendió el toro, pero fue porque la muleta no estaba presentada como para que le entre a uno el hambre. Hubo varias tandas al final con el compás abierto y aprovechando la inercia final del toro que terminaron de rendir al público manchego. Lo mató recibiendo con mucha exposición, pero la espada cayó pescuecera y desprendida. Valiente ejecución y pésima colocación. Estuvo bien la presidenta Armero y aguantó el tirón y la bronca posterior. El público puede estar a la altura de lo que quiera, pero el palco jamás debe perder el norte. Oreja con fuerte petición. Si lo de Morante era de dos, a esto no se le podía premiar de la misma forma.

El sexto cerró una tarde que iba ya catapultada. Enfrente, Borja Jiménez, que se entregó sin medida para triunfar y acompañar a hombros a Morante. Hasta cinco largas cambiadas de rodillas en el tercio y otro puñado de verónicas muy templadas y encajando la figura. Lo mimó en varas antes de un quite por chicuelinas con sello Manzanares, el torero predilecto de su apoderado, Julián Guerra. Brindó al público una faena muy completa y meritoria. El animal tuvo calidad, pero no la vendió barata. Estuvo centrado el torero, obsesionado con la limpieza y con estar siempre colocado al milímetro. Poca improvisación y mucha técnica, pero la tarde ya había replicado por el palo de la personalidad. Al final sí dejó caer los hombros y ligó varios naturales muy puros y sentidos. Lo mató en los medios y el público pidió con fuerza la oreja y tímidamente la segunda. Mereció salir a hombros por el cómputo general de su tarde.

FICHA DEL FESTEJO
Sábado 12 de septiembre de 2026. Albacete. 5ª de la feria de la Virgen de Los Llanos. Lleno de ‘No hay billetes’. Toros de Domingo Hernández, de buenas hechuras, pero muy por debajo del mínimo exigible para Albacete y sospechosos de pitones. De gran juego en general, destacando el excelente 2º y el enclasado 5º.

Morante de La Puebla: ovación y dos orejas
Paco Ureña: ovación y oreja
Borja Jiménez: vuelta al ruedo tras petición y oreja.

/Fotos: Nestor Robayna/

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Julio Martínez Romero

Julio Martínez Romero (1995). Periodista, director de El Toril de Onda Madrid y editorialista en Buenos Días Madrid. Antes, en esta casa, redactor en El Enfoque, junto a Félix Madero. Se inició en Cadena COPE, primero en información local (Albacete), y posteriormente en la redacción nacional, como editor de informativos, colaborador en toros y redactor en programas magazine. Pasó también por la sección de Economía de Servimedia.
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