Triunfalismo local con una novillada antológica de Murteira Grave: ilusionante debut de un genial Álvaro Castillo

Puerta grande para Alejandro González, Castillo y el mayoral de la ganadería; a pie, Mario Vilau, que no tuvo su tarde con un lote de fábula

La última novillada del abono venía justificada por el epígrafe del pliego que dice que tiene que haber toreros locales. Y bien está que se les dé la oportunidad en la tierra. Eso sí, hay detalles que se han perdido porque ya no quedan aficionados en las plazas, se nos están muriendo todos y los que vienen detrás están al cubata. Hoy toreaban en Albacete dos debutantes de la casa, Alejandro y Álvaro. Hasta no hace mucho, la afición manchega los hubiese sacado a saludar una ovación justo después del paseíllo. Una muestra de cariño, de apoyo y de aliento ante un compromiso que para ellos es de dimensiones difícilmente imaginables para cualquiera que no se haya puesto un traje de torero. Todo lo que se pierde no volverá jamás. Ahí tenemos también la corrida de Asprona y el festival del Cotolengo, pero esa es la desastrosa gestión de un legado de grandeza. La oportunidad fue tal, porque se lidió una novillada muy amable de presencia de Murteira Grave y de una movilidad, una dulzura y una clase embistiendo para haberle cortado las doce orejas. Una corrida que en Cuba llamarían sinflictiva, porque hay que ver cómo fueron los utreros de don Joaquim Grave, un caballero portugués que fue forcado y ahora luce forrado. Desprende clase. Y los toros salen a los ganaderos. O eso dicen. Se fueron todos ovacionados en el arrastre, conducidos por las mulillas de Utiel, que son la gran sensación de la feria. Hay tres, se llaman ‘Bailón’, ‘Lucero’ y ‘Veloz’. Más fuertes que el vinagre, un espectáculo.

Se fue Mario Vilau a porta gayola a recibir al primer novillo de la tarde. Vilau es un joven de Barcelona que tiene un sueño. De momento, está consiguiendo que nadie le despierte. Tiene valor como el que más y capacidad de aprendizaje y mejora. Es una esponja y cada tarde en la que le vemos descubrimos nuevos y mejores matices en su toreo. Le han pegado muchas cornadas en esta etapa de novillero y no ha dicho que no a ningún compromiso. En Francia es un ídolo y ha toreado todas las ganaderías, las amables y las que no han visto las figuras ni en la televisión. Salvó el envite de rodillas con solvencia y trató de parar al novillo con más voluntad que éxito. Un utrero sin más, en el límite de lo correcto, pese a los 510 kilogramos que dio en la báscula. De hechuras armónicas y buena expresión, se movió a regañadientes en los primeros compases de la lidia. Le vino fenomenal el puyazo y se fue viniendo arriba hasta llegar a la muleta con un ritmo y una codicia de ensueño. Brindó Vilau a Sergio Martínez y a Gonzalo González porque es un torero agradecido y porque su carrera, llegue a donde llegue, siempre tendrá un inicio. Y ese primer becerro que mató Mario Vilau fue aquí, en la plaza de toros de Albacete. Fueron Sergio y Gonzalo los que apostaron por él. Buen ojo tuvieron. Se fue el catalán a los medios a sacarse al toro por la espalda de rodillas. Ligó después varias tandas por el derecho haciendo la noria y desperdiciando la enorme calidad y ese galope que iba aminorando la marcha según entraba en las telas. Al natural sí brilló el torero, que dejó varios muletazos enormes. Enganchando al toro y trayéndoselo toreado con la panza de la muleta hasta donde el brazo decía basta. Rematados por abajo y quedándose en el sitio. Después recurrió a un arrimón coronado por esa vulgaridad que se ha puesto tan de moda de tirar la muleta y la espada. El valor es para torear bien y no para los alardes, pero ahí quedó. Por supuesto, la gente jaleó más el artificio que la verdadera flama, que fueron esos naturales, de lo mejor que hemos visto esta feria. No fueron, en cualquier caso, más de cinco o seis. Mató muy bien, pero al tercer intento. Perdió una oreja segura con un novillo de dos.

Saltó en segundo lugar un novillo llamado ‘Galeana’, que es el mismo nombre que lleva la finca donde pasta esto de Murteira. Más que finca, paraíso. Correcto de presentación, sin ningún exceso y ofensivo, enseñando las puntas y con síntomas manifiestos de estrabismo. Venía cruzado en los primeros capotazos y no fijaba bien el objetivo. Un defecto óptico que, a veces, se corrige. Y así fue. Alejandro González, en su tercera novillada, tuvo que ser auxiliado por Javier Perea, que fue quien se encargó de parar al animal, entre los pitos y el descontento de la gente. La lidia de Perea fue excelente y ayudó a que el Murteira fuera poco a poco asentándose y definiendo lo que iba a ser después en la muleta. Le dieron en exceso en el peto y eso también lo acusó. Embistió con una dulzura y un temple para torearlo casi al mismo ritmo con el que se torea de salón. En parte por la virtud de esta casa ganadera, pero también por una preocupante falta de casta. Por momentos embestía al paso. Alejandro, que brindó al público, corrió la mano con suavidad y limpieza, aunque se centró demasiado en el toro y no terminó de conectar con los tendidos. El toro fue poco a poco desfondándose y la faena no pudo romper. Al natural intentó llevarlo también templado, pero le faltó dar el paso y estar más cruzado para obligarlo de verdad a embestir. A estos animales tan faltos de todo, si les abres una pequeña ventana para no moverse, siempre escogerán esa opción. Alejandro acaba de llegar y esos matices los irá desarrollando. Lo que hizo perfecto, matar al toro. Un estoconazo de premio en la suerte contraria del que salió prendido. Una cogida angustiosa, porque quedó colgado durante unos segundos del humanizado pitón derecho. Menos mal que iba bien circuncidado y quedó en un susto, porque esa zona del muslo, a la altura de la ingle, es delicadísima. El toro cayó patas arriba y Alejandro González cortó su primera oreja como novillero con picadores en Albacete.

Nuevo debut de un albaceteño, Álvaro Castillo, que se estrenó con un novillo bien guapo del hierro luso. ‘Caneao’, se llamaba, y cómo fue ‘Caneao’. Qué calidad, qué ritmo y qué profundidad en las embestidas. Salió ya apretando en el capote del debutante, que no es que esté verde con la capa, está en ámbar. No lo coge con firmeza y le cuesta perder pasos. Los nervios lógicos y el sentido común, a los nuevos siempre les cuesta más con el percal. Lo picó de manera formidable Pedro Pío. Un puyazo en toda regla, que le vino bien al utrero para ahormarse. Además, se redujo ligeramente su envergadura y se quedó así como achatado. Era un zapato. Pasó la lidia sin accidentes y Castillo brindó el primer novillo de su carrera a sus padres, en la ultima barrera del tendido 1. Se quedó ahí al hilo de las tablas para ir abriendo los caminos del animal, que ya dio señales de su enorme categoría embistiendo. Se vio, al contrario que con el capote, muy tranquilo y asentado al torero con la muleta. Con la capacidad además de pensar y de escuchar a los maestros para hacer siempre lo mejor para el toro y para sí mismo. Con la derecho ligó con mucha limpieza, sin hacer escorzos ni recurrir a esa especie de alcayata para llegarle a la cara desde bien lejos. Tiene valor el torero, pero no hace ostentación. Lo utiliza para torear bien y además lo consigue, porque dejó varios naturales en vertical, con la muleta muerta y tirando de ella lo justo para que el morro del Murteira fuera bien cosidito a las telas. Una gratísima sorpresa y una invitación firme a soñar con que Albacete tiene un nuevo torero, pero por calidad y no tanto por la estadística. Gran actuación la suya, en la que se le vio además centrado y concentrado, celebrando cada tanda con efusividad y gustándose en los desplantes. Los tendidos entraron pronto en su obra, que fue ganando enteros a medida que el toro bajaba en intensidad. Se tiró muy recto a matar y dejó media en lo alto que fue suficiente. Cayó una oreja de otro novillo que era de cortijo, pero Álvaro Castillo acaba de debutar y no hay que correr con el arte.

El cuarto era otra belleza, negro burraco, muy bien hecho, serio y con esa forma de galopar y andar por la plaza que convierte a este animal en el más bonito del planeta. Lo recibió Mario Vilau de rodillas con varios faroles. Estuvo más tiempo de rodillas en Albacete que de pie. Equivocó terrenos, distancias y planteamiento. Acortó el espacio desde el principio en lugar de darle metros para que viniera al galope, que era la gran virtud del toro. Tenía además mucha calidad, pero cuando tenía los muslos del torero encima no podía lucir esa exuberancia y tendía a calamochear. Lo toreó mejor de rodillas con la muleta en la primera tanda, que fue apoteósica, que en vertical, buscando un arrimón sin ninguna sustancia. Se fueron sin torear los dos, toro y torero. Algún natural muy reunido y con autoridad, pero poco más. Después, otro arrimón con muletazos por la espalda y banderazos por doquier. Destacaron unas bernadinas limpias y ligadas. Lote de cuatro orejas para el de Barcelona, que acabó pidiéndole permiso o consejo en hasta cuatro ocasiones a su apoderado para tirarse a matar sin muleta. Este le apremió a ser libre: «haz lo que te salga de los cojones, te lo has ganado». No lo hizo en el primer intento y pinchó. Volvió a buscar con la mirada a su mentor, se cuadró, hizo un gesto afirmativo, tiró al suelo la muleta y se fue a cuerpo limpio detrás de la espada, que cayó tendida, contraria y atravesada. Se dilató demasiado la muerte del animal y acabó dándose una vuelta al ruedo por su cuenta.

El quinto era bastante más feo que el resto de hermanos, abecerrado y con la cara a medio formar. Al final se quedó sin ella porque se partió el pitón izquierdo por la misma cepa rematando en el burladero del 10. Una pena, porque estaba haciendo bien las cosas en el capote de Alejandro González, que acabó lidiando un sobrero espantoso del hierro titular que jamás debería haber sido aprobado. Bizco del pitón izquierdo, cariavacado, alto, largo y muy fino. De perfil parecía una vaca vieja. Si este entró en la corrida y desecharon un puñado de hermanos, cómo serían los otros. Lo sé porque los vi, churros de plaza de quinta. Muy voluntarioso Alejandro con el capote, aunque sin terminar de sacar las manos. A Murteira Grave le embisten hasta los feos. Empezó a galopar en banderillas con profundidad y yéndose largo en el capote de Candelas, que lo lidió con temple y superior limpieza. Brindó a Gonzalo, su padre y maestro, y a Sergio Martínez. No dejó nunca de embestir y repetir el toro, sin excesiva clase, pero sí con cadencia y codicia. Lo quería todo por abajo y sin tirones. Fue capaz Alejandro de ligar muchos muletazos, aunque le faltó reunión para conectar con los tendidos. La música no se arrancó hasta la quinta tanda y los «bien» no llegaron a ser «olé». Remató por bernadinas muy ajustadas que sí calentaron algo más a la gente y lo mató otra vez con enorme decisión. Salió de nuevo trompicado y el pitón derecho le abrió la taleguilla por el mismo sitio por donde llevaba un esparadrapo a modo de apaño. ¡Qué fue de los vaqueros en el esportón! Esta vez, la espada viajó muy contraria y atravesada. Lo cazó con habilidad con el descabello y el palco le regaló una cariñosa puerta grande.

Álvaro Castillo cerró la tarde con ‘Ítaco’, un eral impresentable que manchó la novillada, pero que fue otro prodigio embistiendo, con una transmisión y un celo inconmensurable. ¡Qué pedazo de novillada! Lo recibió de rodillas con el capote más allá del tercio y luego se vio apurado tratando de pararlo. Lo lidió perfecto José María Arenas, que lleva una feria de premio. Brindó el joven albaceteño a Sergio Martínez y se fue a los medios para cambiar el viaje por la espalda con mucho valor. Lo mejor, otra vez, al natural. Encadenó varios de bellísima factura y con un corte clásico. El toreo puro. Dándole el pecho al bicho y dejando la muleta en la cara para llevársela hacia la cadera. El novillo fue viniéndose más y más arriba hasta el punto de comerse por abajo la muleta. Castillo sacrificó el ajuste para poder ligar derechazos muy poderosos y de enorme emotividad. La faena iba creciendo en intensidad y el joven torero se inspiró en otra tanda de naturales con los vuelos a rastras y a la velocidad a la que esprintan las tortugas. Marró con los aceros y perdió dos orejas que hubieran sido de ley. Al primer intento no consiguió siquiera conectar con el lomo del toro y, al segundo, dejó una estocada muy defectuosa, casi perpendicular en los bajos, pero que fue letal. Oreja localista y toda la ilusión puesta en este joven novillero de Albacete, que esperemos pueda tener muchas oportunidades la temporada que viene.

FICHA DEL FESTEJO
Jueves 10 de septiembre de 2026. Albacete. 3ª de la feria de la Virgen de Los Llanos. Media plaza. Novillos de Murteira Grave, bien presentados, salvo el infame 6º y el horrible 5º, que se lidió como sobrero. Fueron todos bravos y excelentes en la muleta, salvo el 2º, que acusó el castigo en varas.

Mario Vilau: ovación y vuelta al ruedo tras aviso.
Alejandro González: oreja y oreja tras aviso.
Álvaro Castillo: oreja y oreja.

Fotos: Nestor Robayna

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Julio Martínez Romero

Julio Martínez Romero (1995). Periodista, director de El Toril de Onda Madrid y editorialista en Buenos Días Madrid. Antes, en esta casa, redactor en El Enfoque, junto a Félix Madero. Se inició en Cadena COPE, primero en información local (Albacete), y posteriormente en la redacción nacional, como editor de informativos, colaborador en toros y redactor en programas magazine. Pasó también por la sección de Economía de Servimedia.
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