Nacho Torrejón se impone a hombros con los bravos Montealto, que agigantan el gafe de Osornio

Se lidiaron tres novillos de nota que cayeron en manos del novillero toledano y de Álvaro Serrano, que mostró una gran dimensión; el mejicano Emiliano Osornio, impecable toda la tarde, volvió a chocar con la mala suerte

Con dos minutos de retraso empezó el espectáculo más puntual del mundo. En el Informe PISA de nostalgia sacamos un 10, aunque sospecho que esta feria no será el único día que toque hablar de él. Estaba el callejón como una playa de Ceuta, aunque con guayaberas y bien de jamón. Casi sin antecedentes. Victorino Martín, guapísimo, con el sastre Justo Algaba, hoy en el rincón de los veterinarios. Agustín Montes, ganadero titular, en el lugar de la empresa, codo con codo con Joaquim Grave, que lidia mañana. Veremos lo que lidia, porque solo le han aprobado dos novillos. Dicen que se va a traer los de Arnedo. Menudo consuelo… En el rincón del miedo, torería y valor para rehacer el escalafón. Curro Vázquez y Sebastián Cortés, evocando el mejor toreo -Curro fue padrino de la confirmación de Antón-. Sergio y Alberto Aguilar, hoy apoderados y hasta hace nada, dos de los toreros que con más pureza navegaron por las dehesas del infierno. Amador y Sergio Martínez, garantes del sello local, junto a Molina, que se quedó a una estocada del triunfo ayer. También, Jesús de Alba, matador y apoderado de nuestro Cristian Pérez, presente hoy porque fue el mecenas que descubrió y trajo a España a Emiliano Osornio. ¡Ay, Osornio!

El primero fue un manso ingobernable, de armónicas hechuras, pero sin demasiada expresión. Uno más. Se llamaba ‘Capanegro’ y era de capa negra. Si se entera Raúl Cimas lo mete en el pregón. En el alambre de presentación, aunque ya esta mañana quedó claro que era el más chico. Le sopló Emiliano Osornio dos o tres verónicas muy profundas y con el cuerpo encajado como un lapicero en el sacapuntas. El toreo bien hecho es de una belleza que hasta un ciego puede digerir. Tras el remate, empezó a huir. Costó liarlo en el caballo y se llevó un puyazo muy duro. No por la violencia del picador sino por unas puyas destructivas. Ayer ya lo advertimos con algún toro de Mayalde, se desangran al roce. Deberían darle una vuelta. Puso las cosas en chino a los banderilleros, que hubieron de solventar la papeleta al hilo de chiqueros. El novillero mejicano pidió permiso y lo fue probando en el tercio. Aguantó miradas y salvó algún arreón hacia el pecho con la figura inmaculada. El toro era muy complejo, manso, pero exigente. Osornio estuvo tremendo con él. Hasta consiguió robarle naturales y derechazos de enorme mérito. Todo, bajo el denominador común del gusto y las buenas maneras. No fueron más de cinco tandas, pero se vio a un torero preparado para promocionar de escalafón y para barrerlos a todos, pero no con una vulgar escoba. Es torero de pincel. Lo mató perfecto y saludó una ovación con todo el peso de la ley.

El segundo fue un gran toro. Porque era un toro, con la edad de utrero, pero con el trapío y la seriedad que requiere Albacete. Con su cara por delante y cuajado de pitón a rabo. Ya de salida embistió con poderío y siempre humillado antes incluso de llegar al embroque. Se lució Nacho Torrejón a la verónica con mucha personalidad, aunque sin terminar de sacar las manos y llevarse el lance para encadenar el siguiente. De corte, si se quiere, más currista. La lidia se desarrolló con normalidad y llegó a la muleta pidiendo fiesta. Muy hábil estuvo el novillero toledano de Pantoja, que quiere torear bien y no sumar pases a la estadística, como hacen los mayores. El de Montealto, ‘Mechero’ de nombre, lo quería todo por abajo para entregarse de verdad. Torrejón fue capaz de estar a la altura de unas embestidas para sacar lo que se entrena de salón. Con alguna intermitencia, pero en un conjunto de calidad y pureza. Ligó algunos naturales con el pecho, moviendo con las yemas de los dedos el vuelo de la muleta para coser las embestidas. Otros más ‘espatarrao’ y buscando la longitud del viaje, que quizá llegaron más al que hoy le cayeron de regalo unas entradas. Cerró la faena con dos series de derechazos desmayando la figura y sin quitarle nunca la muleta de la cara. Una grata sorpresa de este torero, que ya nos gustó y mucho en el verano de Madrid. Por momentos, quizá toreó más para sí mismo y se olvidó de que había 4.000 personas en la plaza. Hay que saber torear también al público, sobre todo al de las novilladas, que suele agradecer esos gestos de complicidad que tanto le cuestan a los toreros tímidos y prudentes. Lo mató al encuentro con una habilidad envidiable. Muleta abajo, muy suelta, para pararse justo cuando el toro se arrancó. Y ahí, el puñetazo. Hasta la bola en lo alto. Orejón de un novillo que era de dos rotundas.

En tercer lugar, un tío que no podía llevar otro nombre que no fuera ‘Farruquito’. Alto, montado, estrechito de sienes y con los pitones así como del color del caramelo. Castaño requemao, como un carajillo. No bajó la cabeza hasta que se murió, pero tampoco dejó de moverse. Mostró con él Álvaro Serrano que está también listo para dar el salto al primer equipo, antes de matar el 10 de octubre seis novillos en solitario en Las Ventas. Demostró para empezar que tiene un amplio repertorio de suertes con el capote. Una larga de rodillas seguidas por un farol y varios lances a pies juntos que no tuvieron el premio de la continuidad porque el toro se distrajo. Se fue hasta él Serrano y lo paró con autoridad, coronado todo por una media verónica de antología. Esos pequeños detalles que ya no se valoran casi en ninguna plaza, pero que son puro lujo. Llegó a la muleta sin cambiar el comportamiento, con muchos pies, pero sin demasiado estilo. Brindó al público la faena y arrancó con varios ayudados por alto con torería. Alternó molinetes y pases de la firma, todos muy limpios y ejecutados con todo el cuerpo. Hasta los meñiques de los pies tienen que torear. Toro para examinar la técnica de los jóvenes. Serrano sacó matrícula. Consiguió depurar el violento cabezazo que daba siempre el toro a mitad de muletazo. Era además muy pegajoso y no terminaba nunca de irse del viaje. Todo eso, con paciencia y sin perder nunca el sentido estético, fue corregido por el matador de Navas del Rey, que brilló especialmente en los pases de pecho, a la hombrera contraria y con mucho sabor. Amenizó la obra ‘Churumbelerías’ y cuatro gotas que empezaron a caer con temple. Sebastián Cortés las iba contando: «tres, cuatro, cinco…». Le dije que el toro no era precisamente cómodo y me dijo «claro, si fuera cómodo sería un sofá». Pese a ello, Álvaro Serrano lo debió hacer pasar por bueno, porque algunos aplaudieron más al toro en el arrastre que al propio matador, que dio una vuelta al ruedo tras una petición muy ligera. Lo mató con rotundidad, pero el de Montealto se aguantó la muerte y tardó en echarse.

La merienda, más larga que otros días, se impuso al soberbio recibo a la verónica de Emiliano Osornio con el cuarto novillo de la tarde, un colorado muy simplón de hechuras y con síntomas de flojera. Fueron cuatro capotazos y una media de ensueño. Dicen del torero de Toluca que es el que más recuerda al Morante novillero y no solo por el talento y la inspiración sino por la regularidad en la excelencia. Tan es así que ha recogido incluso el testigo de la mala fortuna que ha acompañado siempre al de La Puebla. No le embiste un maldito novillo a Emiliano Osornio. Además, para mayor gafe, en todas las novilladas en las que se anuncian saltan toros de máxima categoría. Jamás le ha tocado uno a él. Se puso ya sosote el Montealto en el caballo, muy tramposo, yéndose a la grupa y a punto de descabalgar a Aitor Sánchez, que mostró grandes dotes como jinete, aguantando sin la vara a pura espuela. Brindó al público Osornio y tuvo que bregar para, muy al final, acabar robándole un par de tandas sufridas, luchadas y con enorme sabor. El toro se movió sin entrega y desentiéndose de todo. Aún así, porfió el azteca, que hizo que alguno mirara al tendido, pero sin dejar las viandas. Lo cerró para matar con un valor, una imaginación y una torería que evocó imágenes de grabados antiguos. Remató ese prólogo con la estocada, que fue perfecta, pero el toro volvió a evidenciar la dureza de estos toros de Montealto que habitan en las faldas de la sierra de Guadarrama. Aguantó varios minutos hasta que dobló.

El quinto era el más grandón del conjunto, único que rebasaba la media tonelada. Hondo y cuajado, se movió con potencia en los capotes. Nacho Torrejón volvió a manejarlo con mucha soltura y cierto gusto. Tiene valor y lo quiere usar para hacer el toreo y no el saltimbanqui. Ya se atisbó que el animal no iba a ser como el sofá del maestro Cortés, pero tampoco la cama de un faquir. Novillo para triunfar. Gran tercio de banderillas de Basilio Mansilla, un profesional reconocido siempre por su precisión. Saludó una ovación de bandera. Brindó Torrejón la faena al empresario Manuel Amador, que es un gran promotor de novilleros y uno de los grandes adalides de la cantera. Estuvo bien el toledano con el utrero y se sobrepuso al viento y a unas embestidas no excesivamente uniformes y a veces bruscas. Lo fue liando con habilidad y la gente premió la disposición. Con la espada, un cañón. Otro estoconazo al encuentro que, vaya tarde, no fue letal. Se volvió a tragar la muerte el pupilo de Agustín. ¡Qué duros y bravos son estos Montealto! Oreja y primera puerta grande de la feria.

Cerró la tarde otro toro serio, bien armado y de buena proporción. Galopó de salida y le permitió a Álvaro Serrano demostrar que progresa adecuadamente en los fundamentos básicos de la lidia. En el caballo le dieron mucho y mal, horrible puyazo. Brindó la faena a Jesús Moreno, torero manchego de El Pontarrón, que lleva varios años buscando suerte en Navas del Rey, localidad natal de Serrano. Tuvo que hacer un esfuerzo el madrileño para someter al novillo, brusco y cambiante. Tan pronto se deslizaba por abajo que echaba el freno y buscaba el vientre del humano. Tragó quina el matador y acabó haciéndolo embestir. Quizá lo paso algo de faena y luego se le complicó la cosa para matarlo. Tarde muy solvente de Álvaro Serrano, que también está mirado por un tuerto en esta temporada, con varios percances muy duros que le han hecho estar parado más de la mitad del curso.

FICHA DEL FESTEJO
Miércoles 9 de septiembre de 2026. Albacete. 2ª de la feria de la Virgen de Los Llanos. Media plaza. Novillos de Montealto, de excelente presentación y bravos, aunque exigentes, salvo 1º y 4º, muy sosos. Destacó el excelente 2º.

Emiliano Osornio: ovación y silencio.
Nacho Torrejón: oreja y oreja.
Álvaro Serrano: vuelta al ruedo y silencio.

FOTOS | Las mejores imágenes de la tarde de Osornio, Torrejón y Serrano en Albacete

FOTOS | El ambiente en los tendidos en la primera novillada de la Feria Taurina de Albacete 2026

/Fotos: Nestor Robayna/

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Julio Martínez Romero

Julio Martínez Romero (1995). Periodista, director de El Toril de Onda Madrid y editorialista en Buenos Días Madrid. Antes, en esta casa, redactor en El Enfoque, junto a Félix Madero. Se inició en Cadena COPE, primero en información local (Albacete), y posteriormente en la redacción nacional, como editor de informativos, colaborador en toros y redactor en programas magazine. Pasó también por la sección de Economía de Servimedia.
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