ASÍ SUENA | A la ciudad ha llegado el circo

Artículo de opinión de Humberto del Horno

(( A la ciudad ha llegado el circo con artistas aéreos, tragasables y un mimo. Hay un león viejo y cansado, se pasa el día durmiendo tendido junto al mago      Un día en la vida – Sidonie ))

Imaginen a la matriarca de una familia con su familia entera, y que siendo ella la que manda, decide que, como hay Dios, los domingos se han de reunir todos para comer a las dos en punto. Sin fallo. Y decide que los móviles no son bienvenidos a la mesa y que entre que se empieza con los entrantes y se termina con la tarta de moras que hace la abuela, en esa santa casa no se habla de política, porque no toca. Se habla del examen del pequeño, del viaje del mayor, de la enfermedad del abuelo o de la reforma de la cocina. Pero no, de política nacional no. No en esta casa.

Imaginen, por imaginar, que el primo rebelde, a sabiendas de la prohibición establecida por obra y gracia del poder ostentado por la matriarca, decide que cada domingo se va a hablar de política porque sí. Y por qué no. Que la política afecta a todos y cada uno de los que se sientan en esa mesa, y que todos esos comensales tienen derecho a saber su bendita opinión al respecto del tema que venga a cuento cada domingo.

Imaginen, a más, que la liturgia de sacar el pie del tiesto se repite todas las semanas. Es así como sucesivamente el primo que siempre va a la contra no para de abrir melones políticos contradiciendo la prohibición expresa de la que manda.

Y así, sistemáticamente cada domingo, al primo se le echa de la mesa y se ve obligado a terminar de comer en el trastero y quedarse sin postre. No le tengan pena, es la excusa perfecta para el lunes llegar al colegio dando pena. «Me tienen manía. Yo solo quería hablarles de lo que de verdad les interesa».

Imaginen ahora que esa casa es el Parlamento de Castilla-La Mancha, que esa familia son sus 33 diputados y que esa matriarca es la mayoría socialista en la Mesa de las Cortes con Pablo Bellido, el presidente de la Cámara, a la cabeza. Son ellos los que deciden de qué se habla y de qué no se habla. En esta comparación, el colegio donde el primo irá a llorar tendrá que ser, qué remedio, una sala de prensa.

La prohibición en este supuesto y para que encaje en la metáfora recae en la negativa de la matriarca a hablar de asuntos políticos de calado nacional en la sede de la soberanía de Castilla-La Mancha. Se habla de las empresas creadas en la región, de la gestión del agua, de nuestra agricultura, de nuestra ganadería. Pero no, de política nacional no. No en esta casa.

El primo rebelde, claro está, es el PP. Cómo le gusta una prohibición para intentar saltársela, y allá que va. Hablará de política nacional porque así le conviene. Y cada vez que le echen de la mesa, ya se sabe el camino al trastero, ya es consciente de que no comerá tarta de moras. Y ya se frota las manos, porque ese teatrillo será el preludio de un lunes dando pena penita pena allá por donde vaya, con lo que eso le gusta.

Esto es lo que ocurrió el pasado jueves en el pleno de las Cortes de Castilla-La Mancha cuando la diputada del PP Itziar Asenjo se empeñó en que, en pleno debate sobre los recursos hídricos de la región, tocaba hablar de Ceuta. Todo ello, a pesar de que la matriarca, incluso, ya había permitido ese desliz instantes antes, concediendo quince minutos de un asunto que no tocaba. Tras tres llamadas al orden por parte de la Presidencia de la Cámara, la parlamentaria fue expulsada.

Y esto es lo que va a ocurrir sistemáticamente en los pocos meses que le restan a esta legislatura en nuestra región. Acostúmbrense a este guion: el PP propondrá debates nacionales para debatirlos en las Cortes; la mayoría socialista en la Mesa los rechazará por no ajustarse a la regla que ella misma dictó hace tres años; el PP intentará igualmente hablar del asunto durante el pleno; el PP acabará expulsado, sin postre y llorando en rueda de prensa.

Todo es debatible. Desde el miedo del PSOE regional a hablar de asuntos nacionales que, en cualquier caso, también afectan a Castilla-La Mancha; hasta la estrategia política del PP de montar un circo por si acaso así se araña algún voto.

En este caso, y sirva para abrochar, tengan en cuenta una cosa: ni al primo rebelde le interesa hablar de política en la mesa ni al PP hablar de política nacional en las Cortes. Lo que de verdad les gusta a los dos es su habitual visita a la llorería del día siguiente.

Humberto del Horno

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