La feria de Albacete ha empezado esta semana con disciplina espartana. Un lunes. Y a los toros, el martes. Con algunas novedades en la plaza, que sigue tan guapa como siempre, salvo esos focos con luces LED, muy ecosostenibles, seguro, pero horribles y tan dolorosos como mirar a un eclipse con las gafas 3D que daban en el cine. El sitio de los ganaderos, que en Manizales llaman zafarrancho, lo han colocado justo en el burladero de matadores. Así quizá los toreros se guarden un poco antes de echarle al toro las culpas de todo, incluso de su preocupante falta de talento. Hoy lo inauguró don Rafael Finat, Conde de Mayalde, con una corrida tan grande como dispar de presentación. No fue la gran corrida que podríamos esperar, pero sí echó varios toros para haber preparado una ración generosa de oreja. Román y Molina se fueron sin matar. Ismael Martín, debut y de momento despedida, se fue sin torear. Y los toros, al desolladero, arrastrados por las mulillas del centro ecuestre Olipar, de Utiel. Han cambiado el tiro de mulillas y esto es noticia.
Dicen que para el que había antes tenían que contratar un tiro adicional para sacarlos a ellos de la plaza. Alguno incluso se quedaba frito, pero son rumores de las múltiples viejas del visillo que pululan por el callejón. El caso es que en Albacete, tierra de caballos, las mulas vienen de Utiel. Que sea para bien.

Recién aterrizado de México, Román llegó a Albacete, esta vez sin tener que hacer uso de radiales. Es uno de los toreros que más simpático cae del escalafón, también en Hispanoamérica -en Colombia ha fichado apoderado y amor-. Algunos dicen que es por la sonrisa eterna y porque es muy gracioso en redes sociales. Hasta le brindaba toros a Ábalos cuando solo Koldo sabía lo que hacía después de las corridas. En cualquier caso, Román me cae bien porque es el matador más honesto de cuantos hay y el más generoso con los animales con muchísima diferencia sobre el segundo, que no sé quién es. Su lote para volver a Albacete, tierra en la que vivió durante dos años, en una casa en medio de la nada en Los Chospes, fue una aventura.

Para empezar, un Mayalde de 644 kilos que iba a cumplir cinco años este mes, pero los toros no soplan velas. Los toros embisten. Y esto de Mayalde, cuando lo hace, emociona. ‘Marchante’ tenía un trapío y un ritmo sensacional. Lo lució ya de salida y Román estuvo hábil para ir centrándolo y que no se escapara hacia los terrenos de sol. No hacia toriles sino hacia los terrenos entre el 8 y el 9, que es por donde bajaron en la desencajonada. Qué cosas las querencias. Dejó Román un buen quite a la verónica tras el puyazo de Chocolate y brindó al público para quedarse de rodillas en los medios. Supo aprovechar el galope del toro, muy boyante, y cuajó una faena muy técnica y jaleada por el público. Ver a un toro tan serio arrancarse desde lejos hacia un torero entregado es una belleza.

La cosa mejoró en los muletazos al natural, largos y rematados abajo. El animal duró lo justo y fue más emotivo por la inercia que por la calidad en su embestida, protestada y fatigosa ya a partir del tercer muletazo. Cortó justo a tiempo y trató de matarlo recibiendo. Falló en varios intentos y perdió una oreja que hubieran pedido con fuerza. Algunos aficionados vieron al toro bastante mejor de lo que fue.

José Fernando Molina volvía a la feria de Albacete y un año más lo hacía mermado físicamente con una cornada reciente en el gemelo derecho. Los toreros no son de poner excusas y el público no tiene por qué saberlo, pero ahí queda el detalle. Ha tenido además el gesto de sacrificar dos corridas de toros para poder llegar a Albacete con ciertas garantías. Saludó en primer lugar a un toro muy ofensivo de pitones, aunque muy escurrido y por debajo del nivel de la plaza, pese a que cumplió cinco años al mes pasado. Se lastimó en el capote y la presidencia lo devolvió. Salió un sobrero del mismo hierro muy simplón. Un toro que no decía nada y que se comportó tal y como era, con vulgaridad y sin entregarse. Mentiroso unas veces y cobarde, otras. Se llevó por delante al torero en un quite por tafalleras con muchísima violencia, pero sin consecuencias aparentes. En el rostro del torero se apreciaba la responsabilidad y lo que impone para un manchego torear en su plaza. Hasta las trancas. Lo intentó todo, pero fue en vano. Lo mató con habilidad.

El tercero era otro tío. Muy serio por delante, pero con hechuras armónicas y con pinta de bravo. Y bravo fue. Tuvo ritmo, celo y obediencia. Le tocó a Ismael Martín, que formó un lío con el capote y con las banderillas, pero ya. No estuvo cómodo con la muleta y desperdició un puñado de embestidas para inflarse a torear. Hubo más enganchones que muletazos limpios. Un toro para matadores con un concepto vasto. Ismael Martín estuvo basto. Se fue al desolladero con las orejas puestas, pese a que hubo una ligera petición tras una estocada formidable.

Después de escalar un 8.000 en primer turno, Román se las vio con una loma mientras la gente merendaba. 158 kilos de diferencia entre uno y otro toro, evidencia de que la corrida no era para Albacete. La ropa vieja de Mayalde. Se movió con alegría y de manera uniforme desde que salió. Eso le permitió al matador valenciano lucirse a la verónica. Siempre que llegaba a los capotes iba abriéndose poco a poco para llegar con la cara ligeramente volcada. Eso que ahora llaman colocarla. El típico toro del que esperas que luego sirva en la muleta. Y sirvió, aunque lo tenía todo guardado. Brindó la faena a unos vecinos de Los Chospes, localidad en la que, como ya citamos, vivió Román durante un tiempo. Dicen que cuando tratas bien a los toros, acaban siendo agradecidos y lo poco o mucho que llevan dentro te lo dan. Este tenía en el depósito buen son, ritmo y calidad de esa que viene reducida, para paladearla. Consiguió acoplarse a ella, otra vez al natural. Citando al toro solo con los vuelos y tratando de redondear los muletazos, no siempre con éxito. Al final convenció al toro y metió al público en la faena. Hasta se pegó un arrimón, algo poco habitual en este torero. Tenía la oreja agarrada, pero volvió a nublarse con la espada.

En quinto lugar salió otro animal de bellísima estampa y con los cinco años recién cumplidos. Chorreado, grandón y con toda la seriedad por delante. Salió decidido Molina, que dejó varios lances a la verónica muy encajado y con mucha pureza. Fue bravo el toro en el caballo, pero no terminamos de gozar de su raza por ese cortoplacismo que gobierna este mundo. Después de pedir el cambio de tercio, entonces quiso ponerlo otra vez. Acabó yendo al relance. Brilló con los palos José María Arenas en dos pares magistrales. Gran ovación para el torero de Munera. Brindó Molina al público y arrancó de rodillas sacándose al toro por la espalda.

El cinqueño quería embestir, pero tampoco tenía el fondo físico de Catali. Supo Molina administrar el carburante, pese a que a veces, fruto de la ambición y la necesidad de triunfo, se aceleró. La banda de música no estuvo generosa con un torero de la tierra, pero la gente sí acabó arropando al torero, que consiguió reducir la embestida y cuajar varios naturales y una tanda con la derecha a cámara lenta. Le funcionó la cabeza a Molina, que demostró que maneja la técnica en beneficio propio. Después del toreo fundamental recurrió a un arrimón de infarto que asustó incluso al toro. Una faena que debe servirle al torero después de una temporada con altibajos. Este Molina, convencido y concentrado, tiene el techo muy alto. El único pero, la espada. Perdió una oreja de ley.

El sexto, ‘Atrevido’ de nombre, como aquel blanco de Osborne que puso a Antoñete en la historia. Serio, estrecho de sienes, acucharado y con unas proporciones como salidas de un taller renacentista. Un toro precioso y que no dejó de galopar desde que salió, entre las ovaciones de unos tendidos que, en Albacete, siguen valorando al toro en su integridad y no como mera comparsa. Para eso ya llegará el fin de semana y los invasores, que en feria vienen con las figuras. No traen bragas de Adodas ni naranjas de Gandía; traen copa, puro y gafas polarizadas. Volvió a dar un recital el torero suizo con las banderillas. Suizo, sí. Nació en Zurich, aunque luego aprendió a poner banderillas en Salamanca. Después, tras el brindis a su compañero Molina, volvió a demostrar que con la muleta todavía tiene camino por recorrer. No es que tuviera delante un toro fácil, pero tampoco resolvió las complicaciones que presentó el Mayalde. Muchas tandas y poca sustancia. Lo mató de una estocada entera de espectacular ejecución, aunque muy tendida de colocación.
FICHA DEL FESTEJO
Martes 8 de septiembre de 2026. Albacete. 1ª de la feria de la Virgen de Los Llanos. Dos tercios de entrada. Toros de Conde de Mayalde, muy desiguales de presentacion y de juego variado. Destacó el 3º, muy completo, y el 5º, noble y agradecido.
Román: ovación y silencio.
José Fernando Molina: palmas y ovación.
Ismael Martín: ovación y silencio.
/Fotos: Nestor Robayna/




































































































